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- Como había sido escrito - 

El clima,
los paisajes,
el calor de la gente,
el silencio, los gestos, las palabras,
los nombres, los acentos,
la era, el mar de trigo, los olivos, la encina,
el color de la tarde, la tormenta, la sombra de la palma,
la torre de ladrillos, el olor del rastrojo,
los cipreses, el Cristo y aquellas nubes blancas tantas veces cantadas en tus versos…
decidieron aquella tarde abrazarte en tu ausencia.

Agradecidas por tantos loores,
se desparramaron del verso a goterones por una esquina blanca
de aquel libro;
y, tras largo coloquio enmudecido,
la era y la palma decidieron guardar tu nombre en su susurro,
como había sido escrito.

 

Bartolomé Miranda Díaz
Carrión de los Céspedes, 29 de mayo de 2017

 

NOTA: Estos versos nacen de la añoranza de quien aún no se conforma con el susurro de su nombre.

 

A José Miguel Santiago Castelo 

- Junto al balcón - 

Junto al balcón,
echados los visillos,
la frasca de agua fresca
sobre la vieja mesa,
la hamaca reclinada,
el posijo a los pies
y entre las manos,
-soñando Extremadura-
un libro de poemas de Santiago Castelo.

Junto al balcón,
los versos del poeta recorren mi memoria…
meciéndola,
igual que el aire fresco de la noche
en Sevilla
baila con los visillos.

Y de repente…
un verso, una palabra cierta
convierten la tinta y el papel…
en aroma,
en imagen,
haciendo así presente el recuerdo…
de aquellas viejas casas,
oscuras,
de suelos enrollados…
de aquellos grandes mundos,
repletos de sorpresas,
que llamamos doblados…
de aquella espartería,
poblada de serones,
en que trabajaba mi abuelo…
de aquellas plazoletas,
de las calles en cuesta…
del olor a rastrojo
tras las secas tormentas del verano.

Las caras de mi gente
vienen también a mi memoria,
sus nombres,
otros nombres,
colores y paisajes.

La Serena…
¡Oh Dios la mi Serena!
de carne de pizarra,
noble como un mastín
abrazada a las aguas del Zújar y del Guadiana…

¡Oh Dios la mi Serena!
¿Quién pudiera sentirte barro a barro esta noche?
y abrazarte
y amarte…
amarte más de cerca.

 NOTA: Estos versos tuve la suerte de poder regalárselos en vida, una tarde de primavera del año 2005 en la ciudad de Trujillo en la que tuvimos la oportunidad de compartir mesa y mantel con Mario Vargas Llosa y varios miembros de la junta directiva de la UBEx.

Bartolomé Miranda Díaz
Sevilla, 7 de mayo de 2006

 

DICIEMBRE. VEINTITANTOS
(Tríptico con Luz al fondo)

 

I
Diciembre. Veintitantos. Florecía
una rosa de nieve en la ventana.
En el frescor azul de la mañana,
un aura de cristal nos envolvía.
Todo estaba encendido. La campana
repicaba su bronce de alegría.
Tanta emoción como en el pecho ardía…
y era vana ilusión y lumbre vana.
Estrellas de oropel, papel de estaño,
mintiendo amor y paz. Y todo el año
nos dejaba su lágrima salobre.
Diciembre. Veintitantos. Y nacía
una vez más el hijo de María.
Y otra vez era sólo un niño pobre.

II
Otra vez era sólo un niño pobre
el Niño-luz que en el amor nacía.
Y otra vez era el sol que amanecía
y nadie quiso ver.
Un mar salobre
de luces de neón, de estaño y cobre,
en su fulgor sin sol nos envolvía.
Florecido en el vientre de María
estaba Amor sobre la tierra.
Sobre
cada estrella de luz, como un sudario,
iba creciendo en sombra aquel calvario
aterido en la noche de la espera.
Hoy lo alaban los reyes, los pastores…
Y mañana, dolor de los dolores,
será crucificado en primavera.

III
Será crucificado en primavera
el Niño-sol que el mundo alumbra ahora.
Nadie piensa que nace con la aurora
el manantial de amor que nos libera.
¿Qué será del amor, si cuando muera
la estrella de neón deslumbradora
no tenemos el Sol que brilla y dora
ni la Estrella que da luz verdadera?
Este Sol entre pajas alabado
pronto será fanal en el madero.
Luz de vida que en Vida se convierte.
Si hoy es un niño pobre y olvidado,
mañana en el Amor será lucero,
vencedor de la sombra y de la muerte.

