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La mayoría de los extremeños no especializados en Sociología o Ciencias Políticas descubríamos a María de los Ángeles Durán Heras (Madrid, 1942) cuando el año 2009 se le concedía la Medalla de Extremadura. Desde entonces, el nombre de la catedrática madrileña no ha hecho sino crecer entre nosotros. Sus publicaciones, galardones universitarios y premios (el último, el Nacional de Sociología 2018) nos la traen una y otra vez a la memoria. También la participación en foros regionales (v.c., el Club Senior) han ido robusteciendo las raíces que la ligan a nuestra Comunidad, donde mantiene casa (San Martín de Trebejo). Su padre fue ingeniero industrial, originario de la Sierra de Gata.
Doctorada (1971) con una tesis sobre El trabajo de las mujeres en España, donde denuncia la invisibilidad femenina en las entidades de producción y transmisión del conocimiento, se ha mantenido atenta a este fenómeno, según delatan no pocos títulos de sus obras, como El ama de casa. Crítica política de la economía doméstica (1978) Una ausencia de mil años (1981), Liberación y Utopía. La mujer ante la ciencia(1981) o Mujeres y hombres en la formación de la teoría sociológica (1991). Otros temas irán convirtiéndose para Durán en asuntos de investigación preferente, hasta devenir en la máxima especialista nacional. Tal vez el más atendido es la evaluación económica del trabajo no remunerado, el que ejercen casi en exclusividad las mujeres dentro de los hogares, y sus relaciones con la estructura socioeconómica del país. Se caracteriza también la autora por la constante búsqueda de datos empíricos sobren los que fundamentar sus hipótesis, tesis y teorías sobre las sociedades contemporáneas (siempre atenta al futuro más o menos inmediato de las mismas).
De todo ello se encontrarán apuntes en La riqueza invisible del cuidado, volumen con medio millar de páginas y rotunda bibliografía, que viene a ser la síntesis de la trayectoria investigadora de alguien capaz de combinar rigor académico indiscutible con una meridiana claridad de exposición. Auspicia la obra la Universidad de Valencia, que tuvo el acierto de investir (3 febrero 2012) doctora honoris causa a Durán de las Heras, cuya laudatio corrió a cargo de D. Antonio Ariño. Se la reproduce aquí, junto con la oportuna lectiode la recipiendaria, las elogiosas palabras de clausura a cargo del Rector, D. Esteban Morcillo Sánchez, y la impresionante biobibliografía de la nueva doctora, minuciosamente compuesta por Dª Irene Liberia Vayá.
No se olvide que para componer esta síntesis de sus conocimientos e interpretaciones, la investigadora cuenta también con una experiencia personal del cuidado que hubo de recibir cuando enfermó gravemente (ver Diario de batalla. Mi lucha contra el cáncer, 2003). Parte de un hecho incontestable, sobre todo en lo que se llama mundo desarrollado: la drástica reducción de la natalidad y el incremento de los años de vida. La pirámide ya no representa a las poblaciones (si se exceptúa, por ahora, el “tercer mundo”); hay que recurrir a otras metáforas, como la torre e incluso la seta: cada día son menos los niños y mucho más los viejos. ¿Quién cuidará de las personas desvalidas, cada vez más numerosas, incapaces de atender por si mismas a sus necesidades vitales de salud, alimento, higiene, atención, etc.? ¿Cuánto cuesta y de dónde sacar ese importe económico que requiere contar con cuidadores bien dispuestos, los encargados de realizar tareas, cada día más costosas, que tradicionalmente pesaron sobre los hombros solidarios de las mujeres de las familias afectadas, con sacrificios colosales? ¿Hasta dónde habrán de implicarse las administraciones públicas, con oportunos presupuestos, para proporcionar los cuidados que los familiares de los desvalidos, ni con ayuda de entidades de apoyo voluntario, no estarán en condiciones proporcionarles, por razones múltiples, y no solamente de carácter crematístico?
Son interrogantes que se plantean en la obra. No las únicas. Abordadas con apoyatura en fuentes empíricas (abundancia de gráficos y tablas reveladoras) y recursos metodológicos originales, cabe resaltar también la abundancia de nuevas categorías que para definir conceptos aún en debate, se manejan. Por señalar algunas, recordaremos las formuladas como “cuidatoriado” (posible clase social), “salarios y precios sombra” (importe no establecido en el mercado laboral), “ley de hierro del cuidado”, “externalización del trabajo doméstico”, “síndrome del siamés”, los beautiful viejos, el “burnout sanitario” o el “anticuidado”.
En resumen, un estudio de sociología que ilumina e inquieta (y eso que no pone en cuestión el futuro de las pensiones o los flujos migratorios).

