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Escritos y poemas

Plácido Ramírez

Lunes, 09 de Mayo de 2016



TIERRA QUEMADA

Tierra quemada
qué mármoles tan fríos
…negras lágrimas

Cuánta tristeza
ya no quedan recuerdos
..tan solo llanto.

Ya no hay caminos
ni tan siquiera lunas
….solo hay espanto.

Si acaso hubiera
¡Ay! caricias dormidas
…besos de lumbre.

Duermen las horas
se nos escapa el sueño
Entre los dedos.
Lento silencio
no hay semillas de vida
…tampoco tiempo.

Nace la vida
entre tinieblas lentas
el sol se muere.

Solo habrá invierno
languidece la noche
tierra quemada.

Busqué el aire
y no encontré pájaros
entre las ramas.

Lágrimas negras
y  nace la tristeza
…tierra quemada.


MORIR EN MI PUEBLO

Quiero morir en mi  pueblo
ser flor de su camposanto,
Y ser coplilla de quintos
en la voz de los muchachos.
Quiero morir en mi pueblo
y que cante el campanario,
y que alguna beata amiga
me dedique algún rosario.
Quiero morir en mi pueblo
ser la luna en los tejados,
para acariciar su aliento
y tirar besos al campo.
Quiero morir en  mi pueblo
ser espiga en los trigales.
Soñar en mi eterna siesta
con el sol de media tarde.
Y me dormiré soñando
con las calles de mi pueblo,
viendo jugar a los niños
con caballitos del cielo.
Dejadme dormir, dejadme,
¡Ay¡ golondrinas del tiempo,
que estaré abrazado siempre
al corazón de mi pueblo.


ORILLAS DE LUZ

--Río Guadiana--

I

En medio de la mañana
estaba el río, agua rectilínea.
El río que hoy nos trae
un silencio largo, los recuerdos,
el aroma y la inocencia
de aquella infancia de violines rotos.

El rumor de dos orillas
que en la mañana se abrazan,
lentas en toda su desnudez.

Entonces, cuando niños,
“ es posible- dijimos, a la vez-
acariciar la luna con las manos.”

Hoy,  con mí voz desolada
te canto, río de la vida.


II

Al mediodía, arde el río,
en las aguas trae
su rebelde secreto,
una luminosidad que se derrama.

En aquel tiempo
de caminos con prisa,
de melancolía en rincones y veredas grises,
no supimos reírnos contigo,
ni enhebramos distancias
con azules ausencias.

III

El niño que ayer fui
llega con la tarde,
a perderse en la mirada
del río que ahora tiembla.
En la voz que en mí deja
la tarde,

hay recuerdos huérfanos de luz,
estampas con niebla de aquel tiempo.

¿A dónde voy, si estoy solo
con este amor que te tengo?.
¿Quién me guiara como tú lo hacías
Ofrendando la corriente de tus misterios?

IV

Ya me voy, río de mi juventud,
y de mi infancia,

a buscar la noche si me dejas,
a soñar con la luna de los días,
a observar el baile circular
de los relojes,

a descubrir guitarras rotas
bajo

el puente.

¿Cómo irme, sin lágrimas en mis ojos de nostalgia?
si la noche está hundida entre tus aguas.

Sin darme cuenta, el niño que ayer fui,
ha vuelto otra vez, con su traje de octubre,
a besar tus orillas de luz,
como antes.

Trinidad Ródenas Halcón

Viernes, 06 de Mayo de 2016


NUNCA SABRÉ

Nunca sabré si mereció la pena construir mi mañana desde la soledad. Si fue preciso habitar sus abismos, la oquedad de las horas, tejer y destejer los deseos tardíos.
Nunca sabré si la casa tan blanca, tupida de geranios, siempre aguardó con las puertas abiertas; si unos versos de sal nacieron al bautismo de un mar sereno; si desde esta soledad se abrieron los caminos al mar de mis orillas, a la casa encalada, a tardes que dibujan las noches con sus lunas.
Nunca sabré si eran sueños cumplidos o era el destino: ofrendas con que a veces la vida nos sorprende, o final de un trayecto que recorrí a su tiempo.
Nunca sabré si mereció la pena.


UN DÍA MÁS


Un día más…
Esta quietud me ofrece el espacio
que el tiempo no quiso concederme:
la palabra posible, a tientas por mis labios;
los renglones desnudos de una historia que escribe
sus últimos capítulos, sus últimas batallas.
Un día más. Y la tarde se cierne
sobre los muros de una ciudad
que reposa el cansancio de prisas apiñadas
y voces de taberna.
Un día más a la sombra del árbol que me crece
como crece el silencio de la vida que late,
de la vida que aguarda más allá de las horas.
Un día más…


UN POEMA EN LA LLUVIA

Llueve…
Camino por las calles bajo tules de agua.
Mi cuerpo va desnudo. Nadie me mira.
Escucho la cadencia del suave tintineo
romper sobre el asfalto. Y sigo el rastro.
Dónde me llevará…
Pronto el cielo se aleja y oscurece mis ojos.
No me arredra la noche ni el pudor ni el cansancio.
Basta una gota que acaricie mi frente.
Pero nadie me mira. Mi cuerpo va desnudo
y nadie me pregunta. ¿Reirán esta locura?
Tal vez de mí se apiaden. Tal vez callen
y esperen mi regreso.
Saben que voy buscando un poema en la lluvia.

