Fondo Logo

Natural de Carmona y residente desde 1994 en Extremadura, donde ejerce como profesor de Instituto, el Dr. Esteban Mira tiene publicados una larga veintena de libros y numerosos trabajos. A unos y otros, centrados en la conquista de América durante el s. XVI por los españoles, los distinguen diferentes rasgos, que los hacen sumamente valiosos: independencia de criterio; escepticismo ante las tesis más extendidas y, sobre todo, la apoyatura en datos de primera mano, tras exhaustivas búsquedas en numerosos archivos, sin desconocer el aparato bibliográfico pertinente. A todo eso cabe añadir la calidad de su prosa, que convierte los textos del historiador en narraciones amenísimas. Así lo hemos podido percibir en las obras que ha venido dedicando a personalidades como Hernán Cortés, Francisco Pizarro o Hernando de Soto; el (mal)trato a los indios de las Antillas; las relaciones entre imperialismo y poder o los entresijos de la “leyenda negra.
Los repite en este estudio, realmente abrumador, sobre las armadas que el Imperio español supo fundar para sostener sus inmensas posesiones en tiempo de los Austrias mayores. Tras recoger innumerables apuntes en los archivos de la Chancillería de Granada, el General de Indias, el de Simancas, el Histórico Nacional, los de protocolos de Sevilla y Carmona, el Municipal de Almendralejo y el Valverde Lasarte (70 de las 400 páginas del libro las constituyen las notas explicativas), ha compuesto un volumen extraordinario, que también incluye la relación bibliográfica; 6 apéndices documentales y sinópticos, más un glosario básico.
Tanto Carlos V y Felipe II, como sus herederos en el trono, fueron muy conscientes de cuánto necesitaban potentes flotas para defenderse contra muy poderosos enemigos de otros reinos (Inglaterra, Francia, Holanda, la Sublime Puerta turca); asegurar la llegada a la Península de los metales preciosos enviados desde América, así como las personas y bienes que desde aquí salían hacia el Nuevo Mundo y, claro está, combatir a corsarios, filibusteros, bucaneros y piratas que por todos los mares surgían con el afán de hacerse con aquellos tesoros.
Para ello irían organizando, con enorme eficacia, pese a la carencia de recursos económicos y humanos suficientes para tan magna empresa, un complejo sistema naval, con numerosas armadas que, si distintas, con frecuencia interactuaban entre ellas. La Guardacostas de Andalucía y la de la Carrera fueron las más importantes, pero hubo bastantes más, con el inolvidable “Galeón de Manilas”.
El autor da minuciosa cuenta de los buques que las componían (carabelas, fustas, pataches, urcas, carracas, bergantines, naos y tantos más, cada uno más apropiado para determinadas funciones, con el galeón como auténtica fortaleza). Describe cómo se montaban, armaban y mantenían, merced al apoyo real, las contribuciones particulares y los impuestos (en especial el de “avería”). Refiere con sabrosísimos detalles la extraordinaria dureza de la vida a bordo y la forma de reclutar hombres para un oficio peligroso, tarde y mal pagado, mal visto, todo lo cual se agravaba en momentos especiales (luchas, huracanes, epidemias, etc.). A no pocos se le prestará singular atención, como la batalla de Lepanto o las vicisitudes de la “Armada Invencible”.
Demuestra que la política naval de la Monarquía Hispánica fue en conjunto un éxito a lo largo de los siglos XVI y XVII. Factores fundamentales para mantener la hegemonía mundial merced a sus flotas lo constituyen las felices innovaciones que supieron introducir, como la hábil combinación de barcos cañoneros e infantería de marina (en ocasiones, los imbatibles tercios) y el sistema atinado para controlar las rutas (Casa de la Contratación de Sevilla) y la creación de lo que puede considerarse la primera Universidad del Mar con el fin de formar pilotos y tripulaciones instruidos en cuanto el “arte de marear” requería. Hubo derrotas, pero fueron muchísimos más los logros y triunfos navales, para mantener un imperio donde “el sol no nacía ni se ponía”. Todo costaba recursos económicos inmensos. Sólo cuando faltaron, en la misma medida que los Austrias declinan, decayó aquella armada, “una de las más grandes y respetadas que la historia ha visto”. M.P. L. Esteban Mira Caballos, Las armadas del Imperio. Poder y hegemonía en tiempo de los Austrias. Madrid, La esfera de los libros, 2019.