Buscando una salida

a mi tristeza,

topé con la dulzura de tus ojos.

 

Y ya no quise huir.

 

MIENTRAS ESPERABA

Donde quiera que vayas

iré detrás de ti.

 

Desde que te conozco

seguirte

es lo que he sido.

No sé hacer otra cosa.

 

Incluso cuando tú

me imaginabas lejos,

perdido, indiferente,

besaba yo tus pasos

y olía los recovecos

de mi ausencia sin ti.

 

Qué hacer, amor,

entonces,

si de pronto te alejas

irremisiblemente

sino buscar sumiso

tus caricias,

como si fuera un perro

enamorado.

 

Y si te encuentro plácida,

dormida como un pájaro

que sueña,

entregado a tu sueño

me acostaré a tus pies.

 

Para esperar callado,

contigo,

a que despiertes.

 

Recogerme,

huir hacia adentro para ser sólo

lo que tu mirada vea de mí.

 

Alejarme para que tú,

callada,

descubras mis silencios

y me nombres

para que yo recuerde por qué vivo.

 

Y hacerlo, entonces,

a través de tus labios y tu voz.

 

Despierto para verte y verme a mí

bañado en tus pupilas,

bebiendo de tus lágrimas,

consciente de que soy

desde el instante exacto en que me miras.

 

Y sentir tu mirada más cierta

que mis sueños:

 

Al fin, mujer, dormir porque te duermes.

 

LA REVOLUCIÓN (II)

Un revolucionario soy,

sin revolución.

Mi patria es el silencio.

En Une rose dans les ténèbres (Editora Reginal de Extremadura, 2015)

 

Jimmy nunca sabe qué contestar.

Es tímido, aunque no lo muestre.

El primer preservativo que utilizó

estaba caducado y

jamás se le olvidará la fecha 28-10-2010.

Su pasado son unos VHS y la

sensación de haber dejado la puerta abierta.

A Jimmy lo quiere y admira todo el mundo.

Es un gran tipo.

 

En Jimmy, te lo pierdes todo, chaval (1er Premio Poesía XXVI Certamen “Calamonte Joven”, 2016)

 

A Jimmy le gustan los hombres y las mujeres.

Adora los cuerpos elásticos, trabajados e infinitos.

Su cuota mensual del gimnasio es sagrada

y cuando regresa a casa después de hacer piernas

come a solas en la cocina con la luz apagada.

A Jimmy le gustan la música electrónica y el alcohol.

Cuando sus amigos no responden, sale a beber solo y

en alguna ocasión huyó de la claridad tras las 6 A.M.

para refugiarse en la parada de metro más cercana.

Adora las canciones que rompen cuando nadie espera.

 

En Jimmy, te lo pierdes todo, chaval (1er Premio Poesía XXVI Certamen “Calamonte Joven”, 2016)

 

FUGAZ Y SOLA

Preludio


El azar me puso en esta partida de ajedrez

y acabé creyéndome una torre con ventanas,

otras veces, un peón en el tejado

hasta que el viento acabó por llevarse el tablero

dejándome prismática y sola.

 

La sensación de creerme lejos

y deudora de lo pendiente

amenaza el deseo diario de resistir.

Cuando el vestido de comunión

amarillea en el marco de alpaca

presiento que todo sobra,

demasiados adjetivos inundan de baba

los renglones.

 

Inocuos mis poemas

no alcanzan la precisión ni la belleza,

a menudo inmóviles

en el umbral de lo pretendido.

 

No estoy segura de poder soportar

el dolor de algunas ausencias.

 

Me gustaría que ninguna soledad

me matara.

I

Fugaz su imagen al alba

se diluye en un instante,

es un sueño vago su rostro y el mío

se estremece por este adiós

esperado y hambriento.

 

Atocha.

Se pierden los vagones,

desaparecen las maletas entre la gente

y las despedidas se guardan

en los pañuelos al viento.

 

¿Hacia dónde miras cuando me miras?

 

II

Qué fugaz la melodía de aquel canto.

 

Cuando me aman,

y deseo soportar que me amen,

a veces, cuando me aman

no puedo asumir una caricia más.

 

No puedo resistir una caricia más

y aguanto un poco todavía,

un poco más, hasta romperme bajo la piel

y caer en el abismo.

 

III

Es un viento intruso el que se cuela

y se oculta en los rincones habitados

por la ausencia de su voz.

 

Hiere la memoria,

se consume el recuerdo

como un fósforo encendido

entre las yemas de los dedos.

