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Hay acontecimientos históricos que prosiguen indelebles en la memoria de todos a cuantos nos tocó vivirlos de una u otra manera. Entre la lista de tales hitos, figura el golpe protagonizado por el teniente coronel Tejero aquel 23 de febrero de 1981. Otra cosa es que hayamos podido conocer los intríngulis de aquella peligrosísima trama, según adelantase uno de sus principales fautores, el teniente general Milans del Bosch: “la verdad nunca se sabrá”, declaraba en la vista del juicio al que se le sometería.
Pero la verdad, recuerda el autor de esta obra, citando a Ortega y Gasset, no es un punto de llegada definitivo, que puede conquistarse de modo absoluto. Es más bien un logro paciente de nuevas perspectivas, el fruto de felices aproximaciones alcanzadas tras laboriosas búsquedas, lo que al científico le induce a proseguir en sus tareas.
Es lo que viene haciendo de modo ejemplar el doctor Alfonso Pinilla García (Montijo, 1976), profesor de Historia Contemporánea en la UEX para llevar la luz al 23-F: los personajes que lo organizaron y ejecutaron; los posibles factores y circunstancias desencadenantes; las actitudes que aquella tarde/noche mantuvieron militares en activo o jubilados, políticos, periodistas, servicios secretos, potencias extranjeras… y el mismo Rey Juan Carlos. Cabe recordar aquí algunas de sus obras anteriores del investigador extremeño: Del atentado de Carrero Blanco al golpe de Tejero (2003), La transición de papel (2008), La legalización del PCE. La Historia no contada (2017) y, lógicamente, El laberinto del 23-F. Lo posible, lo probable y lo imprevisto en la trama del golpe (2010).
¿Por qué esta nueva publicación? Por dos razones fundamentales: porque la historiografía sobre tan inquietante asunto ha ido incrementándose de forma sustancial, desvelando áreas ocultas (véase el rico apéndice bibliográfico) y porque Alfonso Pinilla ha tenido acceso a fuentes documentales, manuscritas o mecanografiadas, inéditas hasta ahora. Se las reproduce fasímiles en las páginas finales. Se trata del archivo de José Juste, el general que entonces mandaba la División Acorazada Brunete, la más poderosa del Ejército español y de cuyo comportamiento (al fin no salió de los cuarteles) dependía el fracaso o el éxito de aquel “golpe de timón” urdido por el general Armada y sus cómplices.
Reconoce el historiador que aún siguen existiendo zonas oscuras, sobre las cuales, sin embargo, se atreve a sugerir determinadas hipótesis explicativas, con el correspondiente argumentario. A la vez, las tesis que en torno al golpe, sus orígenes, desarrollo, vicisitudes y parón definitivo se aceptan como bien establecidas. Especial atención reciben los personajes más comprometidos: Armada, el hábil urdidor del tinglado, siempre desde una supuesta fidelidad a la Corona; Tejero, que desencadena, de forma grosera, y a la postre frustrada el “Supuesto Anticonstitucional Máximo” (a partir de la toma del Congreso); su mentor, Milán del Bosh, el único capitán general que sacó los tanques a la vía pública; el propio Juste, que a punto estaría de hacerlo en Madrid y, cómo no, Juan Carlos I, “El rey de cristal” , quien más o menos informado e incluso consentidor de los detalles del operativo, finalmente reacciona hasta el punto de que “logró parar el golpe y enquistarlo en el Palacio de las Cortes y en Valencia” (pág. 102).
Sabrosas son también las anotaciones sobre otros personajes tal vez secundarios, pero claramente comprometidos, como el coronel San Martín, el extremeño Pardo Zancada (quizás el asaltante más coherente) o el comandante José Luis Cortina, un hábil espía.
Alfonso Pinilla, tan riguroso en el manejo de los datos, es también dueño de una excelente prosa. Su voluntad de estilo, patente en los estudios de historia, es la misma que lo induce a ensayar también obras de creación como testimonian sus novelas Historia del silencio (2013) y El misterio de Montijo (2018). Por eso Golpe de timón se lee con el mismo placer que un texto literario. M.P. L

Alfonso Pinilla García, Golpe de timón. España: desde la dimisión de Suárez al 23-F. Granada, Editorial Comares, 2020

