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VENECIA

No sólo los metálicos caballos
Que encadilan al sol,
o la varada plaza de San Marcos
donde los acrecidos aguaceros
confunden a las góndolas
ni el puente de Rialto que conduce
al dédalo del agua oscurecida
y al verdín que maquilla
el añoso semblante de las piedras.

Venecia es algo más.
que esta armoniosa pátina de un sueño
el marmóreo festón
tras el que avistan ojos impacientes,
en la hora de la cita,
irigados encuentros en el café Florián
ante espejos que aguardan
la festiva riqueza de sus máscaras,
o el vaporetto que en el Adriático
satisface sus ínfulas viajeras
con el trajín pujante…

Toda Venecia es tiempo detenido,
pálpito apasionado que no desea morir
y ofrece a la mirada su viva majestad,
crepuscular visión
que hemos de mantener en la memoria
como la bella lágrima de una ardiente elegía.


GINGERS Y FRED


¿ Acaso no sentían envidia las palomas
cuando ascendiendo ingrávidos,
flexibles como juncos cimbreantes,
aleteaban parejos al compás
de la armoniosa música?

¿ y el rítmico repique de sus pies
No hacía majestuoso el equilibrio,
conjunción caudalosa del deslumbre
y el palpitante ensueño de sus giros?

Eran Ginger y Fred solozando el respiro,
Y también las palomas, su cálido reflejo.

Y era el latido joven de nuestra alegre sangre
Disfrutando el sonoro y armónico despliegue,
Perdurable en el tiempo de nuestra adolescencia.
+ Gingers Roger y Fred Astaire, bailarines en
películas de la época dorada.

AGOSTO EN EL SUR

Cómo jadea en la tarde
la palabra candente.

Afiebrado, el mercurio
Rebasa en su recinto
la delirante escala.

Algún rincón sombreado
de la calle
ofrece el espejismo
de una tregua.

Abrasador el aire
es el aliento
de una hoguera infernal.



NUNCA SABRÉ

Nunca sabré si mereció la pena construir mi mañana desde la soledad. Si fue preciso habitar sus abismos, la oquedad de las horas, tejer y destejer los deseos tardíos.
Nunca sabré si la casa tan blanca, tupida de geranios, siempre aguardó con las puertas abiertas; si unos versos de sal nacieron al bautismo de un mar sereno; si desde esta soledad se abrieron los caminos al mar de mis orillas, a la casa encalada, a tardes que dibujan las noches con sus lunas.
Nunca sabré si eran sueños cumplidos o era el destino: ofrendas con que a veces la vida nos sorprende, o final de un trayecto que recorrí a su tiempo.
Nunca sabré si mereció la pena.


UN DÍA MÁS


Un día más…
Esta quietud me ofrece el espacio
que el tiempo no quiso concederme:
la palabra posible, a tientas por mis labios;
los renglones desnudos de una historia que escribe
sus últimos capítulos, sus últimas batallas.
Un día más. Y la tarde se cierne
sobre los muros de una ciudad
que reposa el cansancio de prisas apiñadas
y voces de taberna.
Un día más a la sombra del árbol que me crece
como crece el silencio de la vida que late,
de la vida que aguarda más allá de las horas.
Un día más…


UN POEMA EN LA LLUVIA

Llueve…
Camino por las calles bajo tules de agua.
Mi cuerpo va desnudo. Nadie me mira.
Escucho la cadencia del suave tintineo
romper sobre el asfalto. Y sigo el rastro.
Dónde me llevará…
Pronto el cielo se aleja y oscurece mis ojos.
No me arredra la noche ni el pudor ni el cansancio.
Basta una gota que acaricie mi frente.
Pero nadie me mira. Mi cuerpo va desnudo
y nadie me pregunta. ¿Reirán esta locura?
Tal vez de mí se apiaden. Tal vez callen
y esperen mi regreso.
Saben que voy buscando un poema en la lluvia.

 

 

 

LA LEYENDA DEL AMOR HIELA EL NOGAL

con las primeras nieves.

Sólo el espacio inhabitado

graba visible los entornos del mundo.

Como una bóveda de tilos

la hojarasca ha cubierto de temblor los arraigos.

La leyenda del amor

umbría por mi piel una mota de espuma.

 

(De "Después de la noche", Calambur. Madrid, 2000)

 

Entre el rumor y la transparencia

está mi padre

abriéndome sus brazos.

Viene tiñendo el suelo

de par en par

como las alas de un refugio.

Alto de brumas

lo extraño y lo acaricio

y es cada vez más luz

ese perfíl de invierno.

