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En 1617 nace Murillo (el próximo año se conmemora el 400 aniversario de su nacimiento). Aquel año Velázquez superaba el examen como maestro de pintura. En 1660 muere Velázquez, año en el que Murillo funda la Academia de Dibujo de Sevilla. Apenas una generación (18 años) separa a los dos pintores sevillanos, genios del Barroco y estrellas del Siglo de Oro español. Pese a lo que afirmaban con todo lujo de detalles Antonio Palomino y Ceán Bermúdez (este último incluso afirmaba que Murillo se alojó en casa de Velázquez de 1642 a 1645, que lo recomendó al Rey y que fue su maestro y bienhechor), ningún documento constata que se conocieran personalmente, aunque es más que probable que Murillo, en su viaje a Madrid en 1658, le visitara. También parece evidente que habría visto en Sevilla alguna de la veintena de obras que dejó Velázquez antes de su marcha a Madrid en 1623 en busca de gloria, que halló en una carrera deslumbrante al servicio de Felipe IV. Es el caso de «La Adoración de los Magos», que pintó para el Noviciado de los jesuitas de San Luis, o la «Inmaculada Concepción» encargada por los carmelitas de la ciudad.

 

La historiografía, desde Diego Angulo hasta Enrique Valdivieso, siempre ha negado que Velázquez tuviera influencias evidentes en la pintura de Murillo. Pese a ello, resulta extraño que nunca se hubieran medido en una exposición ambos pintores. Y ha tenido que ser un británico de origen napolitano el que se haya decidido a hacerlo. «Puede ser bastante atrevido», advierte Gabriele Finaldi, director de la National Gallery de Londres y comisario de la muestra, casi pidiendo perdón por el «sacrilegio».

 

Presencias y ausencias

Velázquez y Murillo se reencuentran en su ciudad natal, cuatro siglos después, en una cita histórica con la que la Fundación Focus celebra sus 25 años con sede en el Hospital de los Venerables y con la que arranca el Año Murillo. Se exhiben, en parejas y tríos, hasta el 28 de febrero de 2017 y apiñadas en una sola sala, diecinueve obras: nueve de Velázquez (fechadas entre 1617 y 1656 ) y diez de Murillo (entre 1645 y 1680). La exposición cuenta, entre otras, con la colaboración de ABC (representado ayer en la inauguración por Catalina Luca de Tena, presidenta-editora; y Álvaro Ybarra, director de ABC de Sevilla). Hasta once instituciones han cedido fondos: cinco el Prado, al que se suman centros tan señeros como el Louvre, la National Gallery de Londres, el Meadows Museum de Dallas, la Frick Collection de Nueva York, el Kunsthistorisches Museum de Viena o la Wellington Collection de Londres. El duque de Wellington no faltó a la cita. Sí lo hicieron la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz (¿demasiado incómoda la foto junto a José Borrell, vicepresidente de la Fundación Focus?) y el alcalde de Sevilla, Juan Espadas. Nos aclaran que se hallan en una feria turística de Londres, donde promocionan el Año Murillo. Eso sí, dejando plantado al pintor en su cara a cara con el mismísimo Velázquez.

La exposición no propone una tesis revisionista que redefina la influencia de Velázquez en Murillo, sino una reflexión sobre elementos comunes en sus producciones artísticas. Finaldi advierte: «No reivindico que Murillo salga de Velázquez». Más allá de un puñado de afinidades (virtuosismo técnico, maestría en el uso de la luz, grandes dotes narrativas, una paleta comparable, un lenguaje pictórico naturalista), ambos mantuvieron un estilo propio pintando en la Sevilla rica, culta y capital del comercio del XVII: Velázquez, sólo durante cinco años; Murillo, durante 44.

La muestra se abre con sendos autorretratos, donde ambos artistas posan con porte aristocrático. Murillo lo hace sobre una losa fingida de piedra. El de Velázquez salió del Prado con ciertas dudas de si era un autorretrato. De hecho, en la web del museo aún luce, como reza en el propio marco del cuadro, como «Retrato de hombre» y se dice que «algunos han pensado que es un autorretrato, mientras que otros han apuntado la posibilidad de que se trate del hermano del pintor, Juan. Sin embargo, no existe ninguna prueba realmente fiable que avale cualquiera de estas hipótesis». Pese a ello, en la Fundación Focus luce con una cartela inequívoca, «Autorretrato», sin ni siquiera un interrogante. El propio comisario confirma que han ido más allá del Prado. Eso sí, cuenta con el beneplácito en la atribución de Javier Portús, jefe de Conservación de Pintura Española (hasta 1700) de la pinacoteca.