Heinrich Wilhelm von Kleist (1777-1811) constituye otro paradigma del escritor apenas reconocido en vida; silenciado mucho tiempo y, posteriormente, propuesto como uno de los más grandes de su lengua. Pese a tantas dificultades como hubo de sufrir durante su azarosa existencia, compuso una obra plural y extraordinaria (dramas, poemarios, novelas, ensayos, artículos), que él mismo mutiló lanzando al fuego parte de sus manuscritos poco antes de suicidarse.
“Nun, o Unsterblichkeit, bist du ganz mein” (Ahora, oh eternidad, eres completamente mía), el verso que adorna su epitafio, comenzó a adquirir sentido tras el pistoletazo fatal, para plenificarse a medida que su fama se acrecienta. Según muchos críticos y estudiosos, Kleist es uno de los máximos creadores del Romanticismo alemán, lo que es decir mucho teniendo en cuenta quienes figuran en tan preclara nómina: Goethe, Schiller, Novalis, los hermanos Grimm, Hölderlin, Heine, Hoffmann y otros genios conformadores de aquel movimiento “Sturm und Drang” (Tormenta e Ímpetu), al que también se adscribe Kleist, si bien él era consciente de sus personales características. Toda aquella pléyade, con las que tuvo relaciones más o menos amistosas (fue siempre muy retraído e incluso acomplejado), contextualizan las páginas de De tormenta, historia de mi alma.

Su autor, Agustín Muñoz Sanz (Valle de la Serena, 1953) es sobradamente conocido por los lectores de HOY, periódico donde colabora de forma habitual, y de cuantos muestran interés por la cultura e incluso la sanidad en Extremadura. Hombre también polifacético, como Kleist, médico prestigioso, profesor de la UEX, es autor de numerosos ensayos, libros de teatro, dramas y novelas, cuyos títulos son fáciles de localizar en Internet y lo erigen en uno de nuestros autores más fecundos.

Fascinado, según sus propias declaraciones, por la figura y escritos del alemán, ha querido meterse en la piel de tan extraordinario personaje a la búsqueda de las raíces hereditarias, factores familiares y ambientales, ideología, complejos, frustraciones, vicisitudes existenciales que conformaron aquel carácter irrepetible. Más aún, Agustín Muñoz proporciona la diagénesis, contenido y fortuna (escasa) de las principales creaciones de Kleist, con especial atención a las tragedias La familia Schroffenstein y Pentesilea; las comedias El cántaro roto y Anfitrión, y∫ la novela Michael Kohlhaas.

Como fórmula narrativa, el autor recurre al género (auto)biográfico, presentando el texto como una extensa epístola de doscientas páginas que Kleist se habría propuesto redactar horas antes de su suicidio. Estaríamos así ante las memorias compuestas por quien, luego de decidir quemar el diario mantenidos durante lustros, quiere recopilar los acontecimientos principales de su discurrir vital, desde la infancia hasta las horas últimas. Con todo, el discurso narrativo no es siempre un relato en primera persona, sino que el supuesto autor (Kleist) da con frecuencia entrada a diálogos cuya exactitud resulta sorprendente o inverosímil.

La prosa que Agustín Muñoz le presta es de extraordinaria calidad. Adicto a las frases cortas y precisas, en ocasiones, sobre todo al describir paisajes, el extremeño construye con abundancia singular alegorías y metáforas que lo aproximan al lenguaje poético. Lo que sabe combinar con frecuentes toques de humor y reflexiones filosóficas y metaliterarias. Fácil resulta percibir los esfuerzos que ha debido hacer para documentarse tan sólidamente sobre su “autobiografiado”.

Así nos regala un Kleist formidable, siempre dubitativo y pesimista, inquieto por la búsqueda de verdades sólidas (sus críticas a Kant resultan poco sólidas), contradictorio, ingenuo, asfixiado por la angustia, sexualmente indefinido, víctima de cefaleas y otras enfermedades, que lo alejan del destino familiar (decenas de altos militares prusianos entre los Kleist) por el de paseante rousseauniano y escritor sin éxito. Lo tuvo, sí, para convencer a una amiga, enferma de cáncer, para morir, él virgen, ella casada, juntos a orillas del Wansee, un hermoso lago berlinés. M.P.L. Agustín Muñoz Sanz, De tormenta, historia de mi alma. Mérida, De la Luna Libros, 2020.

