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Doctor en Filología Clásica, a Álvarez Martínez se le conoce por haber dirigido el Museo N. de Arte Romano de Mérida /1974-1986); por sus trabajos sobre construcciones romanas y las numerosas excavaciones arqueológicas cuya responsabilidad asumió. Recordemos que fue becario del Ministerio de Asuntos Exteriores en Turquía (1974); del Deutsches Archäologisches Institut (1977-78, 1995, 2003 y 2006) y de la Escuela Española de Arqueología en Roma (1983), así como Técnico-Arqueólogo de la Comisaría General de Excavaciones Arqueológicas (1972-1974), entre otras muchas dedicaciones relacionadas.

Miembro de la R. Academia de Extremadura desde 1996 y autor de numerosos libros, el Dr. Álvarez, que obtuvo la Encomienda con Placa de la Orden de Alfonso X el Sabio (2017), decide exponer al alcance del gran público la importancia de uno de los yacimientos donde más se ha significado, la ciudad romana de Regina, próxima a Llerena.
La cosa viene de lejos. El 1978, director por el entonces del Museo Arqueológico Provincial de Badajoz, José María Álvarez Martínez, programó, con su equipo, un estudio sobre dicho entorno, término de Casas de Reina, en plena Campiña Sur.
Con la ayuda, en primer lugar, del Ministerio de Cultura y, posteriormente, de la Consejería de Cultura de la Junta de Extremadura se pudieron llevar a cabo campañas de excavaciones que ofrecieron considerables resultados para el conocimiento de la estructura urbana del antiguo municipio romano y de dos de sus sectores más significativos: el área del Teatro y la del Foro.
Regina, inserta en la amplia región de la Baeturia turdulorum y adscrita al conventus Cordubensis, al decir de Plinio, fue un floreciente municipio (alcanzó esta categoría administrativa y política en el curso de la dinastía Flavia) y se constituyó en el centro de explotación de los ricos yacimientos metalíferos de la zona, bajo la atenta mirada de la autoridad imperial. Su desarrollo fue continuo hasta que el cierre de las explotaciones mineras trajo consigo el de su decadencia.
En esta monografía, bien editada y con numerosas ilustraciones, se nos habla de los antecedentes de la ciudad romana y de sus yacimientos-clave como son el “Cerro de las Mesillas”, donde se ha querido situar la ciudad de Erisane, teatro de operaciones, como lo fue el vecino campamento romano de “El Pedrosillo”, de las pendencias entre romanos y lusitanos y el “Cerro de las Nieves”, donde se alzaría, andando el tiempo, la conocida alcazaba almohade que tanto costó domeñar a Pelai Pérez Correa en su camino hacia Sevilla.
Tras la referencia a la riqueza metalífera de la zona se hacen consideraciones sobre la fundación de la ciudad para pasar a su momento de esplendor, el período flavio, con la figura del emperador Domiciano, en cuyo tiempo se levantó tanto el templo dedicado a la Piedad Augusta (en recuerdo de su hermano Tito) y el Teatro, el edificio más conocido de la ciudad, en magnífico estado de conservación y hoy uno de los motores que dinamizan el panorama cultural y turístico de la zona.
Destacan los aspectos relacionados con la estructura urbana reginense, con una red de cloacas perfectamente conservada y el espacio forense con la presencia de tres templos de carácter neopúnico, cuyos programas iconográficos, de excelente calidad, nos invitan a identificarlos con el culto a la diosa del lugar, Juno Regina, al genio protector de la ciudad y a la casa imperial, en este caso representada por el emperador Trajano, cuyas efigies fueron halladas en el curso de las excavaciones.
Con unas consideraciones sobre el momento final de la vida en el municipio romano, notas sobre hallazgos, una selección de títulos bibliográficos sobre el yacimiento y un necesario glosario de términos latinos concluye esta monografía que, sin duda, nos acerca, de manera sencilla y directa, al conocimiento de una de las más importantes ciudades de Extremadura.

