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Julio Cienfuegos (Azuaga, 1920-Badajoz, 1996), “hombre multicompetente” según expresión de Manuel Vaz-Romero (Ars et Sapientia, nº 26, agosto 2008), “un hombre poliédrico” como reza el subtítulo de la obra aquí presentada, dejaría con su impetuosa personalidad imborrables huellas en la ciudad de Badajoz durante la segunda mitad el siglo XX. Los numerosos colaboradores de este libro-homenaje destacan las múltiples facetas que el homenajeado cultivó como jurista, político, historiador, bibliófilo, periodista, pintor, novelista y, por encima de todo, alguien preocupado por el desarrollo de Badajoz y de Extremadura entera.
El volumen incluye también un extenso capítulo biobiliográfico; el apéndice antológico, con textos escritos por Julio, publicados, unos, e inéditos otros, y un generoso conjunto iconográfico (fotografías, dibujos, caricaturas e ilustraciones compuestas por Cienfuegos).
Emilio Vázquez, Presidente de la Fundación CB, que edita la obra en su colección “Personajes singulares”, lo resume así en el prólogo: “Julio Cienfuego Linares era un personaje auténtico, defensor del pensamiento y de la palabra en el más amplio sentido, lo que le permitió echar raíces muy profundas en el campo del saber. Era un hombre poliédrico y un trabajador infatigable en sus innumerables quehaceres y profesiones”.
Cabe recordar que fue presidente de la Diputación de Badajoz, fundador de la Institución Cultural Pedro de Valencia, miembro destacado de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Badajoz, cofundador de la Universidad de Extremadura, de AREX (Acción Regional Extremeña) y de la UBEx (Unión de Bibliófilos Extremeños), académico electo de la Real de Extremadura, pintor notable, orador profuso, periodista amateur, ilustrador gráfico, novelista ya maduro, lusófilo, cronista de la historia pacense y crítico de arte, aparte de magistrado profesional. Sin duda, le cuadraba como a pocos el célebre dicho de Terencio: “Homo sum, humani nilhil a me alienum puto” (Soy un hombre, nada humano tengo por extraño para mí).
Criado en su Azuaga natal, la guerra civil sorprende a Julio en Badajoz con apenas quince años. Tomó parte en la misma como alférez provisional. Estudia después Derecho y se hace juez, estableciéndose en Badajoz (1947) tras haber ejercido en Alburquerque: siempre próximo a su muy querido Portugal, convirtiéndose en figura ciudadana ineludible. Como los más inteligentes y generosos de su generación, supo ir adaptándose, desde el radicalismo juvenil, a los aires renovadores de la democracia española.
La constancia de sus hijas Carmen y Soledad Cienfuegos Bueno, junto a la generosidad siempre indefectible de la doctora Carmen Araya y el buen hacer de las “chicas de las Económica” (Lura, Rocío y Remedios) se confabularon para comprometer a una larga veintena de articulistas en la obra. Creo que ninguno hemos dejado de sentirnos orgullosos por la colaboración prestada. Julio Cienfuegos Linares se lo merece.
Carmen y Soledad Cienfuegos Bueno (coord.), Julio Cienfuegos. Un hombre poliédrico. Badajoz, Fundación CB, 2019