En el magnífico plantel de enseñantes que fueron incorporándose a la recién creada Universidad de Extremadura, no pocos también generosos colaboradores de otras instituciones culturales de la Región (pienso, v.c., en el Centro de Estudios Extremeños y su Revista), muchos admirábamos y aprendíamos con el trato de Miguel A. Pérez Priego, maestro tan sabio como humilde. Pronto conocimos su predilección por un dramaturgo pacense, Bartolomé Torres Naharro (Torre de Miguel Sesmero, 1485-Badajoz ?-c, 1520), sobre el que tantas páginas ha escrito. Hoy se lo considera el máximo especialista.
Con ocasión del presunto quinto centenario de la muerte de dicho escritor (se ignoran el lugar y la fecha exacta), la ERE publica este volumen colectivo en homenaje al mismo y a su gran estudioso. Surge la obra de dos proyectos patrocinados por el Instituto de Teatro de Madrid en torno al Teatro Clásico Español. La coordina Julio Vélez Sáinz (Sevilla, 1974), titular de Literatura española en la Complutense madrileña y autor de numerosos trabajos sobre escritores de los siglos XV-XVI. Él suscribe la introducción y el epílogo, donde pondera el lugar que ocupa Torres Naharro en la dramaturgia española, desde los orígenes clásicos hasta la contemporaneidad.
Nacido en un territorio perteneciente a la Casa de Feria, el escritor pudo relacionarse otros escritores también ligados a tan poderoso señorío.
De los más importantes se ocupa aquí Miguel Á. Tejeiro, recopilando noticias que ya adelantase con dos obras claves, El teatro en Extremadura durante el siglo XVI (1997) y Mecenazgo y literatura en la Extremadura del Siglo de Oro (2009). El profesor de la UEX establece también interesantes hipótesis sobre la situación socioeconómica y cultural de la región durante la época renacentista, destacando la influencia que la Propalladia de Naharro tuvo en la dramática española anterior a Lope. Excelentes son así mismo sus apuntes sobre otro coetáneo, Diego Sánchez de Badajoz y su Recopilación en metro, un conjunto de veintiocho farsas que tantos estudios han merecido por parte de Pérez Priego. Alguien explicará alguna vez el papel determinante que las aljamas hebreas del Ducado tuvieron en el extraordinario desarrollo del mismo. Es seguro que muchos de los intelectuales aquí estudiados pertenecían a familias judeoconversas, nómina seguramente in crescendo según avancen las investigaciones.
Otro aspecto quizá menos reconocido, pero sin duda relevante, de Torres Naharro es su producción poética. La analiza Álvaro Bustos, profesor de la Complutense, ocupándose de las fuentes y valores que la distinguen. Lo compara con Juan del Encina y otros coetáneos, entre ellos Garci Sánchez de Badajoz, antes de establecer las características más notables del “cancionero” de Torres. Especial atención presta a su poema “Concilio de galanes y cortesanas de Roma”, versos sumamente críticos, coetáneos a las tesis de Lutero en Wittenberg, y que yo mismo acabo de elegir para mi antología Poesía social en Extremadura (Beturia, 2019).
Cabe destacar también el estudio, muy técnico, sobre las variantes que respecto a la prínceps de 1517 presenta la edición de la Propalladia de 1573 (Madrid, Pierres Cosin editor), que pudo eludir la prohibición lanzada contra la obra por el catálogo inquisitorial de 1559. Lo suscribe el propio M. Á. Pérez Priego.
No menos interés encierran otros apuntes que procuran describir el “entorno naharresco”, como los de Dong-Hee Chung (Universidad Nacional de Seoul), Teresa Rodríguez (Universidad Jean-Jaurès, de Toulouse) y Javier Espejo Saurós (Centro de Estudios Superiores del Renacimiento, de Tours).
Por último, Julio Vélez establece el lugar que, a su entender, ocupa Torres Naharro dentro del Teatro Clásico Español, sin omitir referencias a la escena contemporánea, y en apéndice final, compuesto junto con Miguel M. García-Bermejo Giner (Universidad de Salamanca), expone el cursus vitae et honorum de M. Á. Pérez Priego, a quien justamente señalan como “maestro de naharristas”. La relación de sus publicaciones selectas que se incluyen un largo centenar, lo justifica sobradamente. M.P.L. Julio Vélez Sáinz (ed.), Bartolomé de Torres Naharro: un extremeño en el renacimiento europeo. Mérida, ERE, 2019.