José María Álvarez Martínez. La ciudad romana de Regina. Mérida, Centro de Conservación y Restauración de Bienes Cultural. Consejería de Cultura e Igualdad, 2018

450 ANIVERSARIO DE LA BIBLIA DEL OSO

El año 1569 se publicaba en Basilea la célebre Biblia del oso. Se la denominó así por las imágenes de su portada, que muestran un úrsido (logotipo del impresor bávaro Apiarius) intentando abrir un panal de miel labrado en el tronco de un árbol. Se trata de la primera traducción completa de las Sagradas Escrituras, Antiguo y Nuevo Testamento, desde los textos originales al castellano, por cierto magnífico. Su autor era un fraile jerónimo proclive a la Reforma protestante, Casiodoro de Reina (Montemolín, c. 1520- Frankfort, 1594), escapado casi milagrosamente de las garras de la Inquisición. El autor de aquella gesta filológica lo fue también de otra obra importantísima, las Inquisitionis Hispanicae Artes (Heidelberg, 1567), un sólido alegato contra el Santo Tribunal y sus temibles actuaciones, compuesto quizás con ayuda de Antonio del Corro, culto fraile amigo, fugado también del monasterio de San Isidoro (Santiponce), y natural tal vez de Fuente de Cantos. La Biblia del oso, retocada en la Biblia del cántaro por Cipriano de Valera, otro jerónimo nacido junto a Fregenal, constituye la que popularmente se conoce como la “Biblia protestante”, acaso el libro español más reeditado después del Quijote.
También Monesterio ha querido sumarse este año a la celebración de las Jornadas de Historia que con tanta fortuna vienen organizándose en las vecinas poblaciones de Llerena, Fuente de Cantos y Zafra. Promovido por el IES “Juan Calero” y con el apoyo de su Ayuntamiento, tuvo lugar su primer simposio el 15-III-2019, que tuve el honor de moderar. A los numerosos asistentes se les entregó ejemplares del volumen que reseñamos, donde se recogen las tres ponencias allí defendidas. Fue un acierto centrarlas en la figura y obras de Casiodoro, para así conmemorar cumplidamente el 450 aniversario de su Biblia.
La apertura del encuentro estuvo a cargo de Emilio Monjo, sin duda quien más aportó para que se organizase. Natural de Monesterio, doctor en Filología español, pastor de la Iglesia presbiteriana reformada de Sevilla y director del CIMPE (Centro de Investigación y Memoria del Protestantismo Español), es autor de numerosas publicaciones y alentador de otras muchas. Sus conocimientos son realmente impresionantes, según demuestra la biobibliografía que de Casiodoro aquí compone. Por lo demás, junto a los sólidos datos que del personaje aporta, destaca el espíritu de tolerancia, libertad, respeto e irenismo latente en todas sus palabras.
Intervino después Andrés Oyola Fabián para establecer líneas paralela entre los dos grandes escrituristas surextremeños, Casiodoro y Arias Montano. Catedrático de Latín, miembro de la R. Academia de Extremadura y doctorado con una tesis sobre Francisco de Arce, autor (¿junto con Montano?) de un famosísimo estudio de traumatología, el De recta curandorum vulnerum (Amberes, 1574), Oyola destaca similitudes bien establecidas entre los dos genios y apunta otras posibles, que él mismo seguramente desvelará en estudios próximos.
Por último, Pablo Luis Nogues Chavero, joven profesor del Instituto monesteriense, demuestra que la reforma protestante en la Sevilla del XVI tuvo notables seguidoras femeninas, capaces de defender sus tesis hasta morir ejecutadas. Las hubo tanto de las familias más nobles, como entre mujeres humildes, casi siempre próximas a determinados conventos, beaterios o parroquias.
La publicación incluye un apéndice donde se reproducen cuatro valiosos documentos: 1) Trozos de la Exposición de la primera parte del capítulo cuarto de Mateo sobre los piadosos Ministros de la palabra, frente a los que deben precaverse a tiempo (Casiodoro, Fráncfort, 1573). 2) Parte del Comentario de Casiodoro de Reina al Evangelio de San Juan (1573). 3) La presentación de la Confesión de fe presentada por Casiodoro (1560) y 4) Pasajes de Epístola consolaría, escrita por Juan Pérez de Pineda el año 1560 para los presos en la cárcel de la Inquisición de Sevilla
Por fortuna, los temibles jueces del “exurge, Domine, et iudica causam tuam” (Álzate, oh Dios, y defiende tu causa) no pudieron hacerse con Casiodoro y otros de correligionarios. Los quemarían, sí, “en efigie”, mientras ellos, huidos a Europa, realizaban las tareas intelectuales para las que tan bien dispuestos estaban. Emilio Monjo Bellido y otros, Casiodoro de Reina: la Reforma española. Sevilla, CIMPE, 2019.

