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Isaac Rosa, natural de Sevilla (1974) y educado en Extremadura entre familiares políticamente comprometidos con la transformación de la sociedad, es un novelista prestigioso, cuya carrera está jalonada por premios como el Rómulo Gallegos (2005) o el José Manuel de Lara (2008). Residente en Madrid, colaborador habitual de prensa hablada y escrita, ha venido manteniendo en sus obras, artículos y declaraciones un espíritu de denuncia contra los valores dominantes en el mundo capitalista. Votante de Izquierda Unida, según él mismo ha manifestado, cabe recordar sus ataques manifiestos al franquismo (El vano ayer, 2005); los historiadores de derecha (¡Otra maldita novela sobre la guerra civil!, 2007); las amenazas de la vida urbanita (El país del miedo, 2008); las frustraciones del trabajo asalariado (La mano invisible, 2011); las dificultades por las que atraviesan los jóvenes (La habitación oscura, 2013) o las ansiedades de la cultura consumista (Final feliz, 2018).
Con esta entrega última retoma un campo, el de la literatura juvenil, que no le es desconocido al autor de guiones para cómics como Aquí vivió y Tu futuro empieza aquí. Titulada simplemente como W, esta letra gemelar del alfabeto funde las iniciales de las protagonistas, Valeria y Valentina, dos adolescentes que, al encontrarse por azar, se descubren de un absoluto parecido físico. Tal similitud dará origen a sabrosos equívocos, según la vieja tradición de los dobles en la historia de las letras.
Pero la fusión no se reduce a niveles temáticos, deslizándose también al discurso. Se estructura éste sobre la voz narrativa (caja baja), que va alternándose con la de las dos estudiantes citadas (cursivas), cuyas irrupciones en primera persona, sin aviso previo, reproducen el tono habitual e incluso el argot de los coloquios entre jóvenes.
“Después de publicar seis novelas sobre todo tipo de temas, declara Rosa en nota preliminar, me propuse escribir una que quisiera leer mi hija Olivia. ¿Y qué querría leer Olivia?, me preguntaba. La respuesta era obvia: nadie podía saberlo mejor que ella. Así que…¿por qué escribir una novela para Olivia, pudiendo escribirla con Olivia?”.
Sabemos que Olivia (Madrid, 2004) estudia secundaria (como las dos protagonistas), boxea, lee e inventa historia desde pequeña y tiene dos hermanas, Carmela y Elvira, que también quieren escribir una novela”. El caldo de cultivo está, pues, bien dispuesto, para la con-fusión de la que se nutre W.
Tan diferentes de carácter, cuanto semejantes físicamente, Valeria y Valentina irán experimentado también transformaciones psíquicas que acabarán asimilándolas más aún, hasta el punto de plantearse si se trata de un doblaje real o imaginario a partir solamente de una misma y única persona. Amigos, profesores, familiares, hermanos e incluso los padres mismos se verán incapaces de descubrir los ingeniosos quid pro quo montados por aquel dúo estudiantil. Las dos componentes se sustituyen la una a la otra en exámenes, fiestas, comidas, contactos e incluso los propios domicilios sin que nadie logre descubrir quién es cada una. Por lo demás, tanto la tímida Valeria como Valentina, mucho más lanzada, son generosas y responsables, singularmente sensibles ante el sufrimiento de los otros.
Compuesta en prosa muy cuidada, con diálogos de extraordinaria agilidad, como los escuchamos de nuestros hijos inteligentes, W nos reconciiia con esa juventud que a menudo nos saca de quicio, desconcierta y confunde. Isaac Rosa, W. Barcelona, Edebé, 2019.

