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Carmen Fernández-Daza: «Soy feminista, progresista, no me ha importado lo que piensen de mí y he procurado ser una mujer libre»

Lunes, 03 de Abril de 2017

La luz de Almendralejo se cuela por las vidrieras mientras las escaleras se abren imponentes a este paraíso de cuadros del XVII, flores frescas, manteles primorosos, biblioteca extraordinaria, cobijo del pensamiento liberal. El claustro, la azulejería, el suelo, las columnas poderosas... todo es bello en este lugar donde se crió Carmen Fernández-Daza, escritora, ensayista, miembro de la Real Academia de Extremadura, directora del Centro Universitario Santa Ana... Cuando sales de la casa de la marquesa de la Encomienda ya no habrá día que no pienses en volver

-Mariano Fernández-Daza y Fernández de Córdova, IX Marqués de la Encomienda, era su padre. ¿Podría hablar de él?

-Sí. Estaría toda la vida hablando de él. Es, sin duda alguna, desde la perspectiva que dan mis 50 años, el hombre de mi vida. Solo tengo palabras de emoción, de amor profundo y de gratitud inmensa porque fue, es aún hoy para mí, un ser humano excepcional. Un hombre tierno en lo privado, absolutamente amante de sus hijas, y con un corazón y una generosidad que no tiene parangón. Entregaba todo a los demás sin dejarse notar.

 

-Y detrás de un hombre, una gran mujer, su madre. Defínala...

-En una reducción, quizás un poco exagerada, mi padre venía a ser un gran Quijote, completamente hispano, y mi madre era, es porque sigue siendo muy hermosa, ese hermosísimo Sancho Panza: la tierra, la realidad, a veces el sentido común, y sobre todo la persona que siempre estuvo detrás de mi padre, un pilar importantísimo en su vida, sosteniendo proyectos, ideas que parecían unas veces revolucionarias, otras incomprendidas, porque fue un hombre adelantado a su tiempo.

 

-En la vida de cada uno la infancia es una estación que condiciona los pasos futuros. Por eso quisiera que me hablara de ese período mágico de su niñez...

-Fue una infancia muy feliz, una infancia de pueblo, de mi pueblo, Almendralejo, en mi colegio de pueblo, con los amigos de pueblo, con los olores de pueblo, en la alberca maravillosa que disfrutábamos en verano, rodeada de higuera, de olivo... Mis amigos siguen siendo aun esos niños de pueblo con los que disfrutaba de estudios, juegos... Mi infancia es el campo extremeño, los recuerdos en los oídos de un grupo de personas que vivían también en casa, procedentes de Campanario; algunos de ellos no sabían leer ni escribir, pero fueron un pozo de sabiduría infinita, de alegría, de entrega, y ellos también son parte de mi familia.

 

-Usted nació en Madrid, pero dice que aprendió a hablar, a leer y a escribir en Extremadura...

-Así es. Nací en Madrid porque mi padre era diputado en Cortes y mi madre se marchó con él. Pero a los diez días llegué a esta casa. Creo que uno también es del lugar donde escucha con consciencia las primeras palabras, se lanza a escribirlas y empieza a conocer, mediante la experiencia y el aprendizaje intelectual. Y por supuesto eso me hace ser extremeña cien por cien. Ese es el lazo vigoroso que me une a Extremadura.

 

-¿Qué es a su juicio un apellido?

-La pertenencia a un hilo familiar. No es más que eso. El apellido es un mero significante, un vocativo. No es carta de presentación. Para mí los hombres y las mujeres lo son individualmente. Son sobre todo su corazón, más que su cabeza.

 

-Decía Agatha Christie que la mayoría de la gente se preocupa de qué dirá el vecino, pero los vagabundos y los aristócratas, no...

