





FELICIANO CORREA
(HISTORIADOR, DOCTOR, PROFESOR, ESCRITOR Y ACADÉMICO)
15 DE OCTUBRE DE 2026 A LAS 17:31H
Actualizado: 15 de octubre de 2026 a las 17:33h

El otoño, mi estación preferida, supone en verdad la renovación de la vida. La naturaleza cambia el mobiliario y el viento derriba los nidos para hacer sitio a los nuevos inquilinos que elevarán sus casas hilvanadas con ramas y plumas en la próxima primavera. Y con la nueva luz tras las lluvias, se nos ha ido el compañero y amigo Antonio Viudas Camarasa. Yo conocía de lejos a Rosa Lencero, su mujer, mucho antes que a él. Pues siendo delegado del Ministerio de Cultura, tenía estrecha relación con asociaciones y, una de ellas fue Entre Tajo y Guadiana. Y allí estaba Rosa, luciendo su juventud, su cercanía personal y su habilidad para la rima. Un día recibí la invitación, pues Antonio y Rosa se casaban. A partir de ahí se sumaron las ocasiones y fue propicio mi ingreso en la RAEX para conectar con él, que llevaba al irse treinta y nueve años en la corporación. Así que he coincidido con él mucho y puedo decir que lo conocía bien. Era ser noble y rebelde. Un aragonés de San Esteban de Litera. Yo sé cómo son los maños. Viví en Teruel, comencé mi licenciatura en Zaragoza y realicé las prácticas de las milicias universitarias en el Batallón de Cazadores Motorizado de Montaña Barbastro XVI. Por mi convivencia en esa tierra entendía los arrebatos de Viudas, por motivos grandes o pequeños. Siendo Santiago Castelo director de la Real Academia me comisionó para que lo visitara en su casa de Malpartida de Cáceres. Quería hacerle ver ciertas cuestiones, pero mi visita sirvió sobre todo para comprender su afán por las nuevas tecnologías. Entre múltiples ordenadores me explicaba asuntos que yo ignoraba. Y, relatando técnicas y vocablos nuevos, razonaba su amor por la lengua. Él había escrito: <<Mi labor como filólogo ha tenido como meta el dotar de rigor científico al estudio de las hablas y de la literatura regional, alejándome del costumbrismo aficionado, con el fin de poder explicar una metodología filológica estricta>>. Y agregaba: <<Gran parte de mi trabajo literario se ha centrado en analizar a los autores que escribieron en castúo o que reflejaban el habla popular>>. Y así fue, Luis Chamizo, Gabriel y Galán, Manuel Pacheco, Luis Álvarez Lencero… fueron objeto de su investigación y puesta en valor. Nos explicó la naturaleza de Extremadura como tierra de transición lingüística, con influencia del leonés, del castellano meridional y del portugués de la Raya.
Era un indagador singular que vendía mal sus saberes porque, aunque lo que contaba venía cargado de razón, estaba expuesto y sobrecargado de énfasis. Pero Antonio no engañaba, ni como experto en su oficio ni como persona. Siempre se le veía venir. Jamás camuflaba su sentir ni tenía retranca.
Tuvo la suerte de hallar a Rosa Lencero como escudero de sus letras y como moza de intendencia burocrática. Rosa fue directora de la Editora Regional y por ello acudió al Instituto Cervantes cuando presenté allí mi obra sobre Vasco Núñez de Balboa. Mas he de decir que mucho de lo que hizo su compañero, en el despacho, en el estrado o en plazas al aire libre, a ella se lo debe. En diversas ocasiones fui confidente de Antonio. Me llamaba tras las sesiones académicas. Estos desahogos con él, fueron por su afán en clarificar todo al detalle; lo que me movía a poner moderación a su empuje.
Notaremos su falta. Y como el hecho de partir para siempre nos iguala a todos, lancemos “pelillos a la mar”. Porque si en verdad el libro sagrado tiene razón y el más allá nos esperan, lo cierto es que se nos juzgará no tanto por lo que hicimos sino por la intención que pusimos en nuestro proceder. A Antonio no le guio maldad alguna en sus acciones, al contrario, pero lo cierto es que nadie puede huir de su propia sombra. Había que entenderlo. Pues es bien cierto que lo que nos sucede es que somos producto del matraz genético y de la influencia ambiental. Ambos hechos condicionan el comportamiento. Incluso a veces nos sorprendemos de nuestro actuar. De modo que, si no somos capaces de explicarnos a nosotros mismos, nos faltan talentos para enjuiciar con tino a los demás. Antonio se ha ido y es la hora de la comprensión y de valorar su trabajo. Es tiempo de poner la voluntad al servicio de las disculpas. Es hora de desearle buen descanso, ese que todos merecemos, como diría Unamuno, después de tanto bregar.

El sábado 19 de septiembre, la sede de la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes, en el Palacio de Lorenzana de Trujillo, acogió la visita de la presidenta de la Junta de Extremadura, María Guardiola, con motivo de la celebración del solemne acto de investidura del arquitecto Rafael Moneo Vallés como académico de honor de la institución.
La presidenta fue recibida por los integrantes de la Mesa de la Academia: la directora, María del Mar Lozano Bartolozzi; el secretario general, José Luis Bernal; la tesorera, Carmen Fernández-Daza, y el censor, José María Álvarez. El encuentro tuvo lugar antes del acto académico y permitió a la presidenta de Extremadura conocer distintos espacios de la histórica sede.
Tras recorrer algunas de las dependencias del Palacio de Lorenzana, la presidenta pasó a la sala de plenos, donde, en presencia de los miembros de la Mesa, firmó en el libro de honor de la Real Academia. Durante la breve reunión, María del Mar Lozano Bartolozzi explicó a la presidenta los principales aspectos técnicos e históricos del edificio, así como el valor patrimonial de la sede de la institución.
La directora aprovechó asimismo el encuentro para mostrar a María Guardiola una selección de las últimas publicaciones editadas por la Real Academia de Extremadura, algunas de ellas realizadas en colaboración con la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte de la Junta de Extremadura.
La visita continuó en la biblioteca, uno de los espacios de especial interés de la Academia por el valor de sus fondos. En ella se conservan colecciones de libros pertenecientes a académicos y a destacadas personalidades de la cultura y de la ciencia, entre ellas la correspondiente a Santiago Ramón y Cajal.

Posteriormente, María Guardiola saludó a los integrantes de la Corporación y a los académicos numerarios que se encontraban en la sede con motivo de la jornada. El encuentro sirvió de preludio al solemne acto de investidura de Rafael Moneo como académico de honor, en el que la arquitectura y la cultura ocuparon un lugar central.
Una vez concluido el acto académico, la relación entre la presidenta extremeña y los miembros de la Real Academia tuvo continuidad en los jardines del Palacio de Lorenzana. Allí, en un ambiente más distendido, se realizó una fotografía conmemorativa que puso final a una jornada marcada por el encuentro institucional, el patrimonio, la investigación y la cultura extremeña.


Con el patrocinio de la
JUNTA DE EXTREMADURA
Consejería de Cultura, Turismo, Jóvenes y Deportes