JOSÉ MARÍA FERNÁNDEZ GUTIÉRREZ

Profesor ya jubilado de Literatura en la Universidad Rovira y Virgili (Tarragona), a José María Fernández (Mora de Luna, 1942) lo conocí a principios de los años ochenta del pasado siglo, cuando comencé a seguir la obra de D. Enrique Díez –Canedo (Badajoz, 1879-México, 1944) para mi Literatura en Extremadura. El doctor leonés, residente en Tarragona, había publicado una valiosa Antología (Salamanca, Almar, 1979) contribuyendo a actualizar la figura del gran crítico, ensayista y poeta muerto en el exilio. A tan encomiable objetivo se sumaría la publicación de su tesis doctoral, Enrique Díez-Canedo. Su dimensión humana, su tiempo y su obra (Badajoz, Diputación, 1984). Grande fue su alegría cuando le comunicamos que el Ayuntamiento pacense, merced al empeño de Jesús Delgado Valhondo, había decidido dedicarle una calle de la ciudad al ilustre “transterrado” (cfr. pág. 78).

También a solicitud nuestra, José María Fernández prepararía la edición, con enjundioso preliminar, del volumen 4 Novelas eróticas de Felipe Trigo (Badajoz, Diputación, 1986), novelista al que tiene dedicados otros estudios.
Desde entonces, no dejó de seguir, más o menos cercanamente, las obras de los escritores extremeños. Especial interés ha mostrado por la poética de Jaime Álvarez Buiza. Lo invitó a conferenciar en la Rovira y Virgili (2004) y le ha pedido prólogo para esta su última obra, demanda que ha sido muy cordialmente atendida.

Entre las muy numerosas publicaciones de J. Mª. Fernández cabe destacar la serie que ha venido dedicando a autores de recia personalidad, como Santa Teresa, Unamuno, Rafael Alberti, Antonio Machado, Arturo Barea, León Felipe o García Lorca, entre otros, esforzándose por aproximar dichos creadores al público juvenil.

De todos ellos se localizan huellas en estas páginas, nominadas con versos pedidos al último de la lista (El Romancero Gitano). El título no puede ser más explícito. Porque al autor le conmueven la “deriva catalana” y el desarrollo del “procès” independentista. Lo ha venido anunciando desde que el ya lejano enero de 1981 firmase el famoso “Manifiesto de los mil trescientos”, junto a Amando de Miguel, Jiménez Losantos, Carlos Sahagún, Santiago Trancón y tantos como se atrevían a denunciar la discriminación de la lengua española en Cataluña. Caro lo habrían de pagar muchos de ellos y, sin duda, José María Fernández.

Pero él ha seguido fiel a las intuiciones originales, agravadas por acontecimientos más recientes y que son de alcance público. Las volvió a manifestar en su obra penúltima, El libro de olor a queso y a tierra mojada (2017), y esa actitud rebelde nutre las páginas de la que aquí presentamos. Imposible buscar mesura o, si se quiere, seny, a lo que se escribe con el corazón mordido más bien por la rautxa. Justo la que experimenta el ensayista forzado por el establishment (léase, la Generalitat y sus inabarcables e interesadas ramificaciones) a comulgar con ruedas de molino, imponiendo el olvido de la historia y la tergiversación de los datos socioeconómicos más flagrantes. Algo que suele ocurrir, avisa, si se barajan ideas en lugar de creencias (Ortega), con los sentimientos imponiéndose a la lógica o el principio de placer al principio de realidad (Freud). Aunque no carga la culpa de este peligroso desvarío solamente sobre los políticos catalanes, pues le incomodan sobremanera las actuaciones de un Rodríguez Zapatero, frívolo e irresponsable hasta la exasperación (si no lo supera Pedro Sánchez).

Son innumerables los ejemplos de este fenómeno casi psicodélico, algunos próximos a la auténtica vesania, aducidos por el escritor, que se esfuerza siempre en adobarlos con cultas referencias literarias, desde las fábulas de Esopo o el preliminar de la Celestina, a Ya nadie llora por mí, del nicaragüense Sergio Ramírez.

He pagado con gusto los 15 euros que cuesta el libro, sencillamente editado. Daría mucho más por que los grillos del odio escapasen a sus oscuras cuevas y las farolas volviesen a iluminar un panorama de concordia, donde los catalanes se encontraran felices con el resto de los españoles. Y estos con aquellos. El autor duda mucho de que eso sea posible, al menos en un futuro próximo, si no se experimentan cambios radicales, como los que se atreve a proponer.