Aunque hubiera de tener razón el gran Rubén Darío cuando sentenciaba que “a mi entender, Miguel de Unamuno es ante todo un poeta y quizá solo eso”, la verdad es que el reconocimiento casi unánime lo obtuvo el rector salmantino principalmente por su obra ensayística y quizás sus novelas. No obstante, tampoco las musas le fueron contrarias a este escritor polifacético que, junto a sus ponderadas obras de filosofía, narrativa y teatro, llegó labrar un corpus lírico de indudable interés.
No extrañe que atrajera el de José María Valverde (Valencia de Alcántara,1926-Barcelona, 1996), hombre que empatizaba con el bilbaíno por pasiones comunes como las del lenguaje, el sentimiento religioso (¡esa “agonía del cristianismo”!) o la cosa pública. “Cada día somos más, seguramente, los que consideramos la poesía de Unamuno como lo mejor y más duradero de su obra”, declara el antólogo (pág. 9).
Poeta tardío –confesó alguna vez que apenas había escrito verso alguno antes de los cuarenta -, el genial vasco (Bilbao, 1864- Salamanca, 1936) publicó su primer poemario cuando ya era rector de la Universidad de Salamanca, alejándose de las fórmulas por entonces predominantes en el país. Nos referimos al volumen Poesías (Bilbao, 1907), que contiene un centenar de composiciones, casi todas de carácter meditativo. Mayor impacto produjo El Cristo de Velázquez (Madrid, 1920), obra formada por 2.538 endecasílabos blancos, que los adolescentes de mi generación leímos con absoluto asombro. (Sobre los ensayos La agonía del cristianismo y El sentimiento trágico de la vida caería la censura eclesiástica, lo que no fue óbice para que también cayesen en nuestras ávidas manos). La devoción de Unamuno hacia las estrofas clásica por antonomasia quedaría patente en el libro De Fuerteventura a París (París,1925), que contiene un largo centenar y se concibió, según reza el subtítulo, como un “Diario íntimo de confinamiento y destierro vertido en sonetos”. En entrega posterior, Romancero del destierro (Buenos Aires, 1928), de similar temática, el autor se sirve de otras formas tradicionales. Ya póstumo (1953), apareció en Buenos Aires Cancionero. Diario poético (1928-1936), volumen con casi 2.000 poemas que D. Miguel había ido llevando a cuadernillos guardados en su chaqueta.
Esta pequeña antología, prologada por José María Valverde, reproduce los textos del tomo VI de las Obras completas Miguel de Unamuno (Madrid, Escelicer, 1969), depurándolos de las erratas que deslizaron pese al rigor de un filólogo tan exigente como fue Manuel García Blanco (discípulo, por cierto, del poeta), responsable de aquella edición. Publicada por primera vez el año 1970 y reimpresa en varias ocasiones, reaparece para gozo de cuantos amamos la poética unamuniana que, bien se sabe, ha tenido también no poco detractores (desde Juan Ramón Jiménez a los “novísimos”).
A mí siguen conmoviéndome y haciéndome pensar, entre muchos, sonetos de alcance teológico como “La oración del ateo” (pág. 50) o “Mi Dios hereje” (pág. 53). (Curiosamente, no se incluye otro que memorizábamos los bachilleres: Este buitre voraz de ceño torvo que me devora las entrañas fiero…). He vuelto a sonreír, por no llorar, con “Este hombre del chorizo y de la siesta” (pp. 66-69), extenso poema, que tanto me recuerda otra de Antonio Machado (Este hombre del casino provinciano…). Me emocionan los versos con evocaciones de Salamanca, Castilla y tantas “andanzas españolas”, por no decir el último poema que compuso, “Morir soñando”, (tenía que ser un soneto), pocos días antes de poner límite a su duro, infatigable bregar. Miguel de Unamuno, Antología poética. Madrid, Alianza, 2019.