Pasa, esta es tu casa

donde nunca nací.

Yo, el tercero de tus hijos,

en el vacío de tus manos.

¿Dónde la nieve, padre,

de esa seca lealtad

que hoy como tú me honra?

 

(De "Las orillas del agua". Calima Ediciones. Palma de Mallorca, 2003)

 


LO QUE DEJÓ LA LLUVIA

Hoy tiene el día cara de sueño,

el mundo no celebra nada

y la lluvia cae como una canción sin prisas.

Ne me quitte pas, dice Jacques Brel,

mientras en las calles clama el rumor de los niños

como una caricia intraducible.

Qué tiempo tendría que vivir

para que tú llegaras

al aire respondido de mi verso.

Cuántos otoños ha de velar esta inocencia

que tanto teme al miedo.

Todo sigue

en un secreto cabizbajo que oculta su desnudez

y recuerda la unidad venerada

de la alegría y la tristeza.

Todo para decir

que esta invención celebra el canto de un hombre

que ha pactado con su sombra

lo que dejó la lluvia.

 

(De "Lo que dejó la lluvia". Calambur. Madrid,  2014)

 

AHORA: MURUROA


(Atolones del Pacífico Sur,
víctima de los vertidos radiactivos franceses)

Éste es el séptimo día de la Creación.
El día en que Dios descansa
y el hombre,
ávidamente,
va
d
e
s
c
r
e
a
n
d
o

cuanto Dios creara.

Igual que una colmena enloquecida todo lo invade,
¡todo lo arrasa!
y a su paso va dejando olor a muerte
y en la tierra queda olor a puñalada.
Nadie se detiene a extender su mano
el hombre se saluda a dentelladas,
y en el mar...
(no escarmienta el ser humano)
verterá un cementerio de metralla.

¡Pobre Mar!
pobre yunque dolorido
que han hundido en sus aguas la guadaña.
Cuánto grito de pólvora en los corales fríos.
Cuánto llanto de peces sobre el rostro de las playas.

¡Pobre Tierra!
Pobre Tierra reseca y enfermiza,
por misiles nucleares amenazada.
¡Pobre Tierra!
Pobre Madre moribunda
que das teta radiactiva a tu camada.

¡Pobre Dios!
En vigilia noche y día.
Pobre Dios que no duerme ni descansa
contemplando
que la Obra de Sus Manos
En el séptimo día, el hombre arrasa.

Dame una lágrima, Señor, sólo una lágrima.
Nunca un acero.
Nunca una espada.
Una lágrima sincera
¡Una lágrima!
Porque el niño no olerá a limón florido;
Olerá el niño sólo a escombros y a chatarras
Y se pudrirán en la cuna de sus huesos los cánticos
de amor y de esperanza.

Pobre Niño
Pobre Mar
Pobre Tierra
Pobre Dios

¡Pobre NADA!

Qué vergüenza me da mirar al mundo,
Qué vergüenza me da llamarme humana.



(Del libro El silencio y la palabra.
Finalista del XIX Premio Mundial Fernando Rielo de Poesía Mística. Roma.1999
PRIMERA LINEA DEL SILENCIO)
(Diputación de Badajoz- Cultura y Publicaciones. 2003)

 

¿DÓNDE ESTÁ MI REALIDAD?

¿Dónde está mi realidad?
¿Dónde está la tuya?
¿En unas manos que tiemblan al tocarme
y resbalan música
por mis muslos abiertos?
¿En las vibraciones esclavizadas del órgano
que penetra hasta el éxtasis
con movimientos matemáticos?
¿En la sed salvaje de aniquilar lo bello?

Ahora que te escribo
quiero comprender y comprenderte.
Quiero que volvamos al sillón de la penumbra.
Al rincón de las caricias que mis pechos agitan.
A tus dientes ávidos que muerden mi oreja.
A mis manos impúdicas que desnudan tu sexo
con hambre de gozarte.

Ahora que te escribo,
quiero comprenderme y comprenderte.

Ven pronto amor, ven,
no te demores,
que el cáliz ya lo siento rebosado.

(Del libro Cuarenta días de Junio
Huerga&Fierro Editores. 2014)

 

INFANCIA EN DOLOR

A la niña bosnia de 5 años, con una pierna amputada
y a toda la infancia en dolor

Voy a llorar por ti,
por tu pierna amputada,
¡tanto!
Pequeña, niña rubia de ojos azules,
porque a ti ya no te queda llanto.