M. Ángeles Durán, La riqueza invisible del cuidado. Valencia, Universidad, 2018.

La R. Academia de Extremadura abría solemnemente la inauguración del actual curso (Cáceres, 4 octubre 2018) otorgando a D. Bartolomé Gil un diploma de reconocimiento como gratitud por los favores que de dicha persona ha recibido. Asumió la laudatio del hoy ilustre extremeño D. Feliciano Correa Gamero, quien pone prólogo a esta segunda edición, corregida y aumentada, de la biografía publicada hace dos lustros con significativo titular: El hambre y la fe. El camino de una vida. Alguien nacido en familia con máximas necesidades (Santa Marta, 1935), el albañil que no pudo ir a la escuela y sólo aprendió a leer ya adulto, tras superar dificultades increíbles para sobrevivir y mantener a los suyos, llegaría a labrarse un sólida posición económica a fuerza de trabajo, ingenio y osadía. Aquel hijo de un humilde barbero destrozado por los avatares de la guerra civil, nunca olvidará sus orígenes. Entre otras virtudes, ha mantenido un admirable espíritu solidario, que le convertirá durante decenios en el “Mecenas de Extremadura” por antonomasia. Ni le sujetarán los límites regionales, que las generosas “bartoladas” se pueden percibir también en instituciones de apoyo a la infancia desamparada de países como Perú, Santo Domingo o Bolivia.
Fue precisamente Santiago Brun (n. Badajoz, 1945), coordinador de la ong ADASEC, desde donde se desarrollan proyectos de ayuda a los más desfavorecidos, quien convenció a Bartolomé Gil para que trazase sus memorias. Consciente de que no lo pondría por escrito, se las hizo contar delante de una grabadora. A esos materiales lingüísticos le dio forma literaria José Luis Blanco Fernández (n. Plasencia 1945), hombre polifacético (arqueólogo, funcionario internacional, informático, ensayista), que justamente luce como autor de la obra. Ha tenido el acierto de respetar el tono autobiográfico, redactándola en primera persona. Aunque se percibe (a veces, en exceso) la reelaboración del discurso original, no le resta frescura, sobre todo en los pasajes donde, para enfatizar la pureza prístina, las declaraciones o diálogos se imprimen en cursivas.
He vuelto a leer, casi de un tirón, estas entrañables memorias, conmovido por la calidad humana del protagonista. Pero no se trata sólo de innegable etopeya (“descripción del carácter, las acciones y las costumbres de una persona”), sino retrato sociológico de las épocas históricas que le tocó vivir. Dos resultan aquí especialmente interesantes: los años cuarenta y los setenta del pasado siglo, marcados los primeros por las dificultades de la autarquía posbélica y caracterizados los otros por la explosión de un desarrollismo a ultranzas. Aquel rapaz, de resistencia extraordinaria, siempre famélico, sobrevive malamente merced al rebusco, las trampas o el robo de bellotas, habas, espárragos y aceitunas entre Feria, Santa Marta, Cortegana y el mismo Badajoz. Hasta que, apenas alcanzada la pubertad, decide meterse de polizón en un tren y largarse a Madrid, sin apoyo de nadie. Quien pudo convertirse en cualquier joven marginal, incluso peligroso, merced al formidable tesón y las dosis de atrevido ingenio que lo distinguen, irá transformándose en apreciado alarife y, bien pronto, notable constructor, especialista en restaurar antiguos monumentos. Después creará todo un abanico de empresas, Sin duda, como bien resaltan tantas páginas, su esposa, otra extremeña humilde, con la que lleva unido más de sesenta años, ha desempeñado un papel inconmensurable en la vida Bartolomé Gil.
Mil anécdotas adornan el relato, algunas próximas al mejor surrealismo, tales las maquinaciones para “chorizar” y traerse un tranvía hasta Santa Marta, donde tanto lucharía por poner un polígono industrial que frenase la diáspora. O la relación de un viaje a Rusia antes de la “perestroika”. Y no faltan graciosas inexactitudes, como la de atribuir (pág. 260 a “Jaime Naranjo”, no a Eduardo, la autoría del volumen de grabados Poeta en Nueva York, maravilloso homenaje a García Lorca, del que hoy figura un ejemplar en la biblioteca universitaria de Albuquerque (USA), hasta donde lo llevó nuestro mecenas.
Lo hizo con la misma generosidad que lo indujo a apoyar ediciones (la Historia de la Baja Extremadura, entre otras muchas); excavaciones arqueológicas (v.c., Cancho Roano); rehabilitaciones (v.c. Rocamador); asociaciones sociopolíticas (Hogar Extremeño de Madrid, AREX); periódicos o revistas y tantos otros proyectos que han ido llamando a sus puertas. Porque, según ha dicho a menudo, “del dinero que se gana, una parte pertenece a los demás”. José Luis Blanco Fernández, El hambre y la fe. El camino de una vida. Relato biográfico de la vida de Bartolomé Gil Santacruz. Badajoz, Tenagil, 2018, 2ª

