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En Cataluña se apagaron las farolas y se encendieron los grillos del odio

JOSÉ MARÍA FERNÁNDEZ GUTIÉRREZ

Profesor ya jubilado de Literatura en la Universidad Rovira y Virgili (Tarragona), a José María Fernández (Mora de Luna, 1942) lo conocí a principios de los años ochenta del pasado siglo, cuando comencé a seguir la obra de D. Enrique Díez –Canedo (Badajoz, 1879-México, 1944) para mi Literatura en Extremadura. El doctor leonés, residente en Tarragona, había publicado una valiosa Antología (Salamanca, Almar, 1979) contribuyendo a actualizar la figura del gran crítico, ensayista y poeta muerto en el exilio. A tan encomiable objetivo se sumaría la publicación de su tesis doctoral, Enrique Díez-Canedo. Su dimensión humana, su tiempo y su obra (Badajoz, Diputación, 1984). Grande fue su alegría cuando le comunicamos que el Ayuntamiento pacense, merced al empeño de Jesús Delgado Valhondo, había decidido dedicarle una calle de la ciudad al ilustre “transterrado” (cfr. pág. 78).

También a solicitud nuestra, José María Fernández prepararía la edición, con enjundioso preliminar, del volumen 4 Novelas eróticas de Felipe Trigo (Badajoz, Diputación, 1986), novelista al que tiene dedicados otros estudios.
Desde entonces, no dejó de seguir, más o menos cercanamente, las obras de los escritores extremeños. Especial interés ha mostrado por la poética de Jaime Álvarez Buiza. Lo invitó a conferenciar en la Rovira y Virgili (2004) y le ha pedido prólogo para esta su última obra, demanda que ha sido muy cordialmente atendida.

Entre las muy numerosas publicaciones de J. Mª. Fernández cabe destacar la serie que ha venido dedicando a autores de recia personalidad, como Santa Teresa, Unamuno, Rafael Alberti, Antonio Machado, Arturo Barea, León Felipe o García Lorca, entre otros, esforzándose por aproximar dichos creadores al público juvenil.

De todos ellos se localizan huellas en estas páginas, nominadas con versos pedidos al último de la lista (El Romancero Gitano). El título no puede ser más explícito. Porque al autor le conmueven la “deriva catalana” y el desarrollo del “procès” independentista. Lo ha venido anunciando desde que el ya lejano enero de 1981 firmase el famoso “Manifiesto de los mil trescientos”, junto a Amando de Miguel, Jiménez Losantos, Carlos Sahagún, Santiago Trancón y tantos como se atrevían a denunciar la discriminación de la lengua española en Cataluña. Caro lo habrían de pagar muchos de ellos y, sin duda, José María Fernández.

Pero él ha seguido fiel a las intuiciones originales, agravadas por acontecimientos más recientes y que son de alcance público. Las volvió a manifestar en su obra penúltima, El libro de olor a queso y a tierra mojada (2017), y esa actitud rebelde nutre las páginas de la que aquí presentamos. Imposible buscar mesura o, si se quiere, seny, a lo que se escribe con el corazón mordido más bien por la rautxa. Justo la que experimenta el ensayista forzado por el establishment (léase, la Generalitat y sus inabarcables e interesadas ramificaciones) a comulgar con ruedas de molino, imponiendo el olvido de la historia y la tergiversación de los datos socioeconómicos más flagrantes. Algo que suele ocurrir, avisa, si se barajan ideas en lugar de creencias (Ortega), con los sentimientos imponiéndose a la lógica o el principio de placer al principio de realidad (Freud). Aunque no carga la culpa de este peligroso desvarío solamente sobre los políticos catalanes, pues le incomodan sobremanera las actuaciones de un Rodríguez Zapatero, frívolo e irresponsable hasta la exasperación (si no lo supera Pedro Sánchez).

Son innumerables los ejemplos de este fenómeno casi psicodélico, algunos próximos a la auténtica vesania, aducidos por el escritor, que se esfuerza siempre en adobarlos con cultas referencias literarias, desde las fábulas de Esopo o el preliminar de la Celestina, a Ya nadie llora por mí, del nicaragüense Sergio Ramírez.

He pagado con gusto los 15 euros que cuesta el libro, sencillamente editado. Daría mucho más por que los grillos del odio escapasen a sus oscuras cuevas y las farolas volviesen a iluminar un panorama de concordia, donde los catalanes se encontraran felices con el resto de los españoles. Y estos con aquellos. El autor duda mucho de que eso sea posible, al menos en un futuro próximo, si no se experimentan cambios radicales, como los que se atreve a proponer.

José María Fernández Gutiérrez, En Cataluña se apagaron las farolas y se encendieron los grillos del odio. Prólogo de Jaime Álvarez Buiza. Tarragona, Printcolorweb.com, 2019


Con el patrocinio de la
JUNTA DE EXTREMADURA
Consejería de Cultura e Igualdad


 

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