El tiempo pasado (seguramente el sintagma más repetido) es “el tiempo maravilloso”, adelanta la autora en las páginas iniciales. A rescatar el de su infancia sube esta mujer, ya metida en la cincuentena, hasta el pueblecito, Ponte Stura, donde vivió esos años que, según Rilke, constituyen la verdadera patria del hombre. Aunque ya nada es igual, según comprueba desde los primeros instantes, persisten estímulos suficientes en aquella aldeíta del Piamonte italiano (montañas, valles, ríos, caserones, algún viejo edificio y, sobre todo, olores de todo género) que le permitirán, como a Proust su famosa magdalena en la taza de té, revivir la etapa prístina de la existencia, cuando va troquelándose la personalidad por cauces después ineludibles. Es lo que nos narra La penumbra que hemos atravesado, (La penumbra che abbiamo attraversato, 1964), novela forzosamente autobiográfica, que le supuso a Lalla Romana (Demonte, 1906-Milán, 2001), su primer gran éxito.
Tuvo que transcurrir un largo medio siglo para que apareciese traducida al castellano. Y qué fatalidad. Lo ha hecho el mismo mes de julio en que la muerte arrebataba a su editor, Julián Rodríguez Marcos (n. Ceclavín, 1968), una vez más atinado a la hora de elegir para su querida “Periférica” títulos tan valiosos como incomprensiblemente desconocidos en España.
Nacida y criada en una familia burguesa –el padre es funcionario del ayuntamiento local, músico y fotógrafo amateur -, extraordinariamente sensible, la autora fue impregnándose de cuanto rodeaba su hogar, la escuela donde estudia las primeras letras, la parroquia en que oficia un preboste ejemplar (hay otro cura mucho menos simpático), los lugares de ocio, los paseos de alta montaña … Todo un mundo tal vez ya periclitado, según puede comprobar en la visita, pero que irá aflorando de su subconsciente según va aproximándose a cada sitio.
Resurgen así ante nosotros en primer lugar los padres de la protagonista, cuyos caracteres, tan diversos, son analizados con extraordinaria finura. Les acompañan familiares y amigos, como la hermanita que le provocará enormes celos, o la casi omnipresente “tata” a cuyo cargo va creciendo y formándose. Después, las compañeras escolares, casi todas de origen muy humilde, con las que mantiene relaciones nada fáciles. Algunas pinceladas sobre la curiosa comunidad protestante que se había constituido en Ponte. Los teatros y marionetas que ocasionalmente actuaban en el pueblo. Y, por último, no pocos personajes de la pequeña comunidad sobresalientes por causas distintas. Ninguno tan atractivo como el simpático doctor, rara avis por aquellos entornos, un agnóstico de ideales progresistas y siempre alineado junto a los más desfavorecidos. Los ecos de la I Guerra Mundial también repercuten en el entorno (muchos montañeses formaron parte del ejército).
“No hay arrepentimiento ni nostalgia en este libro, pues aquel mundo no está perdido. Es cierto que ha pasado, irrevocablemente, pero ahora siento su mérito, es decir, lo comprendo, lo amo y, finalmente, lo poseo. Como dice Faulkner, la felicidad no es, pero fue”, declaraba la escritora en una entrevista.
Natalia Zarco, a quien se debe la traducción, le adjunta una treintena de notas a pie de página, muy útiles para interpretar determinados pasajes, así como la versión de otros que ha preferido mantener en el lenguaje original, el dialecto del Piamonte.

Lalla Romano, La penumbra que hemos atravesado. Cáceres, Periférica, 2019.