Con encomiable regularidad, continúan celebrándose en Llerena sus Jornadas Históricas, que ya alcanzan el significativo número de veinte. La feliz conjunción de instituciones públicas y civiles (Ayuntamiento de la localidad, Consejería de Cultura, Sociedad Extremeña de Historia, Caja Rural, Imprenta Grandizo), más el patrocinio de otras, y la colaboración de personalidades comprometidas en el empeño, con los profesores Felipe Lorenzana y F.J. Mateos al frente, explican este fenómeno cultural.
Las Actas de la penúltima edición se editan como homenaje al hispanista francés Bartolomé Bennassar (1929-2018), uno de los grandes investigadores que han venido participando en las Jornadas de Llerena. Falta una mínima presentación del personaje.
Las ponencias y comunicaciones de 2018, aquí recogidas, estuvieron dedicadas a un hijo preclaro de la ciudad (c. 1518-1554), Pedro Cieza de León. No todos los estudios versan sobre su figura y obra. En realidad, apenas media docena de ellos, entre los dieciocho que constituyen este volumen con 326 páginas. Serán, no obstante, los referidos en nuestra reseña.
Si bien todos los historiadores de América lo juzgan el príncipe de los cronistas de Indias, son bien pocos los datos firmes que del mismo se saben, casi todos sacados o deducidos de su magna obra, la Crómica del Perú, cuya fortuna editorial tampoco es fácil establecer. Concepción Bravo Guerrero, catedrática emérita de la Complutense, traza la trayectoria vital del autor, tan corra en años, destacando la metodología que el extremeño sigue para componerla basándole en sus propias experiencias por el Nuevo Mundo; los testimonios recabados de informantes, indígenas o españoles, y la consulta de los escritos que tuvo a su alcance. Se destaca el respetuoso interés que Cieza siempre mostró ante las maravillas naturales y la cultura del Imperio incaico, así como los apuntes críticos contra los abusos de los conquistadores.
Que era de linaje judeoconverso, como muchos otros paisanos decididos a emprender la aventura transoceánica, lo demuestra Luis G. Garraín, cronista de Llerena y sin duda el máximo conocedor de sus archivos. Cieza de León (el baile de apellidos fue frecuente en la época) pertenecía a la familia de los Cazalla, poderosa familia de origen hebreo, asentada junto a los umbrales mismos del Tribunal de la Inquisición de Extremadura. Garraín, que había publicado el estudio pionero “Los judíos conversos en la provincia de León del Maestrazgo de Santiago y el Obispado de Badajoz a finales del siglo XV” (REEX, 1996-III), sirviéndose de la relación de personas habilitadas por los Inquisidores tras el bautismo, previo pago de penas económicas, ofrece el árbol genealógico del cronista. En el mismo predominan los mercaderes, pero no faltan funcionarios, alcaldes, clérigos, arrendadores de alcabalas y algún otro escritor.
Amalia Iniesta Cámara, profesora de la Universidad de Buenos Aires y de la Complutense madrileña, se doctoró con la tesis El valor literario en la obra del Inca Garcilaso de la Vega. Aquí se ocupa de las relaciones que se pueden estimar entre los Comentarios Reales de éste y la Crónica de Cieza, sin duda utilizada ampliamente por el famoso mestizo (hijo de un capitán extremeño).
Por último, José Ramón Vallejo Villalobos y José M. Cobos Bueno, profesores de la UEX interesados en la historia de la ciencia, suscriben “Drogas vegetales en la obra Parte primera de la Crónica del Perú de Pedro Cieza de León”. Señalan la atención que el llerenense prestase a la medicina indígena, tan generosa en el uso curativo de determinadas plantas, unas mejor descritas por él que otras. M.P.L. Francisco Javier Mateos Ascacíbar y Felipe Lorenzana de la Puente (coords), España y América. Cultura y Colonización: V Centenario del nacimiento de Pedro Cieza de León, cronista de Indias (1518-1554). Llerena, Sociedad Extremeña de Historia, 2019.

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Con el patrocinio de la
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Consejería de Cultura e Igualdad


 

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