La UBEx (Unión de Bibliófilos Extremeños) quiso apostar fuerte para celebrar su 25º aniversario. Impulsada por quien ha sido siempre su más eficaz animador, Joaquín González Manzanares, ha dado otra prueba de eficacia en la línea que le imponen sus estatutos: contribuir al rescate y defensa de nuestro patrimonio cultural en el campo de los libros. Lo ha hecho, como en tantas otras ocasiones, acercando a los lectores contemporáneos una antigua joya, ciertamente más citada que conocida (a excepción, tal vez, de sus admirables grabados). Me refiero al Viaje pintoresco e histórico de España, de Alexandre de Laborde (París, 1773-1842).
Su autor fue un hombre singular, rico, culto e influyente. Hijo de un banquero aragonés, supo labrarse en Francia importante carrera como diplomático, sin dejar de interesarse nunca por el país de sus ancestros. Prototipo de “hispanista” galo, llegó a Madrid el año 1800 como agregado militar de la Embajada francesa. Poco después tenía diseñado un ambicioso proyecto: componer una obra donde se recogiesen y estudiasen los monumentos arquitectónicos más relevantes de la Península, vías y calzadas de comunicación incluidas. Entre 1806-1820 aparecerían los cuatro tomos que componen su formidable y a la postre inconclusa obra, cuyo valor histórico, estético y estratégico (las fuerzas de Napoleón lo saben bien) resulta innegable.
Para llevar a buen fin tamaña tarea, que incluía el alzado de los monumentos y su correspondiente estudio, debidamente contextualizados, Laborde supo acompañarse de un buen equipo, una veintena de dibujantes, grabadores, historiadores, geógrafos, etc. Recabó también la ayuda de Manuel Godoy, a quien está dedicado el Viaje y que en sus Memorias (1839) explica las razones que lo motivaron: “ Interesaba mucho a nuestra historia, e interesaba nada menos a nuestra arqueología y a nuestra arquitectura y escultura: se necesitaba eternizar por el dibujo y el grabado lo que la voracidad del tiempo podría llevarse en adelante”, escribe el prócer.
La edición de la UBEx comprende lo referido a Extremadura. Se trata de un extraordinario volumen, del que se han hecho 250 ejemplares numerados, con tipografía Garamond y Bodoni para los títulos, impresos a color sobre papel hilo verjurado, cosido con hilo vegetal y portada en tapa dura. Incluye el saludo protocolario de Guillermo Fernández Vara, con elocuentes elogios hacia la UBEx; un conciso preliminar de Joaquín González Manzanares y el extenso estudio introductorio de Jesús Mª García Calderón.
Son 46 las láminas que reproducen las ciudades y monumentos más significativos de la Región, tal como se encontraban entonces (en ruina muchos de ellos). La reedición se ha hecho según el ejemplar iluminado que conserva el librero Guillermo Blázquez. Mérida y Guadalupe son las poblaciones más representativas, si bien no faltan imágenes de Cáceres, Badajoz (a la que se sigue identificando con la Pax Augusta romana), Coria, Alcántara, Alange y otras muchas. Conmueve tanta belleza en peligro de desaparición. Y no menos las dolorosas apreciaciones que Laborde hace sobre Extremadura, muy semejantes a las recogidas por Gregorio de Salas en su famosa décima. Iconografía y análisis sociopolítico hoy felizmente superados, aunque tampoco es que la región se halle como para echar las campanas al aire.
El diseño, impresión y encuadernación estuvo a cargo de Efezeta, el último que este taller realizase antes de su cierre definitivo. Con él puso un broche a sus inolvidables labores gráficas.
En cuanto a la UBEx, ahora dirigida por Matilde Muro, sólo cabe desear que prosiga su trayectoria, aunque el camino resulte en ocasiones fatigoso. Alexandre Laborde, Viaje pintoresco e histórico de España. Descripción de Extremadura. Badajoz, UBEx, 2018.