Herman Melville (Nueva York, 1819) ha pasado a ser uno de los escritores norteamericanos más reconocidos, autor de un best-seller de la literatura mundial, Moby-Dick (cuyo éxito no se produjo de inmediato). También Billy Budd, marinero habría de sufrir atípica carrera. Compuesto años antes de fallecer el autor (1891), quedaría inédito hasta 1924, cuando los aires románticos que rezuma el libro, aún vigentes en vida de Melville, estaban ampliamente superados. No obstante, esta novela corta (nouvelle) contribuyó a reavivar la fama del newyorquino, encontrando numerosos ecos en el teatro, la ópera y el celuloide.
Partícipe en numerosas expediciones marineras por distintos océanos (balleneros incluidos), largas travesías durante las cuales pudo escuchar historias innumerables y dominar la jerga náutica, el novelista compuso este relato con los mayores visos de verosimilitud. Lo enmarcó hacia 1797, cuando la Revolución Francesa estaba en manos de un Directorio cruel, capaz de devorar a sus mejores hijos, época de insurrecciones que también habrían de repercutir a orillas del Támesis, si bien las autoridades inglesas cortaron de raíz cualquier insubordinación, sobre todo si afectaba a su flota, elemento imprescindible para la defensa de la Isla. Y es que “en seguida la propia revolución se convirtió en malhechora, más opresiva que los reyes”, adelanta el prefacio (pág. 11).
Sin ese telón de fondo, sería difícil entender cuanto aquí se refiere. Su protagonista es un joven marinero, muy atractivo, física y espiritualmente. Enrolado contra su voluntad, aunque lo aceptara sin mayores aspavientos, desde un buque mercante de significativo nombre, Derechos del hombre, en un barco de guerra, el Indómito de la flota británica, Budd será víctima de un cúmulo de circunstancias. El capitán Vere, que lo admiraba (el viejo lobo de mar fallecerá en combate pronunciado su nombre), le aplica con todo rigor el código de la armada y lo hace ajusticiar por ahorcamiento suspendiéndolo de una verga de su propio navío (según el pirata de Espronceda soñaba hacerle a quien le condenase). Tanto la oficialidad como la tripulación, por no decir el amable capellán, están convencidos de la inocencia del gaviero, cuya virtud y hermosura no van a impedir el trágico desenlace. Analfabeto, bárbaro e ingenuo a la vez, prototipo del héroe romántico, en su corazón no hubo nunca ni pizca de maldad, aunque no supo regir sus propias fuerzas. El caos y la violencia rigen los humanos destinos.
Alianza decide relanzar al mercado su segunda edición de la obra (2013) para contribuir a la celebración del II centenario del nacimiento de Melville. Es verdad que el paso de los dos siglos no deja de sentirse en un texto cuya prosa, excesivamente plagada de subordinaciones, carga la mayoría de los párrafos con un discurso oneroso. Cabe imaginar los esfuerzos del traductor para ponerla al día sin traicionarla. Por fortuna, se trata de alguien tan experto como lo fue el gran maestro José María Valverde (Valencia de Alcántara, Cáceres, 1926- Barcelona, 1996), cuyas versiones gozan de bien merecida reputación. Su castellano es pulcrísimo y sus virtudes poéticas lucen en los versos con que concluye el libro, la balada de un marinero anónimo en honor a Billy, cuyo cadáver arropan ya las algas marinas. Más allá del infame informe publicado por un semanario oficioso, auténtico cúmulo de calumnias contra quien ya no podía defenderse, el poema quedará como su mejor apología. Herman Melville, Billy Budd, marinero. Barcelona, Alianza Editorial, 2013.