 

Piedad González-Castell Zoydo

Miércoles, 04 de Mayo de 2016

 

AHORA: MURUROA


(Atolones del Pacífico Sur,
víctima de los vertidos radiactivos franceses)

Éste es el séptimo día de la Creación.
El día en que Dios descansa
y el hombre,
ávidamente,
va
d
e
s
c
r
e
a
n
d
o

cuanto Dios creara.

Igual que una colmena enloquecida todo lo invade,
¡todo lo arrasa!
y a su paso va dejando olor a muerte
y en la tierra queda olor a puñalada.
Nadie se detiene a extender su mano
el hombre se saluda a dentelladas,
y en el mar...
(no escarmienta el ser humano)
verterá un cementerio de metralla.

¡Pobre Mar!
pobre yunque dolorido
que han hundido en sus aguas la guadaña.
Cuánto grito de pólvora en los corales fríos.
Cuánto llanto de peces sobre el rostro de las playas.

¡Pobre Tierra!
Pobre Tierra reseca y enfermiza,
por misiles nucleares amenazada.
¡Pobre Tierra!
Pobre Madre moribunda
que das teta radiactiva a tu camada.

¡Pobre Dios!
En vigilia noche y día.
Pobre Dios que no duerme ni descansa
contemplando
que la Obra de Sus Manos
En el séptimo día, el hombre arrasa.

Dame una lágrima, Señor, sólo una lágrima.
Nunca un acero.
Nunca una espada.
Una lágrima sincera
¡Una lágrima!
Porque el niño no olerá a limón florido;
Olerá el niño sólo a escombros y a chatarras
Y se pudrirán en la cuna de sus huesos los cánticos
de amor y de esperanza.

Pobre Niño
Pobre Mar
Pobre Tierra
Pobre Dios

¡Pobre NADA!

Qué vergüenza me da mirar al mundo,
Qué vergüenza me da llamarme humana.



(Del libro El silencio y la palabra.
Finalista del XIX Premio Mundial Fernando Rielo de Poesía Mística. Roma.1999
PRIMERA LINEA DEL SILENCIO)
(Diputación de Badajoz- Cultura y Publicaciones. 2003)

 

¿DÓNDE ESTÁ MI REALIDAD?

¿Dónde está mi realidad?
¿Dónde está la tuya?
¿En unas manos que tiemblan al tocarme
y resbalan música
por mis muslos abiertos?
¿En las vibraciones esclavizadas del órgano
que penetra hasta el éxtasis
con movimientos matemáticos?
¿En la sed salvaje de aniquilar lo bello?

Ahora que te escribo
quiero comprender y comprenderte.
Quiero que volvamos al sillón de la penumbra.
Al rincón de las caricias que mis pechos agitan.
A tus dientes ávidos que muerden mi oreja.
A mis manos impúdicas que desnudan tu sexo
con hambre de gozarte.

Ahora que te escribo,
quiero comprenderme y comprenderte.

Ven pronto amor, ven,
no te demores,
que el cáliz ya lo siento rebosado.

(Del libro Cuarenta días de Junio
Huerga&Fierro Editores. 2014)

 

INFANCIA EN DOLOR

A la niña bosnia de 5 años, con una pierna amputada
y a toda la infancia en dolor

Voy a llorar por ti,
por tu pierna amputada,
¡tanto!
Pequeña, niña rubia de ojos azules,
porque a ti ya no te queda llanto.

Voy a llorar por ti,
por el cansancio
que ya toda la vida
irá contigo
caminando,
pequeña, serena niña,
siempre lloraré por ti.
Por el dolor de tu muñón vendado;
por los ojos ciegos de este mundo;
por la sangre que mancha nuestras manos.
¡Señor!
¿Hasta cuándo, Señor?
¡Hasta cuándo!
Este cáliz derramado por la tierra
y esta frustración de madre
por la carne cabalgando.


¿Hasta cuándo, Señor?
¡Hasta cuándo!
los falos cargados con semen de muerte
preñarán la tierra
de dolor y espanto.

Voy a llorar por ti,
Pequeña, niña amada,
porque tu pierna nunca crecerá contigo
ni caminarán juntos tus zapatos.

Pequeña, amada niña.
Decididamente:
lloraré siempre por ti.
Decididamente:
seguiré siempre llorando.

Piedad González-Castell Zoydo
(Del libro El silencio y la palabra.
Finalista del XIX Premio Mundial Fernando Rielo de Poesía Mística. Roma.1999
LINEA CUARTA DEL PENTAGRAMA PARA EL DOLOR)
(Diputación de Badajoz- Cultura y Publicaciones. 2003)

Faustino Lobato

Domingo, 01 de Mayo de 2016

CAOS

La noche está borracha de silencios,
de latidos de la sangre, y de imágenes
sin color. No estás. El silencio se bebe la fe;
la oscuridad, engulle  la miseria y sus palabras.
Cómo sofocar tanta impiedad
en la línea del deseo.

Una voz, apenas un susurro, naufraga
en la razón y la maldice. No hay nada
que contarle al tiempo. Se rompe el espejo
de las manos  en la orfandad de la caricia. 

Cómo saber que acallo soledades.

Llega el alba, ese tránsito de la luz que perdona
el llanto de la piel, desterrada y vacía de halagos.
Se despeja la niebla en estos versos de cristal
y pronuncio tu nombre sin quebrarlo.

Cómo armonizar  los gestos.

Habito en este bosque del deseo, como un dios
errante y desnudo. No quiero romper las huellas
de tu cuerpo, ese perfume capaz de  arrancar
las sílabas del hastío y devolverme a la calma.

Cómo unir los bordes de la tierra
con la esperanza de tenerte.