Voy a llorar por ti,
por el cansancio
que ya toda la vida
irá contigo
caminando,
pequeña, serena niña,
siempre lloraré por ti.
Por el dolor de tu muñón vendado;
por los ojos ciegos de este mundo;
por la sangre que mancha nuestras manos.
¡Señor!
¿Hasta cuándo, Señor?
¡Hasta cuándo!
Este cáliz derramado por la tierra
y esta frustración de madre
por la carne cabalgando.


¿Hasta cuándo, Señor?
¡Hasta cuándo!
los falos cargados con semen de muerte
preñarán la tierra
de dolor y espanto.

Voy a llorar por ti,
Pequeña, niña amada,
porque tu pierna nunca crecerá contigo
ni caminarán juntos tus zapatos.

Pequeña, amada niña.
Decididamente:
lloraré siempre por ti.
Decididamente:
seguiré siempre llorando.

Piedad González-Castell Zoydo
(Del libro El silencio y la palabra.
Finalista del XIX Premio Mundial Fernando Rielo de Poesía Mística. Roma.1999
LINEA CUARTA DEL PENTAGRAMA PARA EL DOLOR)
(Diputación de Badajoz- Cultura y Publicaciones. 2003)



TIERRA QUEMADA

Tierra quemada
qué mármoles tan fríos
…negras lágrimas

Cuánta tristeza
ya no quedan recuerdos
..tan solo llanto.

Ya no hay caminos
ni tan siquiera lunas
….solo hay espanto.

Si acaso hubiera
¡Ay! caricias dormidas
…besos de lumbre.

Duermen las horas
se nos escapa el sueño
Entre los dedos.
Lento silencio
no hay semillas de vida
…tampoco tiempo.

Nace la vida
entre tinieblas lentas
el sol se muere.

Solo habrá invierno
languidece la noche
tierra quemada.

Busqué el aire
y no encontré pájaros
entre las ramas.

Lágrimas negras
y  nace la tristeza
…tierra quemada.


MORIR EN MI PUEBLO

Quiero morir en mi  pueblo
ser flor de su camposanto,
Y ser coplilla de quintos
en la voz de los muchachos.
Quiero morir en mi pueblo
y que cante el campanario,
y que alguna beata amiga
me dedique algún rosario.
Quiero morir en mi pueblo
ser la luna en los tejados,
para acariciar su aliento
y tirar besos al campo.
Quiero morir en  mi pueblo
ser espiga en los trigales.
Soñar en mi eterna siesta
con el sol de media tarde.
Y me dormiré soñando
con las calles de mi pueblo,
viendo jugar a los niños
con caballitos del cielo.
Dejadme dormir, dejadme,
¡Ay¡ golondrinas del tiempo,
que estaré abrazado siempre
al corazón de mi pueblo.


ORILLAS DE LUZ

--Río Guadiana--

I

En medio de la mañana
estaba el río, agua rectilínea.
El río que hoy nos trae
un silencio largo, los recuerdos,
el aroma y la inocencia
de aquella infancia de violines rotos.

El rumor de dos orillas
que en la mañana se abrazan,
lentas en toda su desnudez.

Entonces, cuando niños,
“ es posible- dijimos, a la vez-
acariciar la luna con las manos.”

Hoy,  con mí voz desolada
te canto, río de la vida.


II

Al mediodía, arde el río,
en las aguas trae
su rebelde secreto,
una luminosidad que se derrama.

En aquel tiempo
de caminos con prisa,
de melancolía en rincones y veredas grises,
no supimos reírnos contigo,
ni enhebramos distancias
con azules ausencias.

III

El niño que ayer fui
llega con la tarde,
a perderse en la mirada
del río que ahora tiembla.
En la voz que en mí deja
la tarde,

hay recuerdos huérfanos de luz,
estampas con niebla de aquel tiempo.

¿A dónde voy, si estoy solo
con este amor que te tengo?.
¿Quién me guiara como tú lo hacías
Ofrendando la corriente de tus misterios?

IV

Ya me voy, río de mi juventud,
y de mi infancia,

a buscar la noche si me dejas,
a soñar con la luna de los días,
a observar el baile circular
de los relojes,

a descubrir guitarras rotas
bajo

el puente.

¿Cómo irme, sin lágrimas en mis ojos de nostalgia?
si la noche está hundida entre tus aguas.

Sin darme cuenta, el niño que ayer fui,
ha vuelto otra vez, con su traje de octubre,
a besar tus orillas de luz,
como antes.