Gracias al empuje del joven José María Ontivero Chamizo, cuya osadía editorial no parece tener límites (son ya casi doscientas las obras de su fondo), otro escritor sale por primera vez a la luz pública. En esa catarata de novedades que la XXXVII Feria del Libro de Badajoz supuso, figuraba por derecho propio Antonio Román Barrado (Badajoz, 1963) con La luz en mis cuadernos. El novel autor hizo en su día Relaciones Laborales y lleva siete lustros trabajando en el ámbito del empleo. Conoce, pues, como pocos las circunstancias que condicionan al protagonista de su novela.
Juan Manuel Carbón, posible prototipo de tantas personas como sufren sus mismos avatares, el clásico antihéroe, es un cuarentón a quien ponen en la calle porque los dueños de su empresa deciden reducir gastos, caiga quien caiga, sin más consideraciones hacia empleados de toda la vida. A Juanma, según lo conocen sus amistades, un trabajador concienzudo, el paro le cae como una terrible enfermedad. La mujer y los hijos lo apoyan, pero no encuentra manera de salir adelante si no es gracias a descubrir la terapia de la escritura.
Descubre cuánto puede aliviarlo psicológicamente tomar nota de lo que ocurre a su alrededor y, sirviéndose de cuadernos fáciles de disimular, apunta cuanto ve y oye mientras hace cola en la oficina de empleo, las esperas humillantes para presentar currículum, los descansos de las caminatas, el reposo entre tareas domésticas o las largas horas en el hospital donde Manolo, su mejor amigo desde la infancia, lucha contra un cáncer inmisericorde. Cualquier sitio le resulta útil para componer un retrato, casi siempre desalentador, de esta sociedad tan cruel ante los más débiles.
Juanma se maneja con el habla de la calle, por lo que sus textos, redactados en primera persona, rezuman expresiones propias del lenguaje cotidiano, frases tópicas, a menudo malsonantes, y exabruptos numerosos. Hasta le encontramos modismos habituales, como ese uso repetido del verbo “quedar” en forma transitiva. A la vez, ofrece la frescura de los coloquios espontáneos, el aire desinhibido de la lengua popular. Es la gracia mayor de esta novela corta (cien páginas), próxima al subgénero de los diarios, reales o fingidos (como es el caso).
A Juanma, que en su niñez fue víctima de acoso escolar (“ o bulin, que queda más científico; entonces lo denominábamos putear al flojo o abusar de él”, pág. 58), lo siguen ayudando su mujer, trabajadora a tiempo parcial en una residencia de ancianos; su hija, empeña en sacar adelante estudios universitarios y el empleo donde la explotan, más la compresión de un hijo aún adolescente. Podría bastar, si algunos de los trabajos esporádicos que le salen se consolidara. No resulta así. No obstante, es capaz de asumir una conducta asombrosamente generosa para con los retoños de su amigo al fin segado por la Parca. Un canto a la solidaridad casi increíble que de la manera más sencilla desarrollan a menudo personas ellas mismas necesitadas de amparo.