-Desconocía esa magnífica frase que ha traído a colación, aunque conozco a muchos aristócratas muy preocupados por lo que de ellos dicen. Fíjese el pobre hidalgo del Lazarillo de Tormes. La tiranía de la honra, mal español, recorre nuestra literatura. Gentes condenadas a las apariencias, a lo que el otro piensa de ti. De modo que saber vivir sin que ello te preocupe es la receta más saludable para ser feliz, sin hacer daño a nadie, pero importándote muy poco lo que puedan pensar de ti. Si no, nunca puedes ser libre.

 

-Así que es una mujer libre...

-He procurado serlo. Bien es verdad que mis padres ayudaron mucho en eso. Porque había normas pero no imposición. He procurado contribuir a la felicidad de los que estaban en mi entorno para, no sé si egoístamente, conseguir también la mía. Si no puedes hacer feliz a quien tienes a tu lado, es mejor no estar.

 

-Por eso para ser una mujer libre es fundamental la educación, en estos tiempos en los que tanto se habla de violencia de género...

-Soy una feminista convencida. Afortunadamente las mujeres de mi generación pudimos acceder a la universidad en igualdad de condiciones, pero no es menos verdad que la discriminación de género existía. Aún recuerdo la humillación a la que sometía a sus alumnas un catedrático, con frases como «la mujer puede sacar un 5 y los caballeros de esta clase podrán acceder a un sobresaliente». Efectivamente, la educación es fundamental, no solo la educación intelectual sino una educación mucho más profunda, ideológica, que se cimenta en unos criterios inamovibles y que han de arrancar de la infancia. En eso tuve suerte porque mi padre fue un modelo, ¡una persona nacida en 1925 que fue capaz de esa gran modernidad de pensamiento! Existió un tiempo en el que hubo que pelear por el voto femenino. Ahora hay que pelear por la paridad. Y luego respecto a la violencia de género, tolerancia cero. Hay que reforzar las leyes y sobre todo ayudar eficazmente a muchas mujeres que sienten vivir en un círculo del que creen que es imposible salir, por miedo. Nadie puede mirar a otro lado. Hay que decirles que se puede, y que estar solas, sin carcelero, es maravilloso. Me produce un dolor inabarcable ver cómo se nos asesina por razón de dominio, de egoísmo, al que algunos llaman locura para minimizar la gravedad de los crímenes.

 

-Su padre fue un hombre avanzado y usted una mujer independiente y feminista. ¿Eso significa que usted es progresista?

-Ojalá fuera así. Significaría que tengo ideas y actitudes avanzadas. Quizá choque ese concepto a mí aplicado, si ahora usted mira esta casa, aristocrática, con sus libros y cuadros antiguos. Es una evolución de los grandes liberales del XIX, de los que me precio de tener un poso o una huella. Y esta actitud de progresía se la debo a mi padre, a su libertad de dejar pensar a los demás, de que cada uno nos fuésemos definiendo. Los seres humanos estamos llenos de contrastes. Emocionalmente puede atarte la historia, la tradición, el rito, la costumbre, y eso es hermosísimo, pero el pensamiento es libre y hay que dejarlo fluir.

 

-Claro, porque viendo la aparición de nuevos partidos o la evolución de los partidos tradicionales de este país y viéndola a usted uno se da cuenta que es posible ser progresista sin perder las buenas maneras...

-Muchas gracias. No tiene nada que ver el ser educado, la riqueza de vocabulario, la defensa de la libertad, o ser empresario, con ser conservador o progresista. Y precisamente lo que me entristece de la política actual es la falta de educación, el que es todo muy zafio y muy pobre. Hemos pasado de ver cómo nos llamaban ciudadanos a que ahora seamos ‘la gente’. Hay partidos que han surgido de movimientos ciudadanos. Y bueno, revoluciones en España ha habido tantas, algunas tan olvidadas. Recuerdo ahora la de 1854, en Madrid, contra Isabel II; y España ha sido un país en el que las revoluciones callejeras y el pueblo siempre han tenido mucha voz, más de la que creemos y han originado que sus gobernantes espabilaran. Lo que sí me apena es la vulgaridad que se ha instalado en la representación del pueblo.