 

Emotivos regresos

Hay momentos emotivos en la exposición, como el regreso del «San Pedro Penitente» de Murillo al Hospital de los Venerables. Lo legó a esta institución en su testamento Justino de Neve -canónigo de la catedral de Sevilla, mecenas, amigo y albacea testamentario del pintor-, pero la obra fue confiscada por el mariscal Soult y llevada a Gran Bretaña. La Fundación Focus lo adquirió tras hallar el propio Gabriele Finaldi su paradero en 2012 en una casa particular en la isla de Man. También emotiva, la visita por primera vez a Sevilla de las patronas de la ciudad, santa Justa y santa Rufina, préstamos del Meadows Museum de Dallas, cuya belleza es totalmente idealizada. Ambas flanquean a la «Santa Rufina», de Velázquez, de la Fundación Focus.

En «La Sagrada Familia del pajarito», Murillo reinterpreta décadas después lo que vio en «La Adoración de los Magos», de Velázquez: los colores, la composición, el sentimiento familiar... Ambos cuadros cuelgan ahora juntos. Lo mismo que tres «Inmaculadas», dos de Velázquez y una de Murillo: este vuelve a reinterpretar la nueva iconografía velazqueña en unas dos docenas de versiones autógrafas. No en vano es el pintor de Inmaculadas más célebre de la Historia del Arte. En la exposición solo se exhibe una. También hay en la muestra buenos ejemplos de ambos artistas de la pintura de género. En obras como «Niño espulgándose» o «Tres muchachos» Murillo retoma la invención que Velázquez llevó a cabo en lienzos como «Dos jóvenes a la mesa». ¿Cuál es el más velazqueño de los Murillos?, le preguntan a Finaldi. Se lo piensa. «Niños espulgándose», del Louvre, dice finalmente.

El comisario se toma una licencia: proponer que «La educación de la Virgen», de Murillo, que confronta con «La Infanta Margarita de blanco», de Velázquez, es «casi una escena cortesana; la Virgen niña se presenta como una pequeña princesa». «Es una interpretación muy personal», advierte Finaldi. No ha querido confrontar «La educación de la Virgen», de Murillo, con la recientemente atribuida a Velázquez, propiedad de la Universidad de Yale, porque este cuadro ya estuvo en Sevilla. Preguntado sobre si está de acuerdo con la polémica atribución a Velázquez, dice: «Me parece convicente, pero si Javier Portús sigue teniendo dudas, alguna razón habrá».

En el siglo XIX Murillo gozó de gran reconocimiento, pero en el siglo XX cayó en desgracia como un pintor «dulzón y devoto». Cree Finaldi que hoy «ya no es necesario reivindicarlo ni justificarlo. Se han celebrado exposiciones en Estados Unidos, Londres, Madrid... Su pincelada es maravillosa». En el catálogo de la exposición, donde María Álvarez-Garcillán y Jaime García-Máiquez, ambos del Museo del Prado, hacen un interesante estudio comparativo de las técnicas, materiales y soportes utilizados por ambos pintores, recuerda Portús que en la fachada del museo «figuran una serie de medallones con el retrato en busto y de perfil de un artista español, cuyo nombre lo acompaña. Fueron realizados en torno a 1830 por Ramón Barba, y en su selección intervinieron importantes artistas y críticos. El lugar principal se adjudicó a Velázquez y Murillo, que flanquean el gran pórtico dórico central». Ambos tienen un lugar especial en el Parnaso de los pintores.

 

Dos genios muy diferentes

Diego Velázquez (1599-1660)

Su producción es de unas 130 obras, todas lienzos, salvo un par de dibujos. Trabajó en Sevilla de 1618 a 1623. Después se marchó a Madrid.