Bien conocida y apreciada desde tiempos remotos, el interés por la “Côte d´Azur”, el litoral mediterráneo del sudeste francés, fue incrementándose durante el tercio último del XIX y el primero del XX, hasta convertirse en referencia obligada del turismo contemporáneo. Colonias de italianos, ingleses, rusos, norteamericanos, alemanes y, por supuesto, franceses se irían asentando en sus cada vez menos rurales orillas, sobre las que fue desatándose una auténtica fiebre de la construcción. Por sus más o menos espléndidas villas, mansiones y hoteles desfilaría la flor y nata de los artistas occidentales (poetas pintores, cineastas), con sus correspondientes catervas de ayudantes, fans, paparazis, sanguijuelas o aprovechados de cualquier género. Algunos momentos de la historia especialmente críticos incrementarán la llegada de visitantes, como la Revolución rusa (1917) o el empuje del nazismo. El cálido clima, la lucidez de los cielos, la temperatura del agua, la belleza de los campos, el asombro de sus vinos y los recursos miles de una gastronomía asombrosa – todo, por entonces, a precios suaves-, junto con la tolerancia hacia costumbres mal vistas en casi todos los países (alcoholemia, drogas, promiscuidades, homosexualidad, sibaritismo) , impulsó auténticas oleadas de hombres y mujeres hacia localidades que hoy están en boca de todos, desde Montecarlo a Niza.
Es el mundo que tan vívidamente describe Giuseppe Scaraffia (Turín, 1950) en La novela de la Costa Azul, obra coral por cuyas páginas discurren, a veces de modo reiterado, un largo centenar de personalidades asentadas o visitantes en aquel privilegiado trozo del “Mare Nostrum”, especialmente los lustros transcurridos entre la I y II Guerra Mundial. Doctorado en Filosofía con una tesis sobre Diderot, Scaraffia imparte Literatura francesa en la Universidad de La Sapienza (Roma) y es autor de numerosas publicaciones, bastantes traducidas al castellano, como Los grandes placeres, que también fue publicada (2015) por Periférica. En ellas ha venido ocupándose, nos dicen sus conocedores, sobre los grandes mitos de la seducción del XIX, la figura de “la mujer fatal” y la paradoja de “lo bello tenebroso”. De todo ello hay abundancia en este libro, encarnado por personajes que han marcado la historia contemporánea y cuyas entretelas más íntimas se nos exponen sin tapujo, con asombrosa erudición.
Hasta todos los rincones de aquel “jardín incomparable que comienza en Hières y acaba en Menton”, según lo define Maupassant, uno de sus asiduos, se nos va grácilmente conduciendo según impone la cartografía. Scaraffia nos describe el paisaje y paisanaje de cada lugar, apoyándose a menudo en las propias palabras de las grandes figuras que están habitando aquellos “paraísos artificiales”, donde el opio, la morfina y el éter compiten sin limitaciones éticas con el alcohol y el sexo, de los que abusan incluso los que allí acuden para combatir la tuberculosis. La búsqueda afanosa de una inagotable “joie de vivre” se impone sobre cualquier código. Los textos asumidos aparecen entrecomillados, aunque no se dan las citas bibliográficas, sin duda para aliviar el discurso y encarecer el tono narrativo. Habilidad la del autor para convertir en literatura lo que pudo quedarse en historia de las letras. Salvo las alusiones múltiples a Eugenia de Montijo, María Casares y Picasso; alguna ocasional a Dalí (vía Gala-Paul Éluard) y el tremendo capítulo dedicado a las relaciones incestuosas Joaquín/ Anaïs Nin, sólo encuentro una a otro español, García Morente, cuyas Lecciones preliminares de filosofía figuraban siempre en el equipaje del polaco W. Gombrowicz (junto con libros de Heidegger y Sartre).

En este fascinante manojo de historias personales, tantas de ellas desgarradoras, me han resultado especialmente atractivas las de J. Cocteau, S. Maugham, Stefan Zweig, Rimbaud, Malraux, Gide, Simenon, Scott Fitzgerald y F. Sagan. Pero aseguro que no son menos apasionantes otros muchos apuntes. Baste recordar lo que escribe Jean Lorrain a principios del XX, un retrato que bien podría subrayarse lustros después: «Todos los chalados del mundo se dan cita aquí. Vienen de Rusia, de América, del África austral. Menudo ramillete de príncipes y princesas, marqueses y duques, verdaderos o falsos. Reyes con hambre y exreinas sin un duro. Los matrimonios prohibidos, las examantes de los emperadores, todo el catálogo disponible de exfavoritas, de crupieres casados con millonarias americanas. Todos, todos están aquí».

Y al alcance de nuestra imaginación, merced a la formidable pluma de Scaraffia. Giuseppe Scaraffia, La novela de la Costa Azul. Cáceres, Periférica, 2019

Doctor en Filología Clásica, a Álvarez Martínez se le conoce por haber dirigido el Museo N. de Arte Romano de Mérida /1974-1986); por sus trabajos sobre construcciones romanas y las numerosas excavaciones arqueológicas cuya responsabilidad asumió. Recordemos que fue becario del Ministerio de Asuntos Exteriores en Turquía (1974); del Deutsches Archäologisches Institut (1977-78, 1995, 2003 y 2006) y de la Escuela Española de Arqueología en Roma (1983), así como Técnico-Arqueólogo de la Comisaría General de Excavaciones Arqueológicas (1972-1974), entre otras muchas dedicaciones relacionadas.