José María Fernández Gutiérrez, En Cataluña se apagaron las farolas y se encendieron los grillos del odio. Prólogo de Jaime Álvarez Buiza. Tarragona, Printcolorweb.com, 2019

El año 1817 fallecía en Montpellier, exiliado para rehuir las persecuciones de Fernando VII contra constitucionalistas y liberales, el poeta y ensayista Meléndez Valdés (Ribera del Fresno, 1754). Para conmemorar el segundo centenario de tan triste muerte, los organizadores de las IX Jornadas de Historia de Almendralejo y Tierra de Barros, decidieron dedicar el simposio a tan ilustre personaje bajo el lema “Juan Meléndez Valdés y su tiempo en Tierra de Barros…”. Se recogen las ponencias y comunicaciones allí defendidas en este volumen con 430 páginas de formato mayor, que coordinan Juan Diego Carmona Barrero y Matilde Tribiño García.
Felipe Lorenzana, que recientemente dio a luz el estudio Extremadura, voto en Cortes. El nacimiento de una provincia en la España del siglo XVII (Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2018), boceta aquí el contexto histórico de la región, resaltando las inquietudes políticas dominantes en la época durante la centuria del enfrentamiento entre el Antiguo y Nuevo régimen, con la Constitución de Cádiz en lontananza.
El segundo ponente, Jesús Cañas Murillo, estudia las relaciones entre el Meléndez Valdés y el “casi extremeño”, aunque nacido en Madrid, Manuel José Quintana, buen amigo del escritor pacense, más bien maestro, cuyos versos antologó en el tomo cuarto de la obra Poesías selectas castellanas desde el tiempo de Juan de Mena hasta nuestros días (1830). Quintana le antepuso (sin firma) el valioso preliminar “Noticia histórica y literaria de Meléndez”. Ya antes, él mismo se había encargado de preparar los cuatro volúmenes de las Poesías de D. Juan Meléndez Valdés (Madrid, Imprenta Nacional, 1820).
Muy breve, aunque enjundioso, es el apunte de Miguel Ángel Lama, que lo titula significativmente “El desamparo de Juan Meléndez Valdés. Poesías e ideas de un ilustrado”. Se inspira el profesor en la oda XXIV del de Ribera, cuya entradilla preanuncia ya el doloroso sentir del sujeto lírico, que los románticos harán famoso: “A la mañana, en mi desamparo y soledad”.
El resto de las comunicaciones contribuyen a contextualizar mejor la vida de Meléndez: estado social y económico de Ribera (Juan Antonio Balleteros Díez); la encomienda en dicho pueblo asentada (Ángel Bernal Estévez) o las propiedades allí mantenidas por la Casa de Medinaceli (José María Moreno González). Otros congresistas exponen cuestiones artísticas, demográficas, jurisdicionales, históricas e incluso pedagógicas de poblaciones del entorno (Burguillos del Cerro, Villalba, Almendralejo). Trabajos todos importantes para conocer mejor la biografía de un gran hombre, escritor excelente, bibliófilo consumado, pensador profundo, amante de su país y fiel a los ideales progresistas sostenidos desde la juventud.

Juan Diego Carmona Barrero y Matilde Tribiño García (coords.), Juan Meléndez Valdés y su tiempo en Tierra de Barros en el bicentenario de su muerte (1817-2017). Almendralejo, Asociación Histórica de Almendralejo, 2018

