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José A Ramírez Lozano

CABALLO He pasado la noche junto al abrevadero
acechando al caballo con el que un día habré
de entrar en Materón después de la batalla. El mío es un caballo aún sin nombre que ignora
la codicia terrible de su propia belleza.
La noche lo confunde con su vasta heredad,
ese oscuro dominio que los dioses acotan
para que los mortales jamás puedan hurtarles
las criaturas celestes, hijas sólo del sueño
de su divinidad, impuro por ajeno. Pero sé que vendrá. Los dioses le impusieron
la sed como un absurdo y cruel sometimiento
y eso lo hará más débil a la ocasión furtiva.
Él no sabe que existe porque la noche enturbia
las aguas en que abreva y lo entraña en sus sombras,
carnazón de la hulla, grupa fría del alba.
Sin embargo yo sé que basta una palabra
para que un potro cobre conciencia de su estirpe
de lumbre y le arrebate su perfil a la nada. El hombre que bautiza con su nombre un caballo
lo hace suyo al instante y no habrá ya enemigo
que lo monte si antes no le arranca sus sílabas. He pasado otra noche junto al abrevadero
acechando el barrunto de su trote, aguardando
lo mismo que un cuatrero el resuello caliente
de su ansiedad, el roce tan tierno de sus belfos
con el agua. Y en vano, toda la noche en vano. Cuántas veces el alba traicionó mi ambición
mostrándome mi reino de Corambo arrasado
por las guerras absurdas que yo mismo declaro
contra mí combatiendo mis huestes con el tiempo
para aplazar así un día la victoria. Yo sé que no entraré jamás en Materón
sin mi caballo y sigo por eso procurándole
valor al enemigo, cobardía a mis tropas.
Materón ha caído cien veces bajo el yugo
de mi mano y cien veces renuncié a su bandera. Un caballo está hecho de su propio deseo
como el mar de la oscura posesión de su abismo.
La palabra lo hará tan cierto como el sueño
maldito de la muerte. La sed es mi aliada. Aguantaré por eso otra noche en mi empeño
y al alba será mío, mucho más que mi sangre.
Esa mañana mismo entraré en Materón
aunque ya nadie quede que celebre mi triunfo
y mi caballo cruce solitario sus puertas
sometiendo las sombras, ajeno a la victoria.
De  Corambo, 2007
DEIDAD Hay un dios más allá de tu Dios mismo
que abunda en su deidad
con dejarse en olvido, su abandono.
Con arroparse con su transparencia. No preguntes por él.
Ni siquiera su nombre
diré por no enturbiarlo. Templo es el aire de su don, amigo,
y basta respirar para adorarlo,
el salmo de tu aliento. Y estamos ya con él, estando solo.
Y el está con nosotros en su ausencia.
De Copa de sombras 2009    CAJA Toda mi herencia es una
caja azul de galletas. Dentro nada. Ver plegarse el cartón.
Verle ganar así un espacio al mundo
estando, como está,
ya el aire repartido
y guardar para mí- oh mi tesoro-
esa nada pequeña
con sabor a vainilla
que se basta en su olor, ya sin galletas,
para probar la dicha,
la clara sensación
de que lo que no está se torna a veces
cierto como su ausencia. Yo la quiero vacía.
Para ti el pan, su miga, la flor dulce
del azúcar tostado. La nada mi avaricia.
De Raiz de la materia 2011

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