Existo en ti, me conmueve tu sonrisa
sin ignorar el  dolor que vomita verdades
y escruta, sin miedo, la cara más oculta de mi ser.
Duele este habitáculo donde te contemplo.

Cómo enamorar tu mirada
sin cambiar el colorde tus ojos.

La tierra, invadida de absurda estupidez,
vuelve al silencio. Un punto cero con sabor a cicuta.
Dios se asoma al caos. Todo está por hacer.
Eva sonríe. Después, vendrá el verbo con sus paraísos.

Cómo pedir una tregua
a los infiernos que me atan.




IMPRUDENCIAS

Qué leve el alma en esta jungla de seres voraces,
al sortear los huecos del abismo, que leve.
Sometida al devenir, crece bajo la incertidumbre
de no saberse.

Cuándo frenar esta prudencia inútil
que amordaza el instinto


No hay línea recta en este azar de la vida
que obliga a seguir errante. Un tránsito
donde el diálogo sabe a lluvia de otoño,
a soledad en el revés de las horas.

Dónde deletrear  la intuición de los espacios
en blanco.

Qué frágil el alma, qué leve su presencia,
cuando la carne reclama las vocales del verso
y las horas  levantan ídolos que controlan la risa
y la pregunta. Cuánto silencio en este paisaje
donde la vida es una dirección por definir.

Cómo descubrir la emoción
en la cara oculta de las cosas.




DESEOS

lLueve,  la gente corre y se agolpa en las calles
con la ceguera de quien teme un peligro. Llueve.
Los vehículos se parapetan tras los semáforos.
Una guerra de poder. El tambor del miedo suena
entre frenos y amortiguadores. Un paso de peatones
vomita gente. Hay un hambre insaciable de libertad
en los rostros anónimos que se cruzan. Llueve.

El olor a café invita a entrar en los garitos abiertos
de la avenida. Un aire familiar recorre la acera.
El griterío de los niños pone un punto de color
a la mañana. Llueve. Y en medio de esta mezcla
de sonidos y sabores, siento las notas
de un compás extraño; la canción de esta estrofa
de la lluvia. Llueve.

Me escapo entre las sombras de la calle,
multiplico los sueños en el chapoteo del asfalto.
Llueve. Y rompo la monotonía del silencio al mirar
este espacio que me devuelve el eco  del agua.
Llueve. No deseo  confundir el tiempo con la prisa,
ni la conciencia con el perdón, en la levedad
de estos versos que reflejan el otoño.

Pierdo el sentido de la ausencia encendida en la memoria
al  traducir el lenguaje de la lluvia. Doy gracias al aire
y a las voces que me empujan a leer esta sintaxis de la calle
y sus ruidos, este emigrar de la emoción que se afirma en el poema.
Llueve, llueve tanto que el agua entra por todos los rincones
del alma. Y no hay sangre sino ideas, que vienen y van,
emulando el giro de las aves atrapadas en el viento.


INTERROGANTES

Espero en medio de la duda
que el ritmo de los días no sea
un agujero por donde los sueños
escapen.

Qué hacer cuando no hay mensaje
y la angustia se levanta en el centro
del alma

Soporto la vida en el hilo invisible
de la espera. No hay palabras,
solo silencios que marcan la distancia
entre el infinito y las horas.

Qué decir cuando el ruido de la calle
lastra el azul de los recuerdos.

Puedo cerrar los ojos, pero no matar el mundo.
Hacer silencio, pero no huir disfrazando las palabras.
Por qué estos paraísos de cartón, por qué
esa gravedad de los momentos que hacen del instante
un vértice por definir..

Mª José Fernández Sánchez

Miércoles, 27 de Abril de 2016

 

I
TRASPLANTE DE MÉDULA ÓSEA


A mi querido esposo, en su lucha
a muerte para vivir la vida.
(MªJ.F.S)

Acaso el gesto triste te domina,
O manso es el dolor que te encadena;
allí donde la muerte estuvo ajena,
la médula en tu cuerpo fue la espina.

¡Fatal indignación¡, que se avecina
un trasplante de dolorosa pena:
Lugar donde revisa y se condena
a ver <<niveles de creatinina>>.

Un cáncer fue la causa; y, yo creo,
que luchando a la par de la quimera,
lograrás al final... lo que en ti anida:

Alcanzar la salud es tu deseo;
combatir la enfermedad, sin que muera
la gana de aferrarse a la vida.     

Llanto de teléfono
anudan la distancia:
un tiempo que se enreda
con soledad de agua.
Laguna de silencio
frente a mi almohada. 
(MªJ.F.S)

 

II
MEDITACIONES


Pienso amor, que te vas; que he vivido
el declive de un soplo en agonía;
–tu vida trasplantada a otra vía– 
de perpetua oscuridad, y en el olvido. 

¿Te imaginas el dolor que sentiría...?
¿La impotencia de mi pecho dolorido,
cuando deje el hogar... enaltecido,
sembrado de cariño y armonía?

Y aquí sigues esposo ¡Amor mío!
Mirándome a los ojos: Pasó el día
teñido de amargura y sin sentido.

Contémplate a mi vera: ¡Se fue el frío!
–¡Pletórica está el alma de alegría!–
Llegó la primavera... ¡y no te has ido!

(Reflexión 2007)

 

III
CUANDO LLEGUEN LAS LLUVIAS

Bodas de plata.

Cuando llegue la aurora al horizonte nuevo
y descubra implacable tu frenético aliento,
hallaré en el soplo de una luz decadente
el eterno dorado declive del sueño.

Grabaré tu suspiro en la voz del albatros;
buscaré cicatrices en tu cuerpo guerrero;
rociaré –con cicuta– tu pecho azulado:
sentiré su fulgor llameante de fuego.