Antonio María Flórez (Don Benito, 1959), médico y escritor, es otro de los muchos extremeños que, desde la época de la conquista americana, han protagonizado los viajes de “ida y vuelta”, así como el fecundo mestizaje, con evidentes marcas en sus vidas. Hijo de madre española y padre colombiano, pasó infancia en las alturas andinas. Volvió a Extremadura para cursar estudios secundarios (colegio Claret e Instituto Luis Chamizo), iniciándose pronto su interés por la literatura. No obstante, comenzó en Cáceres estudios de Medicina, que terminó en la Universidad de Caldas de Manizales (Colombia), combinándolos con actividades políticas (fue concejal de Marquetalia) y de difusión cultural, sin dejar de escribir. Recuerda con emoción que recibiría en Buenos Aires de un hijo de Alfonsina Storni el Premio Iberoamericano de Poesía Fundación Givré.
Desde entonces ha ido labrando una importante obra lírica, jalonada con títulos numerosos títulos, fácilmente localizables en la red. Tras una estancia en Brasil para especializarse en Medicina deportiva (Universidad do Rio Grande do Sul), fue profesor universitario de traumatología en Caldas. Y siguió con sus versos, conferencias, revistas y compromisos socioculturales múltiples. Hasta que vuelve a España (1994), para doctorarse en la Complutense, sin perder relaciones con la tierra natal: gana tres veces los Florales del Claret; resulta finalista del Felipe Trigo 1996 y obtiene una beca a la creación de la Junta de Extremadura (1997). Pasa otra vez a Colombia (1998) como asesor en drogas del Ministerio de Salud y sigue con el interés por las letras, destacando su empeño por consolidar las relaciones entre escritores de sus dos patrias, la de origen y la de adopción. El mismo que mantiene establecido ya a orillas del Guadiana. Manuel Simón Viola, el estudioso que mejor conoce la obra de este médico humanista, lo ha antologado en diferentes ocasiones.
Aunque cultive preferentemente la poesía, Flórez no desdeña la creación en prosa. Así lo vuelve a demostrar con Desde entonces vivo para el dolor,que se publica en la colección “Lunas de oriente”, cuidada por Elías Moro Cuéllar y Marino González Montero, dos acreditados cultivadores del género. Se trata de una obra fragmentaria, constituida por 26 composiciones, bien diferenciadas temática y formalmente. Soliloquios, epístolas, narraciones cortas, microrrelatos, crónicas viajeras, anecdotario, jocosidades y ensoñaciones oníricas se alternan en un mosaico de innegable atractivo, en bien cuidada prosa, donde el humor negro e incluso surrealista, el descarnado erotismo y las referencias culturales (Juan Goytisolo, Gabriel García Márquez y José Antonio Gabriel y Galán resultan los autores predilectos) van impregnando las distintas teselas, algunas ya publicadas. El escritor se implica a menudo, ocasionalmente en primera persona.
El libro resultó ganador del concurso de relatos “25 años/Lunas de Oriente” convocado por de la luna libros en julio de 2018.