Su maestro fue Francisco Pacheco, que después sería su suegro. Sus clientes fueron Reyes (Felipe IV), Papas (Inocencio X), nobles...

Su concepción del dibujo es más clásica, su espíritu es más sosegado. El dibujo subyacente se hace cada vez más suelto.

Destaca la sutileza y elegancia de su empleo del color. Pinta superponiendo capas de color que matiza con precisas pinceladas.

En la Corte madrileña pinta dioses y príncipes: retratos, lienzos mitológicos, cuadros de Historia... No hará más pintura religiosa.

Su carrera fue deslumbrante y meteórica. Aposentador real, enfermó de viruela y murió tras un viaje con la Corte a Fuenterrabía.

 

Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682)

Pintó unas 420 obras (390 lienzos, 20 tablas, 4 cobres, 3 obsidianas) y un número similar de dibujos. Toda su carrera se desarrolló en Sevilla.

Se formó en el taller de su primo político Juan del Castillo. Su clientela fueron las principales órdenes religiosas sevillanas.

Murillo fue un dibujante excepcional, instintivo, arrebatado por la pasión. Destaca por la libertad del trazo y la armonía.

Destaca la variedad y brillantez con que saca partido al color. Pinta delimitando grandes manchas de color en sus composiciones.

Casi toda su producción se limita a la temática religiosa (Vírgenes y santos), obras de devoción para uso tanto público como privado.

Su carrera y su talento tardaron en despegar. Murió tras caerse de un andamio mientras pintaba «Los desposorios de santa Catalina».

Fuente: ABC

La Unión de Bibliófilos de Extremadura organiza en Badajoz una mesa redonda sobre crítica literaria El director de la Editora Regional de Extremadura y coordinador del Plan de Fomento de la Lectura, Eduardo Moga, participará este jueves, día 3, en Badajoz, en una mesa redonda sobre crítica literaria organizada por la Unión de Bibliófilos de Extremadura.

Durante este foro, que tendrá lugar a las 20,00 horas en la sede de la Unión de Bibliófilos (C/ Encarnación, nº 3), se presentará el libro 'La disección de la rosa', del propio Moga, publicado por la Editora Regional en 2015, antes de su designación como responsable de este sello.

En la mesa participarán también el secretario de la Academia de Extremadura, Manuel Pecellín Lancharro, y el presidente de la Unión de Bibliófilos de Extremadura, Joaquín González Manzanares.

'La disección de la rosa' reúne una amplia selección de las reseñas y artículos literarios publicados en diversos medios culturales por Eduardo Moga desde 2007 hasta 2015, dedicados fundamentalmente, pero no solo, a la poesía española contemporánea.

En el prólogo, Aurelio Major destaca que Eduardo Moga consagra "la precisión y riqueza de su léxico, el fraseo musical, la adjetivación reveladora y a veces escarnecedora, y el ingenio, fruto de una acendrada capacidad de observación vertida en la lectura", explica la Junta de Extremadura en nota de prensa.

Se trata de "una postura higiénica, de acotamiento de la moral literaria actual, frente al discurso nebuloso que oculta en el reseñismo convencional la vaguedad, cuando no la pereza".

Eduardo Moga (Barcelona, 1962) es licenciado en Derecho y licenciado y doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona. Ha publicado poemarios y antologías poéticas; traducciones de autores como Ramon Llull, Frank O'Hara, Évariste Parny y Charles Bukowski, entre otros; libros de viajes y ensayos.

Además, practica habitualmente la crítica literaria en varias publicaciones especializadas, escribe el blog 'Corónicas de Españia' y es el director de la Editora Regional de Extremadura y el coordinador del Plan de Fomento de la Lectura desde febrero de 2016.

Fuente: El Correo de Extremadura

Hace ya 26 años que Eugenio Fuentes (Montehermoso, 1958) concibió a Ricardo Cupido, aunque entonces aún no era el detective que, con el paso del tiempo y de los libros, se convirtió en la referencia que es hoy dentro de la novela negra española. Fuentes, que entra y sale según le va pidiendo el cuerpo de un género al que siempre ha intentado elevar mediante la calidad de la escritura, está más que consolidado como un puntal de la literatura hecha por extremeños

¿Habrá nuevo libro pronto? ¿Será con Ricardo Cupido como protagonista?