La mayoría de los extremeños no especializados en Sociología o Ciencias Políticas descubríamos a María de los Ángeles Durán Heras (Madrid, 1942) cuando el año 2009 se le concedía la Medalla de Extremadura. Desde entonces, el nombre de la catedrática madrileña no ha hecho sino crecer entre nosotros. Sus publicaciones, galardones universitarios y premios (el último, el Nacional de Sociología 2018) nos la traen una y otra vez a la memoria. También la participación en foros regionales (v.c., el Club Senior) han ido robusteciendo las raíces que la ligan a nuestra Comunidad, donde mantiene casa (San Martín de Trebejo). Su padre fue ingeniero industrial, originario de la Sierra de Gata.
Doctorada (1971) con una tesis sobre El trabajo de las mujeres en España, donde denuncia la invisibilidad femenina en las entidades de producción y transmisión del conocimiento, se ha mantenido atenta a este fenómeno, según delatan no pocos títulos de sus obras, como El ama de casa. Crítica política de la economía doméstica (1978) Una ausencia de mil años (1981), Liberación y Utopía. La mujer ante la ciencia(1981) o Mujeres y hombres en la formación de la teoría sociológica (1991). Otros temas irán convirtiéndose para Durán en asuntos de investigación preferente, hasta devenir en la máxima especialista nacional. Tal vez el más atendido es la evaluación económica del trabajo no remunerado, el que ejercen casi en exclusividad las mujeres dentro de los hogares, y sus relaciones con la estructura socioeconómica del país. Se caracteriza también la autora por la constante búsqueda de datos empíricos sobren los que fundamentar sus hipótesis, tesis y teorías sobre las sociedades contemporáneas (siempre atenta al futuro más o menos inmediato de las mismas).
De todo ello se encontrarán apuntes en La riqueza invisible del cuidado, volumen con medio millar de páginas y rotunda bibliografía, que viene a ser la síntesis de la trayectoria investigadora de alguien capaz de combinar rigor académico indiscutible con una meridiana claridad de exposición. Auspicia la obra la Universidad de Valencia, que tuvo el acierto de investir (3 febrero 2012) doctora honoris causa a Durán de las Heras, cuya laudatio corrió a cargo de D. Antonio Ariño. Se la reproduce aquí, junto con la oportuna lectiode la recipiendaria, las elogiosas palabras de clausura a cargo del Rector, D. Esteban Morcillo Sánchez, y la impresionante biobibliografía de la nueva doctora, minuciosamente compuesta por Dª Irene Liberia Vayá.
No se olvide que para componer esta síntesis de sus conocimientos e interpretaciones, la investigadora cuenta también con una experiencia personal del cuidado que hubo de recibir cuando enfermó gravemente (ver Diario de batalla. Mi lucha contra el cáncer, 2003). Parte de un hecho incontestable, sobre todo en lo que se llama mundo desarrollado: la drástica reducción de la natalidad y el incremento de los años de vida. La pirámide ya no representa a las poblaciones (si se exceptúa, por ahora, el “tercer mundo”); hay que recurrir a otras metáforas, como la torre e incluso la seta: cada día son menos los niños y mucho más los viejos. ¿Quién cuidará de las personas desvalidas, cada vez más numerosas, incapaces de atender por si mismas a sus necesidades vitales de salud, alimento, higiene, atención, etc.? ¿Cuánto cuesta y de dónde sacar ese importe económico que requiere contar con cuidadores bien dispuestos, los encargados de realizar tareas, cada día más costosas, que tradicionalmente pesaron sobre los hombros solidarios de las mujeres de las familias afectadas, con sacrificios colosales? ¿Hasta dónde habrán de implicarse las administraciones públicas, con oportunos presupuestos, para proporcionar los cuidados que los familiares de los desvalidos, ni con ayuda de entidades de apoyo voluntario, no estarán en condiciones proporcionarles, por razones múltiples, y no solamente de carácter crematístico?
Son interrogantes que se plantean en la obra. No las únicas. Abordadas con apoyatura en fuentes empíricas (abundancia de gráficos y tablas reveladoras) y recursos metodológicos originales, cabe resaltar también la abundancia de nuevas categorías que para definir conceptos aún en debate, se manejan. Por señalar algunas, recordaremos las formuladas como “cuidatoriado” (posible clase social), “salarios y precios sombra” (importe no establecido en el mercado laboral), “ley de hierro del cuidado”, “externalización del trabajo doméstico”, “síndrome del siamés”, los beautiful viejos, el “burnout sanitario” o el “anticuidado”.
En resumen, un estudio de sociología que ilumina e inquieta (y eso que no pone en cuestión el futuro de las pensiones o los flujos migratorios).