La fecunda obra de Efi Cubero (Granja de Torrehermosa, 1949) se viene proyectando con similar pulcritud en tres dimensiones: la creación poética, el ensayo estético y el periodismo cultural. En todas hace galas de la misma pasión por el lenguaje, que la escritora cuida siempre al máximo, sin dimitir de la belleza formal en pro de la exactitud.
La escritora partió muy joven desde su pueblo hacia Barcelona, donde cursó estudios de Historia del Arte, Lengua y Literatura. Allí ha residido hasta que, hace escaso tiempo, volvió a la Granja natal. Ha traído como bagaje numerosos poemarios, algunos ensayos y centenares de artículos en revistas americanas y españolas, para las que también entrevistó a una pléyade de personalidades (Joan Brossa, J.A. Goytisolo, Javier Cercas, Rafael Moneo, Lara Bosch, Andrés Sánchez Pascual, José Mª Valverde, Arnau Puig, Dulce Chacón, entre tantos), signo del respeto que se tiene ganado. También conviene recordar, para mejor comprender este su último libro, que es adicta a frecuentar museos, exposiciones, manifestaciones, galerías, happenings y fundaciones artísticas, tanto clásicas como experimentales. En todas las piezas allí mostradas, Efi se esforzó siempre por encontrar lo esencial, lo más profundo, el meollo. Según se sabe, la palabra “metafísica” (una de las más usadas en el libro) significa en su etimología griega “más allá de lo físico”, de lo experimentable sensorialmente. Hasta ahí se propone llegar la escritora ante cada manifestación a la que se ha ido enfrentado en sus periplos culturales. El título de la obra está, pues, perfectamente elegido.
Esa fructífera cosecha que ha ido madurando merced a sus visitas por buena parte de los lugares más sobresalientes de Europa, en diálogo con los grandes creadores, es lo que nos permite disfrutar estas admirables páginas. Entre las mismas discurren, sabiamente interpeladas por la autora figuras señeras de la Modernidad como Rembrandt, Caravaggio, Rubens, El Greco o Velázquez, hasta los contemporáneos Turner, Monet, Gauguin, Dalí, Picaso o Modigliani, para concluir con los más actuales Pollock, Axel Hüttel, Tâpies, Ai Weiwei , Anish Kapoor, el pacense Rufino Mesa o Radchenko. Pintores, sobre todo, pero también escultores y fotógrafos geniales van siendo auscultados a través de sus obras más significativas, no sin referencias múltiples al contexto, incluso a la biografía personal, en que se produjeron. A veces le interesa también nombres quizás menos conocidos para el gran público, pero que a ella le han suscitado la atención, digamos poliartistas como el extremeño Antonio Gómez, a quien se dedica el capítulo último. ∫
Esencia es ante todo una historia del arte, personal sí, pero muy inteligentemente transferible. Ahora bien, la calidad de la prosa nos permite calificarla también como obra literaria de primer orden. Dos rasgos me gustaría resaltar en su estilo: la riqueza y precisión del léxico, producto de los amplios conocimientos que adornan a la ensayista, y el auténtico derroche de imágenes que maneja. Ya decía el provocador Nietzsche que las metáforas expresan los conceptos mejor que las definiciones. Una poeta como Efi Cubero las construye con absoluta generosidad y brillantez.
Por otro lado, un espíritu tan libre como el suyo, si respetuoso y tolerante siempre, no duda en manifestar las propias opiniones sobre las obras consideradas, a menudo tan polémicas. Pocas veces se aprende y disfruta tanto con un libro.

Efi Cubero, Esencia. Sevilla, La Isla de Siltolá, 2019.