No publicaré un nuevo libro de forma inmediata, sino que tardará todavía un poco. Y no será de la serie de Ricardo Cupido, aunque el detective ya está llamando de nuevo a la puerta, esperando turno y pidiendo la palabra.

«Los libros, como las personas, son buenos o malos independientemente de su género»«La novela negra tiene una especial capacidad y reflejos para revelar las inquietudes sociales»

Al principio de su carrera era reacio a aceptar que se le encuadrase en el género negro. ¿Sigue siendo así? ¿Por qué?

Sí, era reacio, pero no porque tenga nada en contra de ese género. No creo que haya ninguna jerarquía de géneros. Los libros, como las personas, son buenos o malos, independientemente de su género, se trate de una novela negra o de un poemario, de un ensayo o de una pieza teatral. Como lector, me gusta especialmente la poesía, porque creo lo que decía Brodsky, que es la mejor vara de medición del lenguaje. Pero eso no es más que es una preferencia personal. Era reacio porque creía que mi escritura no encajaba en ninguna de las dos corrientes, la que se denomina novela negra y la novela policiaca. En la una predomina una violencia que me resulta ajena; la otra basa todo su interés en la coartada, que es una palabra antigua y un recurso a todas luces insuficiente sobre el que sostener una historia. Y lo que siempre me ha interesado son los personajes, porque creo que, de Flaubert a Faulkner, no hay una gran novela que no tenga grandes personajes. Esa era, al menos, una de mis discrepancias con el género. Con el tiempo, uno se resigna y se lo toma con humor.

¿Y las otras discrepancias?

Otra era el estilo. En la tradicional novela negra el contenido pesa más que la forma, por decirlo de una manera simplificada. La novela negra llegó tarde a la historia de la literatura, y en su afán por meter los codos entre los demás géneros buscó el agrado del público con unas formas sencillas que renunciaban a todo lo que significaban las lecciones formales del Modernismo. Sus autores practicaron un estilo duro y seco, casi indigente, que huía de los adjetivos como si fueran algo venenoso. En mis novelas yo buscaba algo distinto. Otra cosa es que lo haya conseguido. Y, por otro lado, es una clasificación del mercado. Las novelas negras que he escrito, si aceptamos esa calificación, cuantitativamente no llegan ni siquiera a la mitad de mi bibliografía. En cualquier librería se encuentran mis títulos en varias secciones diferentes: novela negra, sí, pero también novela en general, cuentos, ensayo, periodismo. Pero la serie de Cupido es la que más atención mediática ha despertado.

Ha mencionado el periodismo.

Sí, porque es una escritura que me gusta mucho, que te obliga a tener los pies en el suelo y te sujeta a la realidad, frente a la ficción, que te empuja a lo contrario. Además, es un permanente ejercicio de riesgo, al tener que adentrarte en territorios que no dominas, por lo que resulta una tarea apasionante. Cada artículo es un salto en el vacío, porque supone opinar del euro sin tener ni idea de economía; opinar de la ecología sin tener más que unos rudimentos sobre la naturaleza; opinar de política sin tener información de lo que ocurre en los pasillos de los parlamentos. Y siempre con una actitud de independencia, porque tienes derecho a emitir tu opinión, y al mismo tiempo de profundo respeto, de no creerte en posesión de ninguna verdad absoluta.

¿La novela negra refleja la realidad social mejor que otros géneros?

Yo diría que sí, al enfocar sus historias sobre el malestar, tanto individual como colectivo. La novela negra tiene una especial capacidad y unos reflejos muy rápidos para revelar las inquietudes sociales, económicas y políticas. Es un mérito del género, sí, pero yo no creo que tenga que ser una obligación ni que la novela negra tenga que ser el speaker de la crisis actual. Un poema de Luis García Montero o de Jorge Riechmann, o una novela de Chirbes o de Belén Gopegui son portavoces igualmente válidos de ese malestar.

¿Los lectores aprecian la literatura policiaca que se hace en España o sigue el 'boom' de los países nórdicos?