Cuando flote en el aire el ardor que estimamos, 
y en el cóncavo éxtasis quedemos completos,
pasará mi quebranto en el último instante:
en el brocal de la vida colguemos los besos. 

Si nos pilla la noche, en su umbral de silencio,
contemplándote –exacto– con las luces del miedo,      
me hallarán en tu tumba herida de gozo:
cuando lleguen las lluvias en un Dios de aguacero.

Álex Chico

Lunes, 25 de Abril de 2016



PRIMER MOMENTO

Lo más extraño del viaje
es no saber hacia dónde se regresa.

Acaso diría Walter Benjamín
que en esos lugares parece haber pasado todo
lo que aún nos espera.

(de La tristeza del eco, 2008)



INSTANTE

Ciertos lugares conservan el paso
de los que se detienen, y deciden –al cabo –
observar lo que les rodea.
Sin más interés que el de permanecer allí
por algún tiempo.
Esos territorios en donde el instante
pretende ser perpetuo,
cercados por un bosque.
En esos lugares se aprende a decir: lo desconozco.
De ahí su condición inabarcable: siempre quedarán
sujetos a una duda.
Un espacio –un lugar – que acaba por no saberse
si existió, y logrará subsistir en la distancia.
Donde no ha ocurrido nada y sin embargo
se logra no haber sido nunca.

(de Dimensión de la frontera, 2011)



EL LUGAR DE LA ESCRITURA

Hay algo heroico en cerrar una ventana
y echar la llave a una puerta.
Algo heroico en apagar la luz
y buscar a tientas una butaca.
Heroico es levantarse
y comenzar a caminar por la habitación,
porque se ha recordado una frase de Pascal.

Hay algo heroico en querer habitar
una ausencia de luz.
En cerrar los ojos para añadir más oscuridad.

Mirar hacia el interior debe ser eso.
Dar vueltas en círculos
y averiguar el alcance de las manos.

Hay algo heroico en ser uno mismo
y abandonarse.
Aunque no haya nadie alrededor.
Aunque la habitación se estreche
cuando alargues los brazos.
Aunque la pared se acerque
y ya no puedas sostener su empuje.

Hay algo heroico en quien no logra vivir
más allá de una habitación cerrada.

(de Un lugar para nadie, 2013)



Formo parte de una habitación. Todo sucede en ella. Formo parte de una habitación y soy lo que queda en cada uno de sus ángulos y rincones. Soy lo que aún permanece porque no me abandona. Nadie, en el fondo, abandona una habitación. Pertenezco a un lugar con cuatro puertas que conducen a una nueva sala. La misma, siempre. Soy una habitación a la que busco un significado. Así nos engañamos y logramos sentirnos menos solos. El miedo inventa nombres para distraerse.
Una habitación es suficiente. Para vivir otra vida. O para sumar algo más de vida a la vida. Mi mundo es un misterio de habitación cerrada. Un palacio de cristal, inmóvil y variable. Una doble puesta en escena. Un territorio vacío, porque carece de cuerpo aquel que la ocupa. Tampoco yo tengo cuerpo cuando la habito. O lo tengo y no lleno con él ningún espacio. 
Me basta con saber que existe una habitación capaz de albergar a tanta gente. A la vez. Uno a uno. Les observo por el ojo de la cerradura y dialogo con ellos en ocasiones. La habitación reproduce el silencio de quien nos habla en otra parte. Así responde la habitación, con el ruido de pasos que aún la cruzan de uno a otro extremo. Con su quietud al simular que han comenzado a vaciarla. 
No soy más que una habitación. Desconozco los motivos que me han conducido a ella. Tal vez no necesite respuesta alguna. Tal vez, me digo, tampoco yo sepa dársela. Ignoro por qué una habitación y por qué sería peor si no existiera. Una habitación que comienza a desaparecer cuando estoy dentro y escribo.
Quizás ya no quiera ser más que una habitación, invadida y solitaria.
Sin poder salir de un lugar que alguien, una vez, llamó W.

(de Habitación en W, 2014)









María J. Flores Requejo

Jueves, 21 de Abril de 2016

 

 

SON LAS PRIMERAS LUCES

Los animales gozan en las sombras
o huelen el peligro
o acechan
o desgarran
o van hacia las fuentes y los claros.

Sólo el hombre se niega
o se demora.

(De Un animal rozado por el tiempo)

A VECES
lo miramos
como se miran las cosas imposibles
que duelen y que asombran en los sueños.

Poco sabemos de él y sus honduras.

De ese animal esquivo y solitario
que repite paciente nuestros gestos.

(De Un animal rozado por el tiempo)


NO ELEGIMOS AQUELLO
que más nos pertenece.

Ni el cuerpo
ni la lengua
ni el deseo
ni la muerte.

(De Un animal rozado por el tiempo)

 

DE LA FUNDACIÓN DE LA CIUDAD

Fundaron la ciudad
en torno a un pozo,
a un centro,
casi a un vientre,
mas olvidaron
cómo sangra
y engendra
y se estremece.

Desterraron al círculo
del círculo.

Temían la espesura
y la invasión
y el fuego
el zarpazo que acecha
entre las sombras.

Y temían a la diosa.

Temían su poder
y su misterio.

Dándola en sacrificio
conjuraron su miedo.

Y alzaron sus proclamas,
erigieron sus leyes
para ordenar el mundo
a su fiel semejanza.
Su fuerza y su avidez,
como una oscura mano,
se adueñó de las cosas.

Hicieron del valor
y del dominio
su sentido y su causa.