Miembro de la R. Academia de Extremadura desde 1996 y autor de numerosos libros, el Dr. Álvarez, que obtuvo la Encomienda con Placa de la Orden de Alfonso X el Sabio (2017), decide exponer al alcance del gran público la importancia de uno de los yacimientos donde más se ha significado, la ciudad romana de Regina, próxima a Llerena.
La cosa viene de lejos. El 1978, director por el entonces del Museo Arqueológico Provincial de Badajoz, José María Álvarez Martínez, programó, con su equipo, un estudio sobre dicho entorno, término de Casas de Reina, en plena Campiña Sur.
Con la ayuda, en primer lugar, del Ministerio de Cultura y, posteriormente, de la Consejería de Cultura de la Junta de Extremadura se pudieron llevar a cabo campañas de excavaciones que ofrecieron considerables resultados para el conocimiento de la estructura urbana del antiguo municipio romano y de dos de sus sectores más significativos: el área del Teatro y la del Foro.
Regina, inserta en la amplia región de la Baeturia turdulorum y adscrita al conventus Cordubensis, al decir de Plinio, fue un floreciente municipio (alcanzó esta categoría administrativa y política en el curso de la dinastía Flavia) y se constituyó en el centro de explotación de los ricos yacimientos metalíferos de la zona, bajo la atenta mirada de la autoridad imperial. Su desarrollo fue continuo hasta que el cierre de las explotaciones mineras trajo consigo el de su decadencia.
En esta monografía, bien editada y con numerosas ilustraciones, se nos habla de los antecedentes de la ciudad romana y de sus yacimientos-clave como son el “Cerro de las Mesillas”, donde se ha querido situar la ciudad de Erisane, teatro de operaciones, como lo fue el vecino campamento romano de “El Pedrosillo”, de las pendencias entre romanos y lusitanos y el “Cerro de las Nieves”, donde se alzaría, andando el tiempo, la conocida alcazaba almohade que tanto costó domeñar a Pelai Pérez Correa en su camino hacia Sevilla.
Tras la referencia a la riqueza metalífera de la zona se hacen consideraciones sobre la fundación de la ciudad para pasar a su momento de esplendor, el período flavio, con la figura del emperador Domiciano, en cuyo tiempo se levantó tanto el templo dedicado a la Piedad Augusta (en recuerdo de su hermano Tito) y el Teatro, el edificio más conocido de la ciudad, en magnífico estado de conservación y hoy uno de los motores que dinamizan el panorama cultural y turístico de la zona.
Destacan los aspectos relacionados con la estructura urbana reginense, con una red de cloacas perfectamente conservada y el espacio forense con la presencia de tres templos de carácter neopúnico, cuyos programas iconográficos, de excelente calidad, nos invitan a identificarlos con el culto a la diosa del lugar, Juno Regina, al genio protector de la ciudad y a la casa imperial, en este caso representada por el emperador Trajano, cuyas efigies fueron halladas en el curso de las excavaciones.
Con unas consideraciones sobre el momento final de la vida en el municipio romano, notas sobre hallazgos, una selección de títulos bibliográficos sobre el yacimiento y un necesario glosario de términos latinos concluye esta monografía que, sin duda, nos acerca, de manera sencilla y directa, al conocimiento de una de las más importantes ciudades de Extremadura.

José María Álvarez Martínez. La ciudad romana de Regina. Mérida, Centro de Conservación y Restauración de Bienes Cultural. Consejería de Cultura e Igualdad, 2018