Ahora mismo hay muchos lectores aficionados a la novela negra española, quizá porque ha logrado algo muy importante: elevar su nivel literario con la aparición de estupendas escritoras que aportan una nueva mirada con mujeres detectives, y con la incorporación de grandes escritores de otros géneros. La novela negra, así, está sirviendo de enlace entre géneros distintos y está rompiendo la vieja incompatibilidad entre una literatura compleja y trascendente, pero que no tiene demasiados lectores, y una literatura popular que tiene lectores pero no tiene trascendencia. Todo está muy mezclado y Slavoj Zizek afirma que 'le noir' no es tanto un género cuanto un tema, un espíritu que impregna todos los géneros. En cuanto al boom de los países nórdicos, como todos los booms, ha durado un tiempo, pero está en franca retirada.

Le han editado en 12 países. ¿Fuera de España, dónde se aprecian o se entienden mejor los libros de Eugenio Fuentes?

En Alemania.

¿Por qué cree que hay críticos que le consideran un renovador del género?

Supongo que por lo dicho arriba: por un cierto cuidado del estilo en un género que a menudo ha sido bastante descuidado, y por enfocar las historias sobre los personajes, en lugar de hacerlo sobre el enigma.

Crear un personaje reconocible y que se convierta en alguien familiar para los lectores es una tarea difícil en la literatura. ¿Cómo nació Ricardo Cupido?

Ricardo Cupido nació como personaje en 'Las batallas de Breda'. Era un adolescente que de ninguna forma podía imaginar que un día se convertiría en detective. Tampoco yo lo imaginaba. Pero hoy me alegro mucho de que esté por ahí y de que se haya ganado aprecio de los lectores. Quiero creer que se debe a que no es un personaje plano, a que no es un personaje-función que solo cumple un papel dentro de una estructura narrativa.

Tiempo para escribir

Aunque se les conozca y tengan cierto éxito, hay pocos autores, sobre todo en Extremadura, que se atrevan a dejar sus trabajos 'seguros' para lanzarse de lleno a la escritura. ¿Por qué lo hizo usted?

La razón fundamental es la necesidad de tener tiempo para escribir y para atender a algunas de las tareas colaterales que generaba la escritura. Pero, en realidad, es una decisión que tiene más inconvenientes que ventajas.

¿Cómo ve la nueva literatura hecha por extremeños? ¿Quiénes vienen con más fuerza tras los Landero, Valverde, Hidalgo Bayal, Cercas o usted mismo?

A menudo pienso en lo que dice, porque es imprescindible que voces nuevas digan cosas nuevas y renueven el panorama. Sería fantástico. Conozco la obra de algunos escritores jóvenes, pero no la de todos, y por eso sería sumamente injusto decir nombres o establecer jerarquías.

¿Prefiere ventas o prestigio literario? Y no me diga que ambos al mismo tiempo.

Yo creo que la respuesta está muy clara en el conjunto de mis libros.

Los autores que más venden son, lógicamente, los más pirateados. ¿Le afecta mucho este problema? ¿Qué cree que se puede hacer al respecto?

Claro que me afecta, como a todos. Pero, hoy por hoy, no se puede hacer nada.

¿Merece Bob Dylan el premio Nobel?

Merece un premio Nobel, en representación de tantos cantautores. Leonard Cohen, Pablo Guerrero o Paco Ibáñez, pero no el de Literatura, si comparamos su obra con la de otros escritores. El conflicto está en que los Nobel se siguen dando en las mismas categorías que hace ciento veinte años, y en este siglo todo ha cambiado de forma extraordinaria. La revolución de las nuevas tecnologías, la ruptura de los límites entre las artes, la mezcla de géneros y soportes. superan la tradicional parcelación de esos premios. Quizá habría que crear una nueva categoría que reflejara estos cambios con un premio a esa diversidad de la creación artística.

Fuente: HOY

El tapiz, aunque más lentamente, ha logrado incorporar diseños contemporáneos a unos hilos que se tejen como hace tres siglos. Esta faceta viva de los tapices y de las alfombras y su vinculación con la creación contemporánea es lo que se muestra en 'Hilos de modernidad'.

Este es el título de la exposición temporal que enseña por primera vez en Extremadura el trabajo de la Real Fábrica de Tapices, una institución creada en 1721 por Felipe V, centrándose en su producción artística en el último siglo. Y, lo hace de la mano de la Diputación de Badajoz, que la expone en la sala de exposiciones temporales del Museo de Bellas Artes (MUBA) hasta el próximo 15 de enero.