E inventaron memorias
y formas
y palabras
y artes.

A veces
amaron más allá de la razón.
Y más allá del miedo y de las aguas
les empujó la fiebre
o el ansia
o el deseo
de ser
de dominar
de descubrir lo ignoto
y poseerlo.

Eran sueños inciertos
y tuvieron coraje.

Han hollado la tierra
y desbrozado el tiempo.
Han tejido las redes
oscuras del sentido.
Con hierro y sin piedad
han escrito la historia.

(De Elogio de las aguas y la piedra)


Pablo Jiménez

Martes, 19 de Abril de 2016

EL JARDÍN DE ATRÁS
(Antonio López, 1969)

Marzo: la luz dudosa,
el aire adormecido y la mirada presa
en un frutal de flor madrugadora,
ceniciento el terrazgo
y sus elementales esqueletos
en el hondo silencio de la espera...
¿Amanece? ¿Anochece?
Extramuros, el cielo
lila y gris acapara
la escasa luz que alienta en lo que vemos
y la acumula
en la chopera que verdece. Todo
dormita en la inminencia
de una primaveral metamorfosis.

Bien, admirable Antonio;
pintado está por ti lo eterno del instante
y cuanto en él concluye: la finita
mirada en que nos vemos sin sabernos
tú y yo —razón de ser de lo acabado—.
Como supervivientes persuadidos
de nuestra propia muerte deberíamos
sacar un par de sillas
a este jardín de atrás y junto al muro
sentarnos a mirar lo que tus ojos vieron,
derivar las palabras que debieron decirse
pero faltó el valor y pronunciarlas
ahora, entre dos luces, tú y yo, desconociéndonos.

Hablemos, por ejemplo, de la música.
Los pájaros, el tiempo
del trino, la memoria donde habita
la música... ¿Qué sabes más libre que la música?
No es materia ni vínculo,
con ella ni se escribe ni se pinta,
es abstracción, como lo amado al límite.
¿Física? ¿Metafísica? La música
en sí propia reside
y alberga su contrario más sentido y recóndito:
el silencio, que nunca está callado.
De ese hontanar procede, en él se vive,
de su alfaguara crece y desarrolla
su caudaloso discurrir y en él
finalmente reposa y se diluye.
¿Por qué, dime, el silencio en cuanto pintas?
¿Es porque amas la música? Los pájaros
del niño que asolaste ¿dónde trinan?
¿En qué rama de qué árbol
de qué cuadro te anidan y persisten?
¿Por cuáles alas
transita ese pintor que te recorre
en la encendida noche de tus ojos?

Yo soy el ciego
espectador que mira y no comprende
y se refugia en las palabras. Tú,
con no menor ceguera, manipulas
la luz de tu mirada y la traicionas
en la especulación de las texturas
y el artificio de color.
Mas, como el arte es largo,
la vida en él acaba acomodándose.

Y así, sin hacer ruido,
ni sinceros ni libres, recorremos
nuestro jardín de atrás hasta el momento
del crudo despertar y ¡zas!: los diosecillos
que fuimos se desinflan y un paisaje
sobreviene y nos toma y nos ubica
en el pais remoto de las alas
cuando pasó ya el tiempo de volar.

Los pájaros que fuimos...
Un buen día
el agua torna al agua, el tiempo al tiempo,
el pintor al pintor y el poeta al abismo.
Al menos el color es asidero,
cercana calidez, caleidoscopio
de luciérnagas y fugacidades,
brillos en fin para la soledad.
Pero ¿qué es la palabra
sino figuración,
mentira,
piedra contra el vencido,
tronodelpoderoso,
condena del que nace condenado?
Y en su mejor versión, orfebre de los sueños,
¿qué palabra no labra su infortunio 
después de pronunciada,
agua llovida que un regato lleva
a la orfandad de los significados?

Marzo: la luz dudosa,
el aire adormecido,
las mimosas del tiempo con su flor amarilla
que no pintaste pero están ahí...
¡Ah, qué inútil,
pintor de solitarias plenitudes,
ir desvelando enigmas
como quien abre puertas a la luz!
Sellada claridad y ancilar mano
urdirán tu ceguera y tu pintura
mientras detrás del alto
tapial de tu jardín la primavera
despereza sus ritos ancestrales.

¿La música, los pájaros?...
Tenemos
los dos la edad precisa para saber que no hay
otro jardín de atrás sino el que sigue
labrando la memoria.

(de FIGURACIONES (cuadros de una exposición).

 

ULISES NO


Tras largo caminar
sin qué ni para qué, llegar a casa
y no llegar a puerto.
Ver
el pasillo en penumbra y sospechar
apariciones.
Afilar la vista
memorizando nombres,
saber los libros sin mirarlos.
Nunca
reir, apenas
leer. Y releer, releer siempre.
Desaprender los besos.
Apostatar de la literatura
como de religión.
Arrepentirme
de cegar devorando palimpsestos
y mágicos realismos del allende:
pornografías
de alquimia literaria donde reina el bostezo.
Abominar de los poetas,
insufrible legión que desconoce
la urdimbre del silencio y, necia, abunda como
bajo el mantillo del pinar los mízcalos.
Y bendecir a los piadosos dioses
por el seno materno Garcilaso
que atesora el sosiego y la palabra.