 

Otras miradas esperan

para anidar en mis ojos

como una bandada de pájaros

hacia un lugar salvaje e indemne.

 

IV

Con este nombre impuesto

divago por el borde de la duda,

navaja que en las sienes penetra

por las que asoma pálido un gusano.

 

Apenas me sostengo

en esta historia que desprende

despacio sus escamas,

un traje sin tela ni costuras,

nada más que escamas,

como un reptil que se pasea

por los túneles del metro.

 

V

Insisto en la esperanza

esa llave maestra que tintinea

y luego no acierto a palpar

entre los pliegues de estos años.

 

Se fueron, pero dejaron sus cosas

y el olor permanente de los pasos

por los senderos de la casa.

 

Transcurren los días en semanas

cómo viernes que ayer fueron lunes

y el patio sin barrer.

 

Me parece tarde,

siempre tarde.

 

VI

Sobre la calle mojada me pregunto

por dónde camino

si no saludo al barrendero,

no reconozco al vagabundo

ni la sombra inclinada de la farola.

 

Abrigo en esta esquina la ilusión de un gesto,

un gesto cálido, tal vez.

 

VII

En la estación de autobuses

ni una derrota

la mesa con corazones de tinta,

nombres y fechas,

insultos.

 

Perdidos el seso y la cordura,

esperando, como Penélope,

tejemos una rosa de lágrimas

y el aullido del lobo nos devora

con la pertinaz insistencia

de un recuerdo,

a dentelladas, el olvido nos desangra

y morimos vivos y olvidados.

 

No llegó, tampoco en éste

y son las tres y pico.

Alguien rellena el crucigrama

de un periódico antiguo,

sobre una mesa sucia,

la mirada, ausente, como el paso inseguro

de un cachorro que se aleja de la cueva.

 

VIII

Hoy vuelvo a casa sola, ceno sola,

me cepillo los dientes sola y amanezco sola.

 

Sola me soporto y me entrego

a la bondad merecida.

 

Sola

porque un día fui multitud

y no crecí sino para jugar

al tenis o al sexo,

para practicar natación y amantes.

 

Sola

porque la duda fue mayor que la libertad

y las brazadas silenciosas en el agua

más locuaces que algunas conversaciones.

 

Bajo la sutileza del agua aprendí

a nadar sola.

 

IX

No soy quien te espera.

 

Prendí una fogata donde apurar mi sentir ingrávido

y se alzó una columna de humo muy alta,

deseaba que la vieras desde lejos

pero solo acampo una noche,

al amanecer recojo mi escaso equipaje

e inicio el camino de mi libertad.

 

Esperarte sería una imprudencia.

 

X

Fugaz y sola

persisto en una llaga abierta todavía,

un enjambre de abejas que pululan

en las palmas de mis manos.

 

Hacia tiempo que no me sentía quebrar

tan ácida como un jugo de naranja.

Era sencillo arrancar uno a uno los pétalos

y acabar creyendo en mí.

 

Ahora creo en mí,

en mí y en mis heridas.

 

XI

No me consuela el ritmo de la lluvia

ni su líquida conversación.

 

El tiempo me desata en hilos de seda

y al abrirme paso entre los animales

que en estampida me recorren,

busco aliento.

 

Gritan los huecos más profundos

una idea incasable y vaga.

 

XII

Insoportable es el destierro de este día,

espero volver mañana.

 

Mas no sé si deseo el abrazo que se me niega,

otra vez se me niega la manzana mordida

en el recreo de un patio de cemento.

 

Mas no sé si deseo el hueco que se me niega,

otra vez se me niega un refugio en el parque,

el afecto desbocado y la insurrección del yo.

 

En garras los versos, huidas las palabras,

ignoro lo que mantiene tenaz y oblicua

una lanza clavada en el estómago.

 

XIII

Qué nombre tengo si contesto siempre.

 

Se rasgó el mimético uniforme,

un secuestro largo y sutil

de caricias robadas y mentiras.

 

Aquella novela

es un cadáver putrefacto,

una pesadilla de besos enfermizos

que seguirán durmiendo en mi alcoba

por un tiempo.

 

Ahora te recuerdo.

Antes te amaba.

 

XIV

Una caja de cartón atesora

un juguete, una foto, un mechero,

unos novios de plástico con un nombre

y una fecha,  un único nombre

premonitorio quizá

de la torpeza y la monotonía.