Antonio Román Barrado, La luz en mis cuadernos. Badajoz, Editamás, 2019

De Justo Vila señalaré algunos aspectos biográficos que de algún modo se perciben en Mañana sin falta, aunque oportunamente “literaturizados”, pues el protagonista de la novela, Dámaso Quintana, funciona como trasunto del propio autor, quien lo trata con absoluta empatía.
Justo nació (en Helechal (1954), por donde las alturas de la Siberia se perfuman con unas serranías que hollarán los últimos guerrilleros republicanos. En La agonía del búho chico (1994), el autor rindió memoria al maquis extremeño y al paisaje que lo cobijara, así como a la fauna, flora e imaginario colectivo de la comarca. Algunas huellas se perciben también aquí: Dámaso nace en Trasluz, topónimo fingido de Helechal, de donde ambos, creador y personaje, salen bien pronto para labrarse un porvenir, aquel hacia Asturias, con su familia jornalera; Dámaso, a Badajoz, donde se afincarán ambos personajes, el escritor y su alter ego. Vila hace Magisterio e Historia, alternando estudios con diferentes trabajos, periplo laboral que en parte también Dámaso va a recorrer.
Formados los dos en organizaciones cristianas militantes, como la JOC y la HOAC, Vila ha sido siempre un hombre de izquierdas, cofundador de las Comisiones Obreras en Extremadura, miembro del Partido Comunista y, después, concejal del Ayuntamiento de Badajoz por el PSOE. Dámaso lucha contra el franquismo y pierde su trabajo en una empresa constructora (antes ha sobrevivido como mochilero contrabandista de la Raya) por participar en la famosa huelga de la albañilería (1987). Consigue entrar en la Biblioteca de Extremadura, introduciéndonos así en el núcleo del libro. Justo conoce la BIEX como nadie, pues la dirigió desde su fundación (2002) hasta su voluntario cese (2011). Entre otras joyas bibliográficas, la BIEX guarda los once originales de la célebre “Biblioteca de Barcarrota”, que en estas páginas tan importante papel juega.
Mañana sin falta tiene bastante de “Bildungsroman”, mucho de “novela histórica”, grandes dosis de “realismo social” y numerosos matices onírico-surrealistas, sin dimitir de los análisis psicológicos pertinentes, dentro de un marco coral con numerosos personajes. A todos los sentimos más o menos próximo los ciudadanos pacenses.
Como “novela de aprendizaje”, permite seguir la educación del protagonista desde la niñez a la edad adulta, hasta convertirse en el conocedor exhaustivo de los fondos bibliotecarios, muchos de los cuales van siendo descritos minuciosamente en la novela. Domina el comercio del libro antiguo, con buenos contactos entre bibliógrafos españoles y “alfarrabistas” lisboetas. Generosamente, el autor introduce, con nombres y apellidos, a no pocos extremeños tocados por esos amores hacia las letras. Pero es la Plaza Alta el centro neurálgico en torno al cual giran cuantos aparecen en sus tres capítulos, ofreciéndonos vívidas descripciones de aquel entorno.
La novela recoge buena parte de la historia de Badajoz durante el último medio siglo, enfatizando los problemas sufridos por las clases trabajadoras. La crisis revivirá situaciones que parecían superadas.
Por último, abundan notas de “realismo mágico”. Así ocurre en las conversaciones que la dueña de la pensión sigue manteniendo con su esposo … tiempo ha fallecido; las virtudes que para la premonición distinguen desde niña a la futura esposa de Dámaso; los avatares de Simbad, no un marino, sino miembro del PCE, o en la relación que el guardián de la BIEx mantiene con “Atila”, un mastín que le ayuda en la vigilancia del edificio (cuyas vicisitudes funcionales desde el medievo hasta hoy se contemplan).
Todos los hilos de la trama irán urdiéndose de un modo sumamente atractivo, que atestigua la habilidad narradora alcanzada por el autor. Como fórmula expresiva impone la ruptura permanente de la linealidad cronológica, merced al feedback, “discurso acordeón” apto para retrotraerse a situaciones del pasado más o menos remoto y reubicarse en la sincronía. A veces, el escritor se adelanta y presenta a los personajes inscritos en coordinadas de las que únicamente después se dará cuenta de cómo han sucedido las cosas.
El sujeto narrativo se implica una y otra vez, no si humor, en el relato, alternándose la objetividad de la tercera persona con la subjetividad de la primera. El uso de expresiones fáticas o conativas busca la complicidad del lector, dirigiéndole guiños múltiples y suponiéndolo implicado emocionalmente en las situaciones descritas.
Para todo este hermoso constructo, los materiales lingüísticos utilizados proceden del habla común, con singular recurrencia, a ejemplo de Cervantes, al refranero.
Literatura para disfrutar, conocer y seguramente hacernos mejores personas, a ejemplo del ya maduro Dámaso Quintana, que, a fin de sostener a sus hijos atribulados por un desahucio inminente, se propuso desfacer el entuerto capitalista robando y llevándose a vender en Lisboa la “Biblioteca de Barcarrota”. Justo Vila, Mañana sin falta . Madrid, Trifaldi, 2019

