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La noche del viernes día 21-X se fallaron los Premios Ciudad de Badajoz. En los Jurados de las distintas modalidades participan los Académicos José Miguel Santiago Castelo , Francico Pedraja, Eduardo Naranjo y Manuel Pecellín Lancharro.

Francisco Javier Pérez Fernández, con la obra El secuestro del candidato se alzó anoche con el décimo quinto premio de novela Ciudad de Badajoz. El jurado valoró la extraordinaria calidad de su obra, en la que mezcla una trama negra con una historia de pasiones encontradas. Este autor es reconocido por crítica y público y tiene varios premios, entre ellos el Azorín 2006 por La Crin de Damocles . Manuel Jurado, de Sevilla, se hizo, por su parte, con el trigésimo de poesía con el poemario Crónicas de Atenas, un original trabajo basado en los últimos sucesos provocado por la crisis griega. En periodismo, compartieron el premio Juan López Lago y Antonio José Armero, del diario Hoy , por la cobertura de la campaña en las pasadas elecciones autonómicas.

El quinto premio de escultura es para Paseo por el amor y la muerte, de Teresa Esteban, y el cuarto de pintura se destinará para adquirir las obras Impronto de Lola Berenguer, Walkirias, de Albano Hernández, y Valle del Tajo, de Pedro Gamonal, de Navalmoral. El acto reunió a 400 asistentes, entre ellos el alcalde y el presidente de la Junta.

 

B. CASTAÑO El periódico Extremadura 22/10/2011

El día 3 de enero de 1998, publicaba yo en HOY un artículo sobre tan ilustre paisano, con el título de “Si Juan de Ávalos hubiera muerto…” Allí escribí: “Camina hacia los 87 años, conduce su propio coche durante cuatrocientos kilómetros sin que la próstata le apriete y tenga que parar… Es un académico que madruga pero… trabajó en el Valle de los Caídos. Y a estas alturas del siglo y de nuestra propia historia, cuando hemos celebrado veinte años de la reconciliación nacional, algunos parecen querer seguir fuera del tiempo y desfasados”. Pensaba yo entonces que si Ávalos hubiera muerto se le habría brindado el homenaje que a mi parecer Extremadura debe a tan singular figura. Pero yo, como la paloma de Alberti, me equivocaba, creí “que el mar era el cielo, que la noche la mañana”, porque tras aquel día de su muerte el 6 de julio de 2006, seguimos siendo tan indiferentes, o algo peor, con tan peculiar picapedrero, como a él con humor le gustaba motejarse. Sobre su limpia cabeza de patricio emeritense pesó siempre la dura cruz de las dos Españas. Tuvo uno de los primeros carnés del partido socialista, se confesó siempre como tal y republicano, pero, aunque sólo estuvo en El Pardo una vez, había sido elegido para esculpir el Valle de los Caídos.

El BOE núm. 208, de 27 de julio de 1942, dice: “Según la orden firmada por el ministro de Educación señor Ibáñez Martín, don Juan de Ávalos y García-Taborda, queda depurado por falta de confianza al no ser afecto al régimen”. Así que se exilió a Portugal en 1944, llevándose sólo con él un busto de Manolete, que le había realizado cuando ambos compartían pensión y el torero alquilaba sus trajes de luces.

Una noche le vi clamando ante la vieja Mérida, en las gradas del teatro romano, al contemplar una representación zafia y “vanguardista”. En esto coincidía con el profesor Francisco Rodríguez Adrados, presidente de la sociedad de estudios clásicos, cuando se quejaba de que el Festival estaba perdiendo su genuina finalidad. Amaba su tierra y su significado.

Ni museo verdadero, ni la publicación de una biografía completa, ni jornadas para profundizar en la rica peripecia humana de este personaje que hoy cumpliría cien años. Silencio y silencio han seguido tras su muerte. Yo, en efecto, me equivocaba.

Llovía en Almendralejo el día 20 de octubre de 2001, era de noche e inaugurábamos una exposición bajo el título de “Juan de Ávalos, 90 años de un clásico”. Conversábamos con él Juan Carlos Timón, Isidro Álvarez y yo mismo. Y allí, junto a la grandeza de su obra, la llaneza del hombre. Como caminante que divisa lo andado y con la firmeza cervantina al poder decir “yo sé quien soy” frente a los azotes de un lado y de otro, hablaba el académico con la moderación que sólo regala la experiencia; con ese decir que con insistencia recomendaban los griegos al recordar que “nada de excesos”. Bajo los arcos chorreando de aquel claustro, sus palabras eran sabiduría y sedante frente a las murmuraciones que soportó de esos que ni siquiera perdonan a los fantasmas de la fabulación. Esos necios para quienes ni siquiera la muerte es bálsamo que aplaca esa obcecación tan nuestra, tan hispana, que gusta alimentarse siempre del ajuste de cuentas.