Mis manos,
mis manos y las nubes. El alféizar
se acomoda al hastío y la mirada
vaga neutra esta tarde de mayo. El chaparrón
se anuncia y el ozono
perfuma y sustantiva la inminencia.
Hijas del aire y nosequé del vértigo,
urden las nubes sueños y desvelan
perfiles y retablos. El espacio que ocupo
me ocupa y encadena. Ni ventanas
ni puertas: el espacio —extraño fruto
que no fue flor y ya es maduro y nunca
deja de madurar y no se pudre—.
Alzo las manos a las nubes. Caben,
terribles, en mis manos que gobiernan
ahora la borrasca. ¿Son mis manos?

Dejar a medias un poema inhóspito.
Acogerse al sofá. Cerrar los ojos.
Poner la nave al pairo y no pensar.
Desanidar nostalgias y penélopes.
Y destensar el arco. Y no mover un dedo.
Y que los pretendientes especulen
si el velo, si el ausente, si la mentida troya…
Toda vuelta es envés, mendaz todo retorno,
todo regreso en vano. El tiempo sabe
hacer bien su trabajo. Sólo importa
dormir. ¡Arriad las velas! Singladura
ajena a nuestro brazo ha de ser ésta
porque sólo el azar
conducirá la nave y nuestras almas
al puerto que le cuadre. Y dondequiera
que rinda su viaje la aventura
Ítaca allí será y allí la patria.

Las nubes,
las negras nubes y mis manos. Caen
espaciadas y densas las primeras
gotas de lluvia.
Uno mis manos y las palmas suman
su calidez,
la misma calidez con que retuve
la mano de mi madre mientras iba
sorbiéndole la muerte
el desmayado aliento aquella noche
sofocante de agosto.
Huele la lluvia y me disuelvo en ella
y su aroma a mis labios se adhiere como un beso.

Mirar cómo oscurece.
Acechar cualquier voz en lo negro. Sentirse
inocente de olvidos y memorias.
Y abandonarse
a las inciertas aguas de los ojos cerrados
navegando por no surcados mares
—antes y después náufrago— para, después de todo,
volver y no volver a la casa vacía
decidido a morir, a salvo ya
de estúpidos temores.



(de DEDUCIDA MATERIA)


PASA LA CAMARERA

Pasa la camarera,
breve y alada. Viene, va, recuenta
clientes, veladores,
memoriza pedidos. Hace
resbalar a su paso pensamientos, miradas.
Pone a danzar su pelo
al son del artificio de un ingrávido andar
que del pie a la cabeza la deifica y ondula;
su pelo: agavillado
y cautivo en su cinta de seda azul celeste
con tierno y exquisito desaliño.
Es inocente
como el pecado. Ahora
se detiene al extremo de la barra,
susurra al barman, ríen
tan próximos, desata
un huracán desde sus ojos únicos
que, sin mirarnos, nos anegan.

Podría
derramarse la sombra con sus cristales últimos
sobre el vencido que en su mesa expira
de fiebre y de deseo;
podría
un cuchillo de fuego laminar
su corazón deshabitado;
podría
una gota de lluvia viniendo de esos labios
arrastrarle a qué mar.
¡Oh, naufragio, recíbeme,
apágame en tu cielo submarino,
sé mi broche de oro! No hay vilano
más leve que su cuerpo en esta tarde fría
ni sed más perentoria que mi sed.
Podría
morir sin más
sobre la taza de café,
expirar en la nieve de este mármol fingido,
en la embriaguez del vino que brota de sus ojos,
muchacha resplandor que vendrá, si la llamo,
que no vendrá por mucho que la llame.
Podría
matarme, si quisiera, con un gesto, con algo
así como un suspiro. De hecho
me está matando así, sin nada,
sin siquiera saber que está matándome,
que me acabo de ganas de licuarme
en la médula ígnea del volcán que gobierna.

Ahora la mariposa, aleteando,
se desvanece tras el mostrador,
tras su coleta azul con su cinta de música.
Queda suspenso el bar como en una instantánea
y cae uno en la cuenta de que llegó la noche.
El solitario sabe que es momento
de hacer recuento de sus estadías,
de sus inútiles retornos,
sabe que tiene que pedir perdón
por todo, por haber vivido, por
haber sobrevivido, por su nombre
malgastado, por carecer de gracia.

El sustituto de la camarera
sale ahora de dónde atándose el mandil
y presto a las demandas. Tan solícito.
Pero qué importan ya
la tarde y lo soñado.
Ella no volverá. Y aunque volviese.
¿Vuelve el tiempo del fuego,
el azar de abrasarse, la fiebre de vivir
hasta la extenuación de los confines?
Nunca. La boca que nos nombra sorbe
los regueros del éxtasis, amarra
los pies amantes con olvido y cepo.

Que venga el mozo ya,
que retire mi taza y mi cadáver
mientras, conmigo a cuestas, me devuelvo
a la materna loba de la noche,
en busca de otro bar y otro espejismo
donde mentir que vivo todavía.


(de CÍRCULOS)

Francisca Gata Amate

Jueves, 14 de Abril de 2016


Quizás sea una galería de cadáveres,
pero hoy la vida tira de ti
y te ofrece sus labios porque la carne se transforme
en insólito misterio.
Mañana un mercado triste voceará mercancía
tan siniestra y  a precio de saldo, flores
y poemas. Entonces el corazón
se hallará dormido y solitario.
Pero hoy, calaveras más bellas
nunca vieras.  Jardín de jardines
a la sombra de las miradas que algún día no serán.
Arrebatado del miedo
por la gracia de esa corta eternidad,
aunque asumes  que un cadáver camina
entre cadáveres.
Asumes la humillación
después de la conquista.
Más perlas que tuvieras, más pagaras.
Y eres feliz ante la fuente del placer.
No hay más que esto. Te dice tu locura.