CAOS

La noche está borracha de silencios,
de latidos de la sangre, y de imágenes
sin color. No estás. El silencio se bebe la fe;
la oscuridad, engulle  la miseria y sus palabras.
Cómo sofocar tanta impiedad
en la línea del deseo.

Una voz, apenas un susurro, naufraga
en la razón y la maldice. No hay nada
que contarle al tiempo. Se rompe el espejo
de las manos  en la orfandad de la caricia. 

Cómo saber que acallo soledades.

Llega el alba, ese tránsito de la luz que perdona
el llanto de la piel, desterrada y vacía de halagos.
Se despeja la niebla en estos versos de cristal
y pronuncio tu nombre sin quebrarlo.

Cómo armonizar  los gestos.

Habito en este bosque del deseo, como un dios
errante y desnudo. No quiero romper las huellas
de tu cuerpo, ese perfume capaz de  arrancar
las sílabas del hastío y devolverme a la calma.

Cómo unir los bordes de la tierra
con la esperanza de tenerte.

Existo en ti, me conmueve tu sonrisa
sin ignorar el  dolor que vomita verdades
y escruta, sin miedo, la cara más oculta de mi ser.
Duele este habitáculo donde te contemplo.

Cómo enamorar tu mirada
sin cambiar el colorde tus ojos.

La tierra, invadida de absurda estupidez,
vuelve al silencio. Un punto cero con sabor a cicuta.
Dios se asoma al caos. Todo está por hacer.
Eva sonríe. Después, vendrá el verbo con sus paraísos.

Cómo pedir una tregua
a los infiernos que me atan.




IMPRUDENCIAS

Qué leve el alma en esta jungla de seres voraces,
al sortear los huecos del abismo, que leve.
Sometida al devenir, crece bajo la incertidumbre
de no saberse.

Cuándo frenar esta prudencia inútil
que amordaza el instinto


No hay línea recta en este azar de la vida
que obliga a seguir errante. Un tránsito
donde el diálogo sabe a lluvia de otoño,
a soledad en el revés de las horas.

Dónde deletrear  la intuición de los espacios
en blanco.

Qué frágil el alma, qué leve su presencia,
cuando la carne reclama las vocales del verso
y las horas  levantan ídolos que controlan la risa
y la pregunta. Cuánto silencio en este paisaje
donde la vida es una dirección por definir.

Cómo descubrir la emoción
en la cara oculta de las cosas.




DESEOS

lLueve,  la gente corre y se agolpa en las calles
con la ceguera de quien teme un peligro. Llueve.
Los vehículos se parapetan tras los semáforos.
Una guerra de poder. El tambor del miedo suena
entre frenos y amortiguadores. Un paso de peatones
vomita gente. Hay un hambre insaciable de libertad
en los rostros anónimos que se cruzan. Llueve.

El olor a café invita a entrar en los garitos abiertos
de la avenida. Un aire familiar recorre la acera.
El griterío de los niños pone un punto de color
a la mañana. Llueve. Y en medio de esta mezcla
de sonidos y sabores, siento las notas
de un compás extraño; la canción de esta estrofa
de la lluvia. Llueve.

Me escapo entre las sombras de la calle,
multiplico los sueños en el chapoteo del asfalto.
Llueve. Y rompo la monotonía del silencio al mirar
este espacio que me devuelve el eco  del agua.
Llueve. No deseo  confundir el tiempo con la prisa,
ni la conciencia con el perdón, en la levedad
de estos versos que reflejan el otoño.

Pierdo el sentido de la ausencia encendida en la memoria
al  traducir el lenguaje de la lluvia. Doy gracias al aire
y a las voces que me empujan a leer esta sintaxis de la calle
y sus ruidos, este emigrar de la emoción que se afirma en el poema.
Llueve, llueve tanto que el agua entra por todos los rincones
del alma. Y no hay sangre sino ideas, que vienen y van,
emulando el giro de las aves atrapadas en el viento.


INTERROGANTES

Espero en medio de la duda
que el ritmo de los días no sea
un agujero por donde los sueños
escapen.

Qué hacer cuando no hay mensaje
y la angustia se levanta en el centro
del alma

Soporto la vida en el hilo invisible
de la espera. No hay palabras,
solo silencios que marcan la distancia
entre el infinito y las horas.

Qué decir cuando el ruido de la calle
lastra el azul de los recuerdos.

Puedo cerrar los ojos, pero no matar el mundo.
Hacer silencio, pero no huir disfrazando las palabras.
Por qué estos paraísos de cartón, por qué
esa gravedad de los momentos que hacen del instante
un vértice por definir..

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