Feliciano Correa

El próximo día 24, lunes, a las 19 horas, se presentará en la Biblioteca de Extremadura el nº 5 de la revista ALBORAYQUE,dedicado a las escritoras extremeñas. En el acto intervendrán la Consejera de Cultura,Trinidad Nogales; Justo Vila, que coordinó la entrega y dos de los colabadores en la misma, Carmen Fernández-Daza y J. I. Rodríguez Hermosell. Moderará el acto Manuel Pecellín Lancharro.

Francisco Pedraja y Eduardo Naranjo en el jurado del Premio de Pintura al Aire Libre, de Badajoz
Más de cien artistas pintan el Casco Antiguo a su manera El cordobés Jaime Jurado Cordón volvió a ganar y el cacereño Federico Plasencia fue segundo Fuente: J. LÓPEZ-LAGO | BADAJOZ. HOY
'Pirulo' es ese personaje que pulula por el Casco Antiguo acarreando chatarra, hablando con su perro y jactándose de las veces que él y su delirante discurso de la vida han salido ya en televisión. Desde ayer puede añadir que también le han hecho un retrato al óleo.

El autor es Alberto David Fernández, llegado desde Segovia para participar en la XII edición del Concurso de Pintura al Aire Libre 'Ciudad de Badajoz', quien la tarde antes decidió pasear por el Casco Antiguo y decidió plasmar esta parte humana del barrio, al contrario que otros que eligieron sus monumentos, la perspectiva de sus arcos o la textura de sus calles peatonales.

De nuevo el certamen ha vuelto a superar su participación, de los 96 pintores del año pasado a 122 ayer cuando a la una de la tarde acabó el plazo para sellar el lienzo que había que entregar terminado antes de las siete. Esto explica que desde bien temprano los transeúntes se toparan extrañados con pintores por las calles, rincones y plazuelas del Casco Antiguo. En calles como San Juan había a media mañana catorce caballetes cuya evolución seguían los paseantes.

Al final ganó por segundo año consecutivo el cuadro de Jaime Jurado Cordón, de Lucena (Córdoba) y en segundo premio fue para Federico Plasencia Chacón, de Cáceres. Solo 29 de los participantes eran de Badajoz capital y extremeños no pacenses se contabilizaron 46, por lo que la representación de otras provincias fue muy numerosa, destacaron tanto el alcalde Miguel Celdrán y la concejala de Cultura Paloma Morcillo, que se alegran de que el certamen sirva además para que venga gente a conocer Badajoz. De hecho, la organización paga el hotel a quien viene de lejos y esta vez han sido 70 los alojados.

No era el caso, por ejemplo, de Manuel Calderón, que a las cuatro y media de la mañana ya estaba en pie para viajar desde Peraleda del Zaucejo y participar en el concurso. Aunque vive en Toledo, este extremeño trabaja en Madrid conduciendo por la Gran Vía un camión de la basura por las noches. Ahora está de vacaciones y como vio el anuncio del concurso en la prensa se lanzó. Solo lleva un año recibiendo clases. «no pienso en ganar, quiero quitarme el miedo de sentarme en una calle y ponerme a pintar porque hasta ahora me sentía cohibido y solo mostraba mis trabajos al final. Por primera vez me he atrevido con lo urbano porque mi afición hasta ahora era retratar animales, sobre todo perros», decía ayer este concursante que escogió la esquina de las calle Norte y Encarnación. «Es que las he visto tan abandonadas que quiero revivirlas en el lienzo», decía mientras llevaba a su lienzo los desconchones.

Más veterana con la paleta es la pacense Úrsula Riquelme. Su padre ya era artista y ella pintaba desde pequeña. Además, tiene varias exposiciones en su curriculum, ya participó en este mismo certamen hace dos años y durante su estancia en Canarias se dedicaba a pintar en la calle. «Me gusta este concurso porque la gente se tiene que acostumbrar a ver a los artistas con el caballete pintando al natural», explicaba mientras hacía tiempo para que los veladores de la Plaza de la Soledad se fueran llenando de gente. Ése era el ambiente que quería plasmar ayer en su lienzo.

13.000 euros en premios El éxito de este concurso de pintura al aire libre estriba en la cuantía de los premios. Se reparten 13.000 euros en total, siendo los dos primeros de 2.100 y 1.800. Después hay siete premios más de entre 1.400 y 1.200 euros que donan la empresas Joca, Grupo Event, Sonido Juan Ángel, Limpesa, Palicrisa y Tecnigraf, éste último al mejor artista extremeño (y que ganó el pacense Ramón de Arcos), que hacen atractivo venir a concursar.

Además, hay diez accésits de 150 euros cada uno que también compensan una jornada que puede llegar a ser muy dura si el calor aprieta, como ocurrió ayer a algunas horas del día. De hecho, los gorros de paja eran vestuario habitual entre los artistas, que tan mano como los colores tenían siempre el agua convenientemente refrigerada en termos la mayoría.

Este condicionante, el de pintar en la calle, en verano y en Badajoz,era el que más llamaba la atención del presidente del jurado, el catedrático y pintor Francisco Pedraja, que hizo pública su admiración por la valentía y resistencia de los  concursantes. Además, observó cómo había subido el nivel de calidad este año. Junto a él valoraron los trabajos presentados el pintor Eduardo Naranjo, los críticos de arte Javier Rubio Nomblot y Martín Carrasco y la galerista Ángeles Baños.