UN GARCÍA LORCA EXPRESIONISTA

García Lorca no logró ver impresa su obra seguramente más atrevida, también la más difícil de desentrañar, Poeta en Nueva York, donde sí dispuso se incluyesen algunos poemas que se habían ya publicado en diferentes medios. El libro no apareció hasta 1940, gracias a las gestiones de José Bergamín, a quien el autor le había confiado los originales el verano de 1936 para que los editase Cruz y Raya.
Teniendo por bien establecida la historia textual de los manuscritos tras los estudios de A.A. Anderson, el profesor extremeño, que ya adelantase sus tesis en Lorca en Nueva York: una poética del grito (Kassel, E. Reichenberg, 2018), reincide en las mismas: aunque al célebre poemario se lo incluye tradicionalmente en la estela del Surrealismo, Llera propone una lectura a tenor de las luces que proporcionan otros manantiales, bien conocidos por Lorca (Platón, Góngora, Schopenhauer , Freud y muy especialmente el postexpresionismo alemán). De ese modo, frente a la interpretación ultraformalista de tan deslumbrantes versos, cabe descubrir túneles que conducen, desde sus símbolos y anagramas, hasta lo biográfico. Para defender que, frente a la simple yuxtaposición impuesta por la escritura automática surrealista, existen claros nexos semánticos, se requieren las oportunas contextualización, intertextualidades e historicidad, así como un agudo rastreo de las tradiciones que abocan e influyen en Lorca (muy resaltada la de su maestro Fernando de los Ríos, con quien hizo aquel viaje Nueva York).
José Antonio Llera (Badajoz, 1971), profesor de Literatura en la Autónoma de Madrid, cuenta con numerosas publicaciones, dedicadas a la poesía española contemporánea, basadas en enfoques interdisciplinares y comparatistas, como hace aquí. Es también un reconocido poeta.
Por los blancos derribos de Júpiter donde meriendan muerte los borrachos, escribió Lorca en el poema “Fábula y rueda de los tres amigos”. Son otros los que ahora atraen el interés del ensayista, amante para sus labores hermenéuticas del diálogo interartístico (literatura, pintura, música, fotografía, arquitectura, cine), con manifestaciones tan alucinantes en aquel New York de 1929-1930, próximo el gran cataclismo económico, y al que arriba un andaluz desangrándose por profundas heridas. No será raro que se solidarice junto a quienes más sufren en aquella babilonia.
Llera comienza reproduciendo “Amantes asesinados por una perdiz”, largo poema en prosa que ya había visto la luz en la revista DDOOSS (Valladolid, marzo 1931), para proceder a su iluminador análisis. Personalmente, me habría atraído alguna consideración sobre un curioso pasaje: Eran dos mancebos desmayados/y una pierna de níquel./!Eran dos barqueros ¡/Sí./ Eras dos barqueros del Guadiana que machacan con sus remos todas las rosas del mundo.
Los mismo irán haciendo con otras composiciones, parcialmente reproducidas, para concluir centrándose en “Iglesia abandonada (balada de la gran guerra)”, rotunda pieza lorquiana. Llera ya había publicado este estudio, muy técnico, en “Duelo, imagen (post)expresionista e intertexto bíblico…” (UNED, Revista Signa, 2015), páginas colgadas en la red, resumiéndolo así: “El artículo aborda una interpretación en clave comparatista de uno de los poemas de la sección segunda de Poeta en Nueva York, incidiendo en el concepto de duelo proveniente del psicoanálisis y en las imágenes que componen la serie de grabados de Otto Dix, Der Krieg. Además, explora su imaginario religioso a través de sus vínculos intertextuales con los textos bíblicos, así como las convergencias temáticas con la poesía expresionista alemana y con otras narraciones de la I Guerra Mundial, como la novela de E. M. Remarque Sin novedad en el frente, leída por Federico García Lorca durante su estancia neoyorkina”. Una vez más, el estudioso busca localizar en versos a primera vista incoherentes, desconcertantes y acaso absurdos una proyección biográfica, más allá de posibles “onirismos surrealistas”, si bien, en este caso último, sus propuestas de alcance teológico no resulten (con perdón) tan rotundamente argumentadas. José Antonio Llera, Donde meriendan muerte los borrachos. Lecturas de Poeta en Nueva York. Mérida, ERE, 2018