450 ANIVERSARIO DE LA BIBLIA DEL OSO

El año 1569 se publicaba en Basilea la célebre Biblia del oso. Se la denominó así por las imágenes de su portada, que muestran un úrsido (logotipo del impresor bávaro Apiarius) intentando abrir un panal de miel labrado en el tronco de un árbol. Se trata de la primera traducción completa de las Sagradas Escrituras, Antiguo y Nuevo Testamento, desde los textos originales al castellano, por cierto magnífico. Su autor era un fraile jerónimo proclive a la Reforma protestante, Casiodoro de Reina (Montemolín, c. 1520- Frankfort, 1594), escapado casi milagrosamente de las garras de la Inquisición. El autor de aquella gesta filológica lo fue también de otra obra importantísima, las Inquisitionis Hispanicae Artes (Heidelberg, 1567), un sólido alegato contra el Santo Tribunal y sus temibles actuaciones, compuesto quizás con ayuda de Antonio del Corro, culto fraile amigo, fugado también del monasterio de San Isidoro (Santiponce), y natural tal vez de Fuente de Cantos. La Biblia del oso, retocada en la Biblia del cántaro por Cipriano de Valera, otro jerónimo nacido junto a Fregenal, constituye la que popularmente se conoce como la “Biblia protestante”, acaso el libro español más reeditado después del Quijote.
También Monesterio ha querido sumarse este año a la celebración de las Jornadas de Historia que con tanta fortuna vienen organizándose en las vecinas poblaciones de Llerena, Fuente de Cantos y Zafra. Promovido por el IES “Juan Calero” y con el apoyo de su Ayuntamiento, tuvo lugar su primer simposio el 15-III-2019, que tuve el honor de moderar. A los numerosos asistentes se les entregó ejemplares del volumen que reseñamos, donde se recogen las tres ponencias allí defendidas. Fue un acierto centrarlas en la figura y obras de Casiodoro, para así conmemorar cumplidamente el 450 aniversario de su Biblia.
La apertura del encuentro estuvo a cargo de Emilio Monjo, sin duda quien más aportó para que se organizase. Natural de Monesterio, doctor en Filología español, pastor de la Iglesia presbiteriana reformada de Sevilla y director del CIMPE (Centro de Investigación y Memoria del Protestantismo Español), es autor de numerosas publicaciones y alentador de otras muchas. Sus conocimientos son realmente impresionantes, según demuestra la biobibliografía que de Casiodoro aquí compone. Por lo demás, junto a los sólidos datos que del personaje aporta, destaca el espíritu de tolerancia, libertad, respeto e irenismo latente en todas sus palabras.
Intervino después Andrés Oyola Fabián para establecer líneas paralela entre los dos grandes escrituristas surextremeños, Casiodoro y Arias Montano. Catedrático de Latín, miembro de la R. Academia de Extremadura y doctorado con una tesis sobre Francisco de Arce, autor (¿junto con Montano?) de un famosísimo estudio de traumatología, el De recta curandorum vulnerum (Amberes, 1574), Oyola destaca similitudes bien establecidas entre los dos genios y apunta otras posibles, que él mismo seguramente desvelará en estudios próximos.
Por último, Pablo Luis Nogues Chavero, joven profesor del Instituto monesteriense, demuestra que la reforma protestante en la Sevilla del XVI tuvo notables seguidoras femeninas, capaces de defender sus tesis hasta morir ejecutadas. Las hubo tanto de las familias más nobles, como entre mujeres humildes, casi siempre próximas a determinados conventos, beaterios o parroquias.
La publicación incluye un apéndice donde se reproducen cuatro valiosos documentos: 1) Trozos de la Exposición de la primera parte del capítulo cuarto de Mateo sobre los piadosos Ministros de la palabra, frente a los que deben precaverse a tiempo (Casiodoro, Fráncfort, 1573). 2) Parte del Comentario de Casiodoro de Reina al Evangelio de San Juan (1573). 3) La presentación de la Confesión de fe presentada por Casiodoro (1560) y 4) Pasajes de Epístola consolaría, escrita por Juan Pérez de Pineda el año 1560 para los presos en la cárcel de la Inquisición de Sevilla
Por fortuna, los temibles jueces del “exurge, Domine, et iudica causam tuam” (Álzate, oh Dios, y defiende tu causa) no pudieron hacerse con Casiodoro y otros de correligionarios. Los quemarían, sí, “en efigie”, mientras ellos, huidos a Europa, realizaban las tareas intelectuales para las que tan bien dispuestos estaban. Emilio Monjo Bellido y otros, Casiodoro de Reina: la Reforma española. Sevilla, CIMPE, 2019.