 

-¿Entonces cree que las ideas del neoliberalismo y la socialdemocracia se han perturbado?

-El neoliberalismo y la socialdemocracia se habían acomodado, adormecido. Los nuevos partidos que se han introducido, algunos con ideas muy antiguas, muy arcaicas, si se me permite, lo que vienen es a despertar a estas dos tendencias.

 

-Defina la maternidad...

-Inigualable. Soy una madre bastante tardía, de un único hijo. Es fascinante. Aprendo tanto...

 

-¿Quién debe heredar un título?

-El primogénito, no importa el sexo. Para mí es la norma no solo para un título nobiliario sino también para la sucesión en la Corona. Es impensable, indignante, que haya de heredarlo por ser varón el segundo o tercer hijo.

 

-Este mes se han cumplido los mil días del reinado de Felipe VI. ¿Qué opina de la monarquía?

-En el siglo XIX Allende Salazar decía que no era republicano, sin que por ello le asustara la República. Apuntaba que de haber nacido en Estados Unidos sería republicano de corazón, pero habiendo nacido en España, la monarquía estaba en su código histórico. Algo así ocurre en mí, soy monárquica, si bien no fervorosa. Hasta ahora he creído en una monarquía constitucional, muy asentada en aquel antiguo principio «nos que somos tanto como vos y todos juntos más que vos, os hacemos rey», que era lo que el pueblo aragonés decía a sus reyes. De modo que teniendo eso absolutamente seguro, confieso que la monarquía parlamentaria me complace como sistema. Claro está que a todos los que ejercen un cargo de responsabilidad no se les puede consentir un desliz. Porque no solo nos representan como jefes de Estado sino que hay niños, jóvenes, adolescentes que están fijándose en una institución.

 

-Los doctores Toca y Somolinos embalsamaron a la pequeña Carolina, que estuvo depositada en el armario de una iglesia de Madrid hasta mucho después de la muerte de Carolina Coronado; por ello hizo lo mismo con su marido, que permaneció sin enterrar en la capilla del palacio de la Mitra, en Lisboa. Es fascinante...

-Efectivamente Carolina Coronado fue una mujer fascinante. En su larguísima trayectoria vital hay detalles tan románticos como el que usted está relatando, es decir, el ser capaz de conseguir por el terror que tenía a ver morir a sus seres queridos o a que se les enterrara vivos, por su antiguo trastorno de sufrir catalepsia. Es verdad que embalsamó a su hija y la depositó a la egipcia en aquella iglesia y que hizo lo mismo con su marido. Es una paisana nuestra sorprendente en todas sus facetas literarias o en su apasionante actividad periodística.

 

-Y además de investigar en la vida y obra de Carolina Coronado usted es autora de ‘Epistolario secreto’, donde descubrió su faceta literaria más íntima y rescató el sentimiento femenino de otras mujeres que vivieron en otro tiempo y que fueron el reflejo de lo que los hombres quisieron hacer o decir de ellas...

-Dentro de los géneros literarios, mi predilección por el epistolar arranca desde mi juventud. Desde el principio sabía que mi epistolario era una obra absurda en el sentido de que es un género que nadie lee, que era una autoedición y que además me volvía a un pasado grecolatino que a nadie interesa. Pero lo hice. Y le contesté a Propercio o a Catulio para defender así el papel de las mujeres.

 

-Ahora quiere que el Centro Santa Ana, adscrito a la Uex y que usted dirige, imparta Periodismo, la petición la registró el 10 de febrero. ¿Es una cruzada en defensa de Almendralejo?

-No. Somos un centro universitario con un equipo muy importante de profesionales y desde 2015 realizamos estudios encaminados a implantar tres titulaciones, Periodismo entre ellas. Somos un centro privado, y por tanto una empresa de carácter social que pretende dar respuesta a muchos estudiantes que se tienen que marchar fuera de Extremadura para realizar estos estudios, dar respuesta a unos profesionales extraordinariamente formados que trabajan en los medios de comunicación para que nuestra casa fuese suya en ese sueño de que terminaran colegiándose, realizar cursos o másteres... Además había una demanda de alumnos no extremeños a los que también podríamos dar satisfacción.