 

XV

Nuestro perro se  asoma a la ventana,

imagina una libertad que no desea

pero le late en un sueño inconsciente.

 

Me asomo al infinito de un horizonte cercano,

los tejados húmedos.

 

Entre los detalles diarios y las fotografías,

antiguas evidencias confirman

que saber mirar es lo importante.

 

XVI

Desconfío de este breve protagonismo

al descubrir un barco al amanecer

que arroja las redes,

sin tiempo para pescar

el gran pez de Hemingway.

 

Dudo de querer seguir,

acomodarme o ejercer de hombre.

 

Sigo el empeño de una intuición perenne.

 

XVII

Tal vez sea solamente ser

y ningún otro desconsuelo me inquiete,

no es un reproche ni una justificación

ni siquiera la necesidad de que me escuchen.

 

Es una puerta abierta

que deja correr el aire fresco

este propósito,

liar el tabaco en otro cigarrillo

a sabiendas de que me sentiré culpable

por volver a fumar

y hasta que quiera dejarlo.

 

Tal vez sea solamente ser

lo que sienta.

 

XVIII

En este leve retrato reconozco el amor

que me sostuvo un día firme.

Es seguro que deseo estar sola.

 

Nadie  consuela a los árboles.

Qué no habrán visto sus hojas

y sentido sus raíces.

 

La mueca de un felino bostezando

tan dúctil y maleable

acaba por conquistar el desánimo

y clava sus fauces en la atonía

de un fiero animal

que hace versos.

 

XIX

Nevará en abril

porque nadie me espera,

mis manos solas se anudan

y mis pasos solos me acompañan.

 

Nevará en abril sobre mi frente

la flor de los cerezos.

Acaso si no nieva, la lluvia cubrirá

cada una de las horas consumidas.

 

Nevará en abril

y en todos los segundos

de este invierno

que es siempre abril.

 

XX

Con el viento del otoño hallé la paz,

sedienta de su afecto y en la niebla

anaranjada.

 

Me deshojé en cobre

y creció  un esqueleto

con el olor del tiempo.

 

Entre las nubes amarillas

escribí todos los poemas

de memoria,

cayeron en mi regazo

y se hicieron hojarasca

en un libro de soledades,

generoso libro,

con el viento del otoño

aquel septiembre.

 

XXI

Los príncipes siempre son y hasta el final

ranas, nada más que verdes ranas.

Por eso algunos viernes

un abrazo me es indispensable,

soy así de frágil.

 

XXII

En un intento fatal de atravesar la calle,

una lombriz muerta es pasto de las hormigas.

Para ellas mi bota será una atroz calamidad

y quizá recen para que alargue el paso,

pero soy un dios muy  insolvente.

 

¿Acaso no fue su estela más fugaz que la mía?

 

Presiento que no sirven las palabras.

 

Aquel grillo se coló en el patio,

resultaba insoportable el cri- cri de sus alas

pidiendo compañía,

solo en la cárcel de su torpeza.

Al fin, logré destriparlo

y suspiré aliviada.

 

Soy tan ignorante como aquel grillo,

pero yo lo maté.

 

Él estuvo mucho más solo

en su pobre y fugaz historia de grillo

perseguido por cantar.

 

XXIII

Detrás de las estrofas duerme un perro,

sienta la cabeza en mis tobillos,

intuye lo que ocurre.

 

Me sigue con el rabo diligente

más allá de empeños y frustraciones,

detrás y en todas mis cuartillas.

 

XXIV

“Shine on you crazy diamond”

PINK FLOY, “WISH YOU WERE HERE”

 

La música me sostiene

y hay algo de rítmica ternura

en el papel emborronado y roto.

Sin ella serían insoportables

el destino y la televisión.

 

Una canción desgastada

en el viejo tocadiscos

suena mía, nuestra.

 

Baila conmigo esta tarde,

Pink Floy no nos conoce,

nadie supo nunca de nosotros.

 

XXV

Esta piel de aliento huérfana

cuánto esperará  a que desate

sus crines un beso.

Estas manos, desnudas de caricias,

qué harán hasta encontrar

un gesto que las abra.

Estos pies delgados

perdidos en una cama inmensa

qué sendero andarán por sí solos

fugaces y solos

estos pies impares.

Y esta cintura que fuera generosa

y tierna se quebrara tantas veces

con el lazo musculoso de su abrazo,

de qué se vestirá serena al convertirse

en las puertas misteriosas de un templo,

con qué se vestirá esta cintura

para quién, esta cintura

fugaz y sola.

 

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