JOSÉ MARÍA FERNÁNDEZ GUTIÉRREZ

Profesor ya jubilado de Literatura en la Universidad Rovira y Virgili (Tarragona), a José María Fernández (Mora de Luna, 1942) lo conocí a principios de los años ochenta del pasado siglo, cuando comencé a seguir la obra de D. Enrique Díez –Canedo (Badajoz, 1879-México, 1944) para mi Literatura en Extremadura. El doctor leonés, residente en Tarragona, había publicado una valiosa Antología (Salamanca, Almar, 1979) contribuyendo a actualizar la figura del gran crítico, ensayista y poeta muerto en el exilio. A tan encomiable objetivo se sumaría la publicación de su tesis doctoral, Enrique Díez-Canedo. Su dimensión humana, su tiempo y su obra (Badajoz, Diputación, 1984). Grande fue su alegría cuando le comunicamos que el Ayuntamiento pacense, merced al empeño de Jesús Delgado Valhondo, había decidido dedicarle una calle de la ciudad al ilustre “transterrado” (cfr. pág. 78).

También a solicitud nuestra, José María Fernández prepararía la edición, con enjundioso preliminar, del volumen 4 Novelas eróticas de Felipe Trigo (Badajoz, Diputación, 1986), novelista al que tiene dedicados otros estudios.
Desde entonces, no dejó de seguir, más o menos cercanamente, las obras de los escritores extremeños. Especial interés ha mostrado por la poética de Jaime Álvarez Buiza. Lo invitó a conferenciar en la Rovira y Virgili (2004) y le ha pedido prólogo para esta su última obra, demanda que ha sido muy cordialmente atendida.

Entre las muy numerosas publicaciones de J. Mª. Fernández cabe destacar la serie que ha venido dedicando a autores de recia personalidad, como Santa Teresa, Unamuno, Rafael Alberti, Antonio Machado, Arturo Barea, León Felipe o García Lorca, entre otros, esforzándose por aproximar dichos creadores al público juvenil.

De todos ellos se localizan huellas en estas páginas, nominadas con versos pedidos al último de la lista (El Romancero Gitano). El título no puede ser más explícito. Porque al autor le conmueven la “deriva catalana” y el desarrollo del “procès” independentista. Lo ha venido anunciando desde que el ya lejano enero de 1981 firmase el famoso “Manifiesto de los mil trescientos”, junto a Amando de Miguel, Jiménez Losantos, Carlos Sahagún, Santiago Trancón y tantos como se atrevían a denunciar la discriminación de la lengua española en Cataluña. Caro lo habrían de pagar muchos de ellos y, sin duda, José María Fernández.

Pero él ha seguido fiel a las intuiciones originales, agravadas por acontecimientos más recientes y que son de alcance público. Las volvió a manifestar en su obra penúltima, El libro de olor a queso y a tierra mojada (2017), y esa actitud rebelde nutre las páginas de la que aquí presentamos. Imposible buscar mesura o, si se quiere, seny, a lo que se escribe con el corazón mordido más bien por la rautxa. Justo la que experimenta el ensayista forzado por el establishment (léase, la Generalitat y sus inabarcables e interesadas ramificaciones) a comulgar con ruedas de molino, imponiendo el olvido de la historia y la tergiversación de los datos socioeconómicos más flagrantes. Algo que suele ocurrir, avisa, si se barajan ideas en lugar de creencias (Ortega), con los sentimientos imponiéndose a la lógica o el principio de placer al principio de realidad (Freud). Aunque no carga la culpa de este peligroso desvarío solamente sobre los políticos catalanes, pues le incomodan sobremanera las actuaciones de un Rodríguez Zapatero, frívolo e irresponsable hasta la exasperación (si no lo supera Pedro Sánchez).

Son innumerables los ejemplos de este fenómeno casi psicodélico, algunos próximos a la auténtica vesania, aducidos por el escritor, que se esfuerza siempre en adobarlos con cultas referencias literarias, desde las fábulas de Esopo o el preliminar de la Celestina, a Ya nadie llora por mí, del nicaragüense Sergio Ramírez.

He pagado con gusto los 15 euros que cuesta el libro, sencillamente editado. Daría mucho más por que los grillos del odio escapasen a sus oscuras cuevas y las farolas volviesen a iluminar un panorama de concordia, donde los catalanes se encontraran felices con el resto de los españoles. Y estos con aquellos. El autor duda mucho de que eso sea posible, al menos en un futuro próximo, si no se experimentan cambios radicales, como los que se atreve a proponer.

José María Fernández Gutiérrez, En Cataluña se apagaron las farolas y se encendieron los grillos del odio. Prólogo de Jaime Álvarez Buiza. Tarragona, Printcolorweb.com, 2019

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Con el patrocinio de la
JUNTA DE EXTREMADURA
Consejería de Cultura e Igualdad


 

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