 

-Usted quiere aportar 200.000 euros para ponerlo en marcha y contratar a 15 docentes...

-Los 15 contratos serían para los primeros cursos, no para el total de la titulación, que serían más. Comprenderá que el centro cuenta además con un numeroso claustro. Las aulas existen, están perfectamente, de modo que ese dinero era para invertir en los dos primeros cursos para la dotación de equipos informáticos y un estudio de radio. Era poner a punto esos edificios, pero la inversión sería mayor. Nuestra intención era crear empleo y aportar riqueza a esta región. Y lo que es increíble y triste es ver la cantidad de currículums que han llegado desde que esto sale en prensa y una siente la frustración de que es un juego que no se ha dado entre iguales.

 

-Claro, porque ahora la Facultad de Comunicación de Badajoz, con el apoyo de la Uex, ha logrado quedarse con el grado. O sea, no la apoyan...

-Es obvio que el apoyo ha sido nulo, pero que no apelen, como han hecho, al sentido común para negarnos el Grado. Es un criterio subjetivo, y poco riguroso. ¿Hay sentido común en proclamar como un éxito que implantar el título en Badajoz tendrá coste 0? ¿Y la calidad en Periodismo? ¿No cuenta? Añadir que ya se buscarán soluciones ante la falta de espacio físico ¿Es sentido común? Ambas razones bastarían para desestimar la propuesta de Badajoz. Claro que todo ello es consecuencia lógica de lo acaecido: el 24 de febrero, con una memoria de cuatro folios nada más, de manera precipitada, cuando se supo que el campus de Almendralejo había solicitado la titulación once días antes, el día 13, la Facultad de Documentación presentó su solicitud, sin incluso haberse aprobado el acta de la Junta de Facultad, celebrada también el mismo 24, donde se tomó el acuerdo y luego la Comisión de Planificación modificó el orden del día, el 7 de marzo, en la propia reunión... Es lamentable. Todo ello produce frustración, desencanto, dolor, irritación. Nos sentimos engañados. Respeto muchísimo a la Universidad y a las instituciones de Extremadura pero esto da una sensación de nula planificación, de oportunismo, de falta de rigor.

 

-Y además, Plasencia y Cáceres también la querían. Un dislate...

-La titulación de Periodismo hay que cuidarla desde el principio. El código ético de la excelsa profesión poco tiene que ver con esto. Esto no.

 

-¿Pero me pregunto, si la Junta es la que paga la Universidad, qué le pide usted a la Junta?

-Es la Universidad la que tiene que autorizarnos, en primera instancia. Y sí, tal como usted dice, la Universidad, si desea implantar el Grado en Badajoz, debe presentar unos informes económicos rigurosos. De manera que la Junta tiene mucho que decir, porque depende de unos presupuestos en su caso, y en el nuestro conlleva la pérdida de puestos de trabajo, de riqueza añadida a nuestro entorno y de un proyecto universitario muy sólido.

 

-Hablemos ahora de política internacional ¿Qué opina de Donald Trump?

-Somos hipócritas. Miramos el muro de hormigón de Trump y no los de la vieja Europa: muros ideológicos con campos de refugiados, indignos, muros de insolidaridad y muros de peligrosos extremismos, para rechazar lo que nos viene de Oriente o del Sur.

 

-¿Y para terminar, cómo ve el gobierno extremeño actual?

-Está trabajando con mucha fuerza, pero sí le rogaría que potenciara que esta tierra no se despueble porque al final muchas veces te dan ganas de salir corriendo de ella cuando veo la ilusión y las esperanzas de muchos de mis compañeros venidas a menos. Espero que mejoren las expectativas de empleo, tan malas en esta tierra. Ya ve, a algunos, cuando intentamos colaborar nos ponen zancadillas.

Fuente: El Periódico Extremadura

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