M. Ángeles Durán, La riqueza invisible del cuidado. Valencia, Universidad, 2018.

La R. Academia de Extremadura abría solemnemente la inauguración del actual curso (Cáceres, 4 octubre 2018) otorgando a D. Bartolomé Gil un diploma de reconocimiento como gratitud por los favores que de dicha persona ha recibido. Asumió la laudatio del hoy ilustre extremeño D. Feliciano Correa Gamero, quien pone prólogo a esta segunda edición, corregida y aumentada, de la biografía publicada hace dos lustros con significativo titular: El hambre y la fe. El camino de una vida. Alguien nacido en familia con máximas necesidades (Santa Marta, 1935), el albañil que no pudo ir a la escuela y sólo aprendió a leer ya adulto, tras superar dificultades increíbles para sobrevivir y mantener a los suyos, llegaría a labrarse un sólida posición económica a fuerza de trabajo, ingenio y osadía. Aquel hijo de un humilde barbero destrozado por los avatares de la guerra civil, nunca olvidará sus orígenes. Entre otras virtudes, ha mantenido un admirable espíritu solidario, que le convertirá durante decenios en el “Mecenas de Extremadura” por antonomasia. Ni le sujetarán los límites regionales, que las generosas “bartoladas” se pueden percibir también en instituciones de apoyo a la infancia desamparada de países como Perú, Santo Domingo o Bolivia.
Fue precisamente Santiago Brun (n. Badajoz, 1945), coordinador de la ong ADASEC, desde donde se desarrollan proyectos de ayuda a los más desfavorecidos, quien convenció a Bartolomé Gil para que trazase sus memorias. Consciente de que no lo pondría por escrito, se las hizo contar delante de una grabadora. A esos materiales lingüísticos le dio forma literaria José Luis Blanco Fernández (n. Plasencia 1945), hombre polifacético (arqueólogo, funcionario internacional, informático, ensayista), que justamente luce como autor de la obra. Ha tenido el acierto de respetar el tono autobiográfico, redactándola en primera persona. Aunque se percibe (a veces, en exceso) la reelaboración del discurso original, no le resta frescura, sobre todo en los pasajes donde, para enfatizar la pureza prístina, las declaraciones o diálogos se imprimen en cursivas.
He vuelto a leer, casi de un tirón, estas entrañables memorias, conmovido por la calidad humana del protagonista. Pero no se trata sólo de innegable etopeya (“descripción del carácter, las acciones y las costumbres de una persona”), sino retrato sociológico de las épocas históricas que le tocó vivir. Dos resultan aquí especialmente interesantes: los años cuarenta y los setenta del pasado siglo, marcados los primeros por las dificultades de la autarquía posbélica y caracterizados los otros por la explosión de un desarrollismo a ultranzas. Aquel rapaz, de resistencia extraordinaria, siempre famélico, sobrevive malamente merced al rebusco, las trampas o el robo de bellotas, habas, espárragos y aceitunas entre Feria, Santa Marta, Cortegana y el mismo Badajoz. Hasta que, apenas alcanzada la pubertad, decide meterse de polizón en un tren y largarse a Madrid, sin apoyo de nadie. Quien pudo convertirse en cualquier joven marginal, incluso peligroso, merced al formidable tesón y las dosis de atrevido ingenio que lo distinguen, irá transformándose en apreciado alarife y, bien pronto, notable constructor, especialista en restaurar antiguos monumentos. Después creará todo un abanico de empresas, Sin duda, como bien resaltan tantas páginas, su esposa, otra extremeña humilde, con la que lleva unido más de sesenta años, ha desempeñado un papel inconmensurable en la vida Bartolomé Gil.
Mil anécdotas adornan el relato, algunas próximas al mejor surrealismo, tales las maquinaciones para “chorizar” y traerse un tranvía hasta Santa Marta, donde tanto lucharía por poner un polígono industrial que frenase la diáspora. O la relación de un viaje a Rusia antes de la “perestroika”. Y no faltan graciosas inexactitudes, como la de atribuir (pág. 260 a “Jaime Naranjo”, no a Eduardo, la autoría del volumen de grabados Poeta en Nueva York, maravilloso homenaje a García Lorca, del que hoy figura un ejemplar en la biblioteca universitaria de Albuquerque (USA), hasta donde lo llevó nuestro mecenas.
Lo hizo con la misma generosidad que lo indujo a apoyar ediciones (la Historia de la Baja Extremadura, entre otras muchas); excavaciones arqueológicas (v.c., Cancho Roano); rehabilitaciones (v.c. Rocamador); asociaciones sociopolíticas (Hogar Extremeño de Madrid, AREX); periódicos o revistas y tantos otros proyectos que han ido llamando a sus puertas. Porque, según ha dicho a menudo, “del dinero que se gana, una parte pertenece a los demás”. José Luis Blanco Fernández, El hambre y la fe. El camino de una vida. Relato biográfico de la vida de Bartolomé Gil Santacruz. Badajoz, Tenagil, 2018, 2ª


Con el patrocinio de la
JUNTA DE EXTREMADURA
Consejería de Cultura e Igualdad


 

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