“Fuera del Tiempo”. (Diputación de Huelva- 2008) Premio Fundación Odón Betanzos de poesía.


Salir muy de mañana, sin hacer ruido,
sin fumigar la casa con la palabra adiós.
Salir, retenido el misterio.
Mientras el perro se dejaba querer
por mi padre, lamiéndole la caricia,
revoloteando a su alrededor como un pájaro
sin alas.
Y mamá ocupaba su silueta en la cocina.

Mejor será no pensar.
Mejor salir y aventarse como una semilla viajera.
Y no pensar.
No pensar en las escamas del otoño.
De este.
De todo el tiempo.
Tratar de serenar el corazón.
Intentar arrancarse el corazón.

Todo se queda ahí, amontonado.
Confundido como muebles en un anticuario.
Para qué clasificar los recuerdos.
El antes y el después.
Morder ese polvo truculento.
Lesiones de la edad.

No, mejor así; escapar.
Desgastado.
Contener el aliento.
Mudar la piel por adaptarla a otro paisaje.

Que el cielo se desprenda de su carámbano.

Mejor así. Sin besos.
Que se pudran los besos ya para siempre.

Los tres tan solos, amalgamados.
Lo sagrado. La sentida familia.
Y por qué siento al huir que esto es el amor,
esa enorme palabra.

“Despiece de la infancia”. Premio Ciudad de Ronda de poesía (Diputación de Málaga-2013).

 

Tengo por libertad estas cadenas.
Tengo por libertad que tengo nudos
y un ancla ya oxidada para mi barco.
No hay otros cielos ni tierras, ni el espacio
reservado a todo hombre, ni el ángulo vital
de toda araña.
Llegado a este punto ni rezo ni comulgo
con la boca más blanca y más sedienta.
Rompo mis alas y desgasto mi tiempo.
Renuncio.
La gloria de vivir es un fruto podrido,
reducida a una apuesta con esos yacientes
que brindan por la noche con veneno.
No deseo los sueños ni este pálpito indigno
de saberme feliz si un pájaro
se acerca a defenderme, a traerme del viento
la garganta que aúlla y que refresca. No deseo
este absurdo que se complace en risas y en danzas
solitarias. Traicionado
me siento pues me ha crecido hierba en la mirada
y he de fingir que reniego del placer. Y he de llorar
sin alma y sin tristeza, con máscara de dolor
porque no duele.
Te apuesto mis recuerdos por tu ataúd sembrado
boca abajo, adentro, muy adentro,
sin salida, sin saliva, sin auxilio. Muy adentro.
De espaldas a la cruz
y a todas las montañas y a todos los caminos
y los ríos,
esos ríos que van sin detenerse,
desbordados de vida y de sangre
y de esperanzas.
Te apuesto mi estúpida pasión de payaso
fatigado,
con un destino muerto que no muere,
fantasma que a su pesar se rinde a la belleza.

De: La Noche del Condenando (Vitruvio 2014)

Diego Fernández González. “Piropo”

Lunes, 11 de Abril de 2016

 

Del poemario inédito La seca piel del musgo.


ANDARÉ AMAPOLAS

Entre los barbechos o entre los trigales,
cubierto de noche o de amanecida;
entre las palabras o entre los silencios,
de cualquier manera, andaré amapolas.

Sin saber del tiempo de los paraísos,
ni de despertares de lumbres o arenas.
Sin sentir regresos de espacios en sombras
ni entrar en los sueños de azules intensos.

Buscaré destellos de flor de naranjos,
caricias de zarzas de moras silvestres,
sonrisas azules en verdes olivos
o abrazos de cardos entre pastizales.

No queda otra cosa que seguir  viviendo,
que seguir luchando por una luz clara.
Entre las palabras o entre los silencios,
de cualquier manera, andaré amapolas.


INVERSIÓN

Nos vamos quedando en diferentes
e indiferentes “buenos días”
susurrados sólo por costumbre
y en manos estrechadas cortésmente
que ni tan siquiera dejan  huella
de una sudoración cercana.

Dejaron de crecer verdad y amor
y caminamos, confundidos por los brillos,
entre nieblas que distorsionan los tamaños.

Es verdad que las crisis nos afectan.
Perdimos lo invertido en tolerancia
y bajan las acciones en criterio,
pero hoy no es día de mercado
y debes intentar asomarte a la emoción.

¡Cancela tus cuentas anteriores
e invierte en bonos de sonrisas!


POR DECIR ALGO

Diré, por decir algo y desahogarme
que el grosor de mis venas ha cambiado
al ver que la tierra gemía y que el asco
rondaba los escombros de otra ciudad
destruida.

Nada quedará mañana de lo que ahora veo.
Los cadáveres se entierran con su sangre y con sus heces
y los escombros vuelven a levantarse en el mismo lugar,
como si nada, como si nadie hubiese pasado por allí.

Mañana volverán a decir, por decir algo,
que hay otro lugar que necesita
el rugido de los aviones, el olor de la pólvora,
la sangre corriendo por sus calles…

Y callaremos como hoy y querré desahogarme
hasta que mis venas revienten y mi sangre
corra por las calles  entre los escombros de mi ciudad
destruida.

Santos Domínguez

Miércoles, 06 de Abril de 2016

CEMENTERIO ALEMÁN (YUSTE)

I
1945
In balance with this life, this death.
[W. B. Yeats]


Ahí las tenéis, miradlas: son las arteras armas de la noche,
apacientan la anchura de la nieve
y el cristal apagado de una campana fría.

Son los trenes que silban –tan negros- por el sueño,
y es el olor violento del barro y su horizonte
helado en el que cantan las bocas de los muertos
sus canciones de escarcha que hieren los oídos.