La picota, rollo o pelourinho –columna de piedra erigido en un lugar céntrico de las poblaciones- es quizás el constructo más común de las zonas limítrofes entre Portugal y España. Por lo que a nuestra comunidad atañe, Marino González dejó constancia del mismo en su obra Rollos y picotas de Extremadura, con más de 700 fotografías de medio centenar de tales monumentos. Su función principal, aunque no única, era presidir el lugar donde se ajusticiaba a los condenados a muerte, erigiéndose así en símbolo máximo del poder real, señorial o municipal predominante en cada sitio.
Fue un acierto dar el nombre de “Pelourinho” a la revista fundada en Badajoz el año 1994 (otra con vocación de estrechar lazos entre los dos países ibéricos, como Espacio/Espaço escrito o Suroeste) y que, no sin experimentar formatos distintos según épocas, continúa publicándose merced al elogiable empeño de su director, Moisés Cayetano (La Roca de la Sierra, 1951), y el apoyo de la Diputación pacense. Escritor polifacético (poeta, novelista, historiador, ensayista), especializado en el estudio de la emigración extremeña y de las relaciones entre Portugal y España, el doctor Cayetano ha sabido mantener en la publicación, anual y con 250 páginas desde 2012, trabajos de “estudio y divulgación histórica, artística, socio-económica, patrimonial… siempre relacionados con la Raya/Raia luso-española”, según él mismo manifiesta en la presentación de este número (pág. 5, nota 1).
La entrega, que ha sido coordinada por el eficaz Faustino Hermoso Ruiz, lleva el intítulo de “Lutas, vítimas e lugares da represâo nas ditaduras ibéricas”. Recoge diez sólidos trabajos de otros tantos especialistas sobre las luchas que en ambos países se desarrollaron durante el siglo XX contra los regímenes absolutistas de Salazar y Franco. Están escritos indistintamente en una de las dos “lenguas hermanas” (F. Pessoa dixit). Si bien algunos de estos estudios son de carácter más general, ( v.c., las prisiones de la PIDE, las mujeres antifascistas o la mítica figura del coronel Joâo Valera Gómez), la mayor parte están referidos a lugares y personajes rayanos, como pueden ser Montemor-o-Novo (foco de resistencia popular contra el poder desde la Edad Media);el temible Fuerte de Graça, en Elvas; el no menos execrable campo de concentración de Castuera o la antigua prisión provincial de Cáceres.
La publicación concluye con el apéndice bibliográfico “Livros para uma revisâo da memoria, locais e vítimas/Libros paramuna revisión de la memoria, locales e víctimas”, que suscribe el director. Moisés Cayetano Rosado (dir.), O Pelourinho, nº 23 (2ª época). Badajoz, Diputación, 2019


Con el patrocinio de la
JUNTA DE EXTREMADURA
Consejería de Cultura e Igualdad


 

Últimas Noticias

SE CELEBRÓ EN EL SALÓN DE PLENO DE LA DIPUTACIÓN DE BADAJOZ Con el ceremonial acostumbrado se celebró, el pasado 4 de octubre de 2019, la apertura del curso académico 2019-2020 de la Real Academia de...
La Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes celebró sesión solemne, el sábado 8 de junio de 2019, para recibir como académica de número a Maria del Mar Lozano Bartolozzi, catedrática...
En la Feria del Libro de Badajoz Manuel Pecellín Lancharro, secretario de la Real Academia de Extremadura, presentó una de sus últimas obras, “Libre con libros”, publicada por “Editamas”, en la que...
A finales del pasado mes de abril falleció en Méjico el doctor Luis Maldonado Venegas, presidente de la Academia Nacional de Historia y Geografía de la Universidad Autónoma de México, colaborador de la...
En el pasado mes de abril, diferentes instituciones extremeñas tributaron un homenaje a don Antonio Montero, primer arzobispo de la provincia eclesiástica extremeña y académico numerario de la Real...
More inActividades  

Agenda

La XIX Feria del Libro de Cáceres contará con 19 expositores, 42 presentaciones y la presencia de la finalista del Premio Planeta, Cristina López Barrios, y Pilar Eyre como ya adelantó HOY. Además,...
La Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, en Madrid, acogerá el día 17 la mesa redonda 'Cipriano Segundo Montesino (1817-1901): un extremeño en el origen de la Real Academia de...
Un fotógrafo, Pedro Casero, un pintor, Jorge Juan Espino, y un escultor, José Luis Hinchado, han unido sus trayectorias en una asociación que ha generado una extensa actividad expositiva. Sus...
La sala Europa del complejo cultural San Francisco acoge, hoy a las 19,30 horas, la presentación del libro del mago cacereño Jorge Luengo 'Supertrucos mentales para la vida diaria'. La publicación,...
More inAgenda  