A raíz de la inauguración del nuevo edificio del Museo Nacional de Arte Romano, tuvo lugar una reunión en su sede donde participaron arqueólogos e historiadores para constituir un Grupo que aglutinara los estudios sobre la antigua provincia de Lusitania, desarrollados desde hace varias décadas. Fueron fundamentalmente lusos y españoles los que estuvieron presentes. A ellos se añadieron otros estudiosos: canadienses, alemanes y, sobre todo, franceses interesados en nuestra realidad histórica. De allí surgió el “Grupo Lusitania. Sus objetivos: el impulso y difusión de los estudios sobre una provincia de la Hispania romana que, si no desconocida, era, hasta entonces, la menos significativa en cuanto a su nivel de conocimientos.
Desde el Museo emeritense, con la ayuda de las instituciones y universidades a las que pertenecían sus miembros y la recibida de la Fundación de Estudios Romanos, el Grupo pudo impulsar proyectos de investigación sobre las distintas facetas que informaron la existencia de esa provincia. Si un día periférica, con los años se convirtió en determinante por su estratégica posición en lo que los romanos acabarían considerando como el “Atlanticum nostrum”. Desde su capital y puertos más significativos, Lisboa (Olisipo) entre ellos, surgieron iniciativas y relaciones que potenciaron los confines occidentales del Imperio.
Entre los muchos logros conseguidos habría que referir el auge de publicaciones sobre Lusitania, fruto de los proyectos emprendidos; la edición, por primera vez, de un “Atlas antropológico lusitano” y los encuentros conocidos como “Mesas sobre la Lusitania romana”, que comenzaron en 1988 en la Universidad de Burdeos y continuaron periódicamente por diversos lugares como Toulouse, Lisboa, Cascais, Salamanca, Cáceres, Mérida hasta llegar a la novena y última edición, celebrada en el Museo Arqueológico Nacional al amparo de la exposición “Lusitania romana. Origen de dos pueblos”, que fue presentada con anterioridad en Mérida y Lisboa.
A través de las distintas ediciones de las Mesas de Lusitania, es fácil percatarse del significativo avance producido en el conocimiento de un área geográfica que, merced al proceso de lo que se ha dado en llamar “romanización”, pasó de un tradicional modo de vivir anclado en costumbres de raigambre celta, algo diseminado en cuanto al hábitat y montaraz, a la plena inserción en la vida romana, una civilización de ciudades unidas por firmes calzadas.
Consideraban los expertos que era necesario pasar revista a esos logros referidos tras veinticinco años, los que transcurrieron entre la cita de Burdeos y la de Madrid. Por ello este volumen, con 568 páginas, es un repaso en diferentes idiomas a las distintas facetas que informaron la vida lusitana. Y así, comenzando con un homenaje a un paladín de estas reuniones, el Profesor Jean-Gerad Gorges, ilustre lusitano quien, con otros colaboradores, en especial con Trinidad Nogales, se ocupó de organizar las Mesas, se analizan aspectos de la religiosidad lusitana (José d´Encarnaçâo) ; la onomástica y prosopografía de sus habitantes (Jonatahn Edmonson, Milagros Navarro Caballero, José Luis Ramírez Sádaba, Manuel Salinas, Juana Rodríguez Cortés); de los pueblos que se encontraron los romanos a su llegada, de las vías de comunicación (Amílcar Guerra, Vasco G. da Cruz Soares); de la vida rural, de la minería y de las realizaciones más brillantes que se pueden considerar en el legado lusitano: musivaria (J.L. Álvarez Martínez); iconografía y plástica (T. Nogales o manifestaciones de la Antigüedad Tardía (M. Cruz Villalón), sin olvidar cuestiones referentes a significativas ciudades del área como Augusta Emerita, Conimbriga, Norba…
Un proyecto nacido del ánimo de un grupo de investigadores interesados en Lusitania y que en su día se decidieron a derribar las barreras entre lusos y españoles, con el objetivo de estudiar la provincia que dio origen a dos pueblos, los nuestros. Trinidad Nogales Basarrate (ed.), Lusitania romana: del pasado al presente de la investigación. Actas IX Mesa Redonda Internacional de Lusitania. Mérida, Museo Nacional de Arte Romano, 2017.


Con el patrocinio de la
JUNTA DE EXTREMADURA
Consejería de Cultura e Igualdad


 

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