Son, mirad, estos hombres, hundidos o tocados
en un juego siniestro de naves por la sangre,
de aviones incendiados en el fondo de un bosque.

Cuando flotan las luces tras la niebla,
cuando pisan su sombra y la sombra les muerde
con sus dientes de hielo, con sus desolaciones.

II
2005
The years to come seemed waste of breath.
[W. B. Yeats]


De seis en fondo ahora, la formación de cruces
insiste en recordar al caminante
la estirpe de estas muertes militares,
la raíz malograda que se pudrió en sus tumbas.

Cae el hielo de la tarde como antes vuestros cuerpos,
como cayó la tierra sobre vuestras canciones,
como han ido cayendo las hojas de estos robles
hasta dejar ausente su esqueleto de acero.

Con la anónima nieve de la muerte,
sobre vuestra tristeza ha crecido la hierba
y esa hierba persiste verdemente
en el sueño invertido de vuestro escalofrío,
en vuestro duro nombre de muertos extranjeros
y en el asombro sepia de vuestra adolescencia.

Habíais dejado apenas el mundo de los juegos
para seguir jugando con torpe ardor de guerra.
Para acabar así, convertida ya en mueca
la risa irresponsable que se heló entre las nubes
o devolvió desnuda la crueldad del océano.

Para acabar aquí,
lejos de vuestra casa y de su sombra íntima.

Aquí, donde conviven la pena y la vergüenza
y la costumbre junta el horror y el silencio
en el último espasmo que heló vuestra mirada
azul y fría y extraña, vuestra última sorpresa
al contemplar de pronto la muerte cara a cara,
tan extraña como estos olivos contra el cielo.

Y ahora estáis en la muerte y seguís sin saberlo.
Lo sabe el caminante cabizbajo
que mira conmovido vuestras tumbas
y contempla el sendero que él también cruzará
otra tarde de hielo, sin hierba, pensativo.

En un rincón del tiempo se acumulan las zarzas
que acabarán ardiendo en una hoguera fría
con los huesos más tristes de la historia.

Y la tierra os ha dado no tan solo reposo:
os da una dignidad que en vida no tuvisteis,
la dignidad del muerto en un bosque extranjero.
Porque para la muerte todo suelo es extraño
y un hombre es extranjero en cualquier cementerio
que visiten sus ojos pensativos.
Un hombre es extranjero
en cualquier cementerio en que repose.

( De Las sílabas del tiempo. Nausicaa. Murcia, 2007. Segunda edición en La Isla de Siltolá. Sevilla, 2013)


MONJE A LA ORILLA DEL MAR

Todo es frágil aquí, todo es niebla de asombro
bajo el silencio blanco de la nieve
o en el abismo azul de los acantilados.

Como un pájaro herido,
la lluvia se ha posado mansamente
en la orilla del mar.
Su música de sombra silenciosa
desciende blanda y tibia
a la arena sin pájaros.

Desciende blanda y tibia
desde este cielo turbio al turbio mar sin peces
y allí se desdibuja,
se disuelve en el agua
de otro mar más profundo sin temblor ni oleaje.

En la precaria orilla, sobre una leve duna
soy un cuerpo en penumbra, una interrogativa
silueta que contempla el horizonte incierto,
perplejo frente al mar vacío de veleros.

Y pienso en el desorden nevado de la muerte.

(De "Plaza de la Palabra", Editora Regional de Extremadura. Mérida, 2011)

CREPÚSCULO ESPAÑOL DE CASANOVA
Cae la tarde amarilla, se va precipitando                                                                                                            

la sombra tras las copas espesas de los pinos.
Y estos paisajes hondos, este otoño de viñas,                                                                                              

me hablan muy lentamente del final de la hoguera,                                                                                        

de estas brasas que huelen a una dulce tristeza.
Me consuela la calma que tiene el campo ahora.
Me miro en el silencio interior del crepúsculo
y en el agua del río,
en el agua que corre somera y transitoria,
oigo hablar a los muertos que fueron mis amigos.

El final de la tarde, con esta luz serena,
con esta mansedumbre de las convalecencias,
me entrega su piedad a la hora del espanto.

A esta edad la Fortuna ya no mira a los hombres:
mi equipaje es un hueco, un baúl de extravío,
lo que saldan las horas, un bagaje de humo
que pesa más ahora que cuando estaba lleno.

Mira otra vez. Quizá
solo es esto la vida:
Un túmulo de arena al sur de la ventisca,
la estatua indiferente en donde posa un pájaro
su frágil tiempo de aire,
la sombra del caballo contra un muro de agua.

Sí. Quizá los minutos, como las caracolas,
son huellas de cristal sobre la nube,
el péndulo marino que duerme en las campanas.

Tal vez la vida sea más un lugar que un tiempo.
Un lugar que confunde la máscara y la piedra,
la vigilia y la lluvia, los días y los nombres
en la hora de la esfinge y las inundaciones.

Tal vez la vida es esto:
la voluntad de nieve que hay en las pesadillas,
el espíritu áspero de una emulsión de lodo,
un incendio que sube por el acantilado,
cenizas y pavesas sobre las olas verdes,
la confusa blancura de las constelaciones.

Quizá sólo sea eso lo que la vida quiere:
fluir y atravesarte
como un inconsistente apócrifo del viento.

Mis ojos sólo miran el lugar de su ausencia.

( De Las sílabas del tiempo. Nausicaa. Murcia, 2007. Segunda edición en La Isla de Siltolá. Sevilla, 2013)

 

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