LA GRAN AMENAZA CHINA

Pocas sorpresas caben con un autor como Ramírez Lozano (Nogales, 1950), cuyo currículo adornan muchos de los más importantes premios españoles concedidos en poesía y novela, tales el Juan Ramón Jiménez, Ciudad de Irún, Claudio Rodríguez, José Hierro, Blas de Otero, Ateneo de Valladolid, Fray Luis de León, Ciudad de Valencia, Alarcos Llorach, Juan March o Ciudad de Salamanca. Y, ya entre nosotros, el Felipe Trigo, Cáceres o Ciudad de Badajoz. Nómina abrumadora, a la que se suma el de la Critica de Andalucía 2009, por Las manzanas de Erasmo, y haber sido finalista del Nacional de Novela 1984 por Gárgola (premio Azorín).
Impulsada por un nuevo galardón, esta vez el Camilo José Cela 2017, se publica Un calcetín de lana rojo, novela que reúne los rasgos más característicos del escritor extremeño. El protagonista es un joven vasco, Ignacio Andía, que se desplaza desde su Yurre natal a Sevilla para cursos estudios de traducción e interpretación. Homónimo del que Pío Baroja consagrase con Las inquietudes de Shanti Andía, lo unen al mismo idéntico afán de aventuras e indeclinable espíritu épico, aunque las de este vizcaíno-trianero serán bien distintas a las de aquel esforzado marino. Las de Ignacio se desarrollarán junto al Betis, entre patios, calles, plazuelas, iglesias y sacristías tantas veces presentadas por el narrador. (Recordemos su Bata de cola: apuntes para una teoría de Sevilla. Mérida, ERE, 1995).
Si se añade que todo ocurre durante una Semana Santa, mientras miles de afanosos cofrades luchan por procesionar lucidamente sus pasos (no pocos se expresan en dialecto), tendremos el marco espaciotemporal más apetecible para nuestro novelista. Su extraordinaria fantasía, combinada con un espléndido dominio del lenguaje, le van a permitir componer un relato donde el indefectible tono lúdico funciona para “faire le point” humorístico a la magna empresa que el protagonista emprende.
Seguro como se halla de que los chinos nos invaden y se disponen no solo a dominarnos comercialmente, sino a destruir nuestra idiosincrasia nacional e imponernos su propia cultura merced a los recursos más sutiles, Andía se dispone a la santa cruzada. Apenas cuenta más que sus propias con habilidades (es un extraordinario de pescador calcetines y prendas íntimas caídas desde los tenderos hasta el patio común, que los chinos controlan) y la ayuda de Sofía, antropóloga italiana cuyos favores alcanzará.
Son muchos los enemigos a los que habrán de enfrentarse. Ninguno tan peligroso como los perros pekineses o, peor aún, los ejércitos de hormigas chinas, amaestradas por los asiáticos para introducirse sutilmente por todos los rincones y descomponer los textos más significativos de nuestra cultura o deslizar en las etiquetas poemas, refranes e incluso fórmulas culinarias chinas. (El narrador ha recurrido numerosas veces a este recurso alegórico, asimilando las letras con los cuerpos de tales himenópteros eusociales).
Aquel ingenuo vasco, cuyos monólogos cimentan el discurso, y que “había puesto en comunicación a cientos de lectores de distintas lenguas sin ser capaz él de comunicarse” durante sus primeros meses andaluces, acertará implicando a muchos para conseguir el objetivo: los orientales no pasarán; el país se salva. Todo acaba felizmente. Sofía, al comprar unos calzoncillos, descubre en la etiqueta un mensaje subliminar, ahora en castellano: “Estoy bien. Te quiero. Made in China”.
Si un personaje de Luis Landero supo afinar en Juegos de la edad tardía las esquilas del rebaño para que modularan bucólica sinfonías, otro de esta novela logra afinar las ollas a presión para que por sus espitas nazcan las notas más agradables. Como las que consigue Ramírez Lozano con la escritura. José Antonio Ramírez Lozano, Un calcetín de lana rojo. Palencia, Menoscuarto Ediciones, 2019.


Con el patrocinio de la
JUNTA DE EXTREMADURA
Consejería de Cultura e Igualdad


 

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