El académico de la RAEx, don Manuel Pecellín Lancharro, recibirá el próximo día 7 de septiembre en el teatro romano de Mérida la Medalla de Extremadura como reconocimiento a toda una vida dedicada al libro y a la cultura extremeña. Los otros galardonados de este año han sido la población de Zalamea de la Serena, la Universidad de Mayores de la UEx, el industrial portugués Manuel Rui Nabeiro y Mercedes Moreno, voluntaria implicada en la integración de la población reclusa.

PECELLÍN LANCHARRO,  Monesterio (Badajoz), 14-IX-1944. Licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca con Memoria sobre Teilhard de Chardin. Doctor en Filosofía por la Complutense, con tesis sobre el Krausismo en Extremadura. Catedrático de Instituto (1976). Profesor de Antropología Cultural en la Escuela Universitaria Santa Ana, de Almendralejo. Miembro del Equipo de Estética de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Sevilla. Director de los Institutos “Pedro de Valdivia” (Villanueva de la Serena) y “Reino Aftasí” (Badajoz); fue Director del Servicio de Publicaciones de la Diputación, del Centro y de la Revista de Estudios Extremeños; Presidente de la Asociación de Escritores Extremeños; Consejero Asesor de la Asamblea de Extremadura. Coordinador de El Urogallo Extremadura. Responsable del área de “Ciencia y Pensamiento” de la Gran Enciclopedia de Extremadura; cofundador y vicepresidente de la UBEx; fundador y director del boletín bibliográfico Oeste Gallardo. Tomó posesión como miembro de la Real Academia de Extremadura de las Artes y de las Letras el 23 de abril de 2005.

 

En 1971, al reunir por vez primera su obra poética, Félix Grande utilizó ya este título, Biografía, y se ha venido reiterando en sucesivas ediciones, algunas con ampliaciones, hasta la presente. No es cuestión menor que esa voz que nombra la vida dé nombre a la escritura poética que deberá leerse entonces en cuanto relato o, mejor, relación de lo vivido, claro que en clave poética y, por tanto, no al uso del género de la biografía. Y es significativo que se diga biografía y no autobiografía, lo que indica ya que entre el individuo real y la voz que habla en estas páginas hay siempre una distancia, una enajenación o desapropiación, que encontraría su manifestación más elocuente en ese Horacio Martín -“mi heterónimo, o mi maestro”- al que se hace autor de parte de la obra, Las rubáiyátas, firmada por Félix Grande. Esta cuidada edición, que es norma de la casa y que ha de tenerse por un índice de canonización importante, reúne casi toda la poesía de Grande, con la inclusión del hasta ahora inédito La cabellera de la Shoá, y un prólogo de Prieto de Paula con interesantes comentarios sobre los distintoslibros. Nacido en Mérida en 1937, criado en Tomelloso y asentado en Madrid, a Grande se le deben además de su poesía varios libros de narración, ensayos sobre literatura o flamenco y una importante tarea durante años en Cuadernos Hispanoamericanos, revista de la que fue director. Quien se ha definido en cuanto poeta como un “servidor del lenguaje y de las emociones” ha de ser reconocido como uno de los grandes contemporáneos. Servidor del lenguaje tanto como del otro, de lo colectivo -de la “tribu” para decirlo con término que él reitera-, lo que ya al cerrar Las piedras (1964) quedaba expresado en esta
personificación: “Palabra, dulce y triste persona pequeñita”. Sin restar la importancia y significación de los anteriores libros, Grande es, quizá sobre todo, el autor de Blanco spirituals, libro que en 1967 -fecha de la edición cubana, en España se publicó 1969- supuso toda una renovación de la temática social o comprometida o moral al integrarla en formas ligadas a las vanguardias además de incluir referencias al jazz, al rock & roll, etc. Como se ha dicho tantas veces, había en este libro rasgos de lo que enseguida se denominaría novísimo. Luego vinieron los poemas en prosa de Puedo escribir los versos más tristes esta noche (1971), excelentes, imaginativos, con una magia particular. Y a continuación la creación de Horacio Martín y sus rubáiyátas, donde con la sombra de Omar Jayam, pero también las de Pessoa o Machado sobre el “personaje”, los poemas son un canto al cuerpo, al placer, al deseo, exaltación de la pasión que incluye también la pérdida, la separación final de los amantes, un libro importante en el discurso poético del amor. Con el intermedio de La noria, reunión de poemas diversos en asuntos y formas, buena parte de ellos homenajes a escritores y donde no faltan figuras familiares, Biografía se cierra ahora con la novedad de La cabellera de la Shoá, espléndido, que con cierta dicción bíblica presta su voz, plena de emoción, al horror, al mayor horror de nuestra civilización. Sí, Félix Grande es uno de los grandes de la poesía actual.

 

Fuente: El Cultural de "El Mundo" (24 junio 2011)

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