Libros Recomendados

Cartas de Casiodoro de Reina
Lunes, 25 Noviembre 2019
Hace pocas semanas reseñábamos aquí un volumen en que se reproducen tres obras de Casiodoro: Comentario al Evangelio de San Juan. Capítulo IV de Mateo y Prefacio a la Biblia del Oso. Su edición fue...
Espuelas, hoces y cuchillas
Jueves, 21 Noviembre 2019
Afrontar la reseña periodística de un volumen con casi quinientas páginas en formato mayor (25X25) no resulta tarea fácil, más aún si la obra se compuso de modo holísitico, proponiéndose referir...
El placer
Jueves, 21 Noviembre 2019
Guy de Maupassant (1850-1893) fue uno de los más destacados escritores franceses ya en su época, marcada por la prevalencia del “naturalismo”. Formado estilísticamente por Gustave Flaubert (algunos...
Anagnórisis
Miércoles, 06 Noviembre 2019
Como cada año desde 1963, en mayo de 2018 fue la celebración del “Día de las Letras Galegas”, que viene dedicándose a personas destacadas por escribir en idioma gallego o defenderlo. Lo curioso fue...
Durante los días 18 y 19 de octubre se celebraron en Almendralejo las IX Jornadas sobre Humanismo Extremeño. La organización estuvo a cargo de la R. Academia de Extremadura de las Letras y las Artes...

Últimas Publicaciones

Félix Pinero Periodista y escritor No es la primera vez que el historiador del arte y las tradiciones extremeñas, José Antonio Ramos Rubio, acude a la fotografía para revelarnos el pasado de...
Desde que el año 1992 se descubriese en Barcarrota una biblioteca emparedada, que Fernando Serrano demostró pertenecía al médico judío Francisco de Peñaranda, dicho pueblo, próximo a la frontera...
Libertad González Nogales y Cayetano Ibarra, Memoria de Libertad. Zafra, Imprenta Rayego, 2018. Cayetano Ibarra ha puesto la letra al relato oral con el que fue recomponiendo su vida Libertad, una...
-Cortés Cortés, Fernando (dir.), Revista de Estudios Extremeños, 2017-III. Badajoz, Centro de Estudios Extremeños. Tomo LXXIII de la clásica revista extremeña, recoge en sus casi 800 páginas...
Francisco Joaquín Pérez González, Elisa. Barcarrota, autoedición, 2018-05-26 Escritor polifacético, promotor de ediciones (siempre relacionadas con su terruño natal, Barcarrota) y etnógrafo, Pérez...
More inPublicaciones  

Boletines

MEMORIA DEL CURSO ACADÉMICO 2016-2017 (PDF) SEPARATAS Francisco Fernández Golfín (II). Notas para una biografía del diputado doceañista extremeño. CARMEN FERNÁNDEZ-DAZA ÁLVAREZ (PDF) El sonido de...
Partituras: Ave Maris Stella, La Pirroquia, Canción al Niño Jesús. Miguel del Barco Gallego (PDF) Francisco Fernández Golfín (I) Notas para una biografía del diputado doceañista extremeño. Carmen Fernández-Daza...
Descargar (PDF) MIGUEL DEL BARCO GALLEGO: Partituras: Dos Elegías, Himno de la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes y Marcha Académica.PDF ANTONIO GALLEGO GALLEGO: Música y...
Descargar (PDF) FRANCISCO JAVIER PIZARRO GÓMEZ: José Miguel Santiago Castelo (in memoriam). PDF JOSÉ ANTONIO ZAMBRANO, Pesar de un son. PDF CARLOS MEDRANO, Poema Casteliano. PDF CARLOS GARCÍA...
More inBoletín  

Contacto Real Academia de Extremadura

Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes

Palacio de Lorenzana.

C/ de la Academia s/n.
Apdo. 117 C.P. 10200 Trujillo

Tels.: 927-32 3109 

© 2015 Your Company. All Rights Reserved. Designed By JoomShaper