La muestra es casi experiencial. Entra por el olfato, ya que las salas desprenden el olor de los hilos de las lanas y las sedas que dan cuerpo a los tapices y que se anudan en las alfombras. Se disfruta también con el tacto, que permite comprobar cómo es el oficio del licero en el telar de madera que actualmente sigue utilizando la Real Fábrica de Santa Bárbara para hacer los tapices en alto lizo -cuando los hilos están colocados en vertical- y que atestigua, si se palpa el revés de las alfombras, que están hechas nudo a nudo. Y, por supuesto, entra por los ojos gracias a unos diseños que sorprenden porque reinventan los tapices y las alfombras para que hablen del mundo actual.

Por todo ello, valora la directora del MUBA, «la consideración del tapiz como arte menor es injusta». De hecho, aunque haya estado siempre a la sombra de la pintura y ésta sea el modelo que permite pasar de los pinceles al hilo, el licero no solo es diestro con el telar, es también el que tiene que interpretar artísticamente los cartones o bocetos a la hora de combinar colores.

Se reivindica así un oficio al que la exposición del MUBA dedica además dos series de fotografías. Las de la planta baja, de principios del siglo XX, y las actuales y en color, donde cambian las personas y los diseños pero la tradición tapicera del siglo XVIII se mantiene intacta. Artesanía pura.

No en vano, para tejer un trozo de tapiz del tamaño aproximado de un smartphone el licero emplea entre seis y ocho meses. El trabajo de las alfombras no es más sencillo, cada una está hecha nudo a nudo, adaptándose al dibujo del boceto previo.

Esto hace que los tapices y las alfombras sigan siendo objetos de lujo: 15.000 euros el metro cuadrado. De hecho, el telar que recibe a los visitantes en la exposición del MUBA, propiedad de la Real Fábrica y con el que siguen trabajando hoy día, da una idea del esmero y el tiempo que requieren los tapices. Por eso, su principal cliente es Patrimonio Nacional, encargándose de la restauración y limpieza del patrimonio tapicero y de alfombras. Ahora, además, tienen varios encargos de países árabes.

 

Nombres y piezas

La exposición del MUBA comienza con dos tapices hechos por la Real Fábrica sobre los bocetos del pintor muralista José María Sert rescatados de un palacio catalán. Forman parte de la serie 'El último abencerraje' y son propiedad del Ministerio de Asuntos Exteriores.

Le siguen dos tapices de exquisita belleza, cuya pintura original es de Guillermo Pérez Villalta, del que -dice la directora del MUBA- «es el artista del siglo XX que más modelos de tapices ha dado a la Real Fábrica, después de la familia Bayeu y de Goya en siglos anteriores». El tapiz 'Emblemas del amor', cuya imagen es la que promociona la exposición, está plagado de símbolos que se relacionan con este sentimiento: el galgo y la golondrina son símbolos de fidelidad, el conejo de las pasiones, la garza del amor filial, la tortuga para los griegos era símbolo de fertilidad y para los cristianos de la lujuria, la serpiente es el símbolo del pecado capital y la azucena es la flor de la Virgen María. Cuatro años tardó la Real Fábrica de Tapices en realizarlo. Del mismo autor es el tapiz 'Combate y destino', que representa la lucha entre el bien y el mal.

El MUBA también expone los bocetos y los tapices ganadores del concurso de modelos para tapices convocado en 1980 por el Ministerio de Cultura y que ya no volvió a celebrarse porque en su segunda edición quedó desierto. Son 'Encuentro' de Joaquín Vaquero Turcios y 'Pájaro de la noche' de Agustín de Celis. Comparten sala con el original tapiz 'Pavo real de fuego' hecho sobre una xilografía de Joseph Domjan.

La muestra de alfombras trae nombres propios como los de Alberto Corazón, Faustino Álvarez, Alfonso Albacete y Keiko Mataki. De la japonesa es la pieza más impresionante de la colección, la alfombra 'Agualuna', que requirió de cinco personas para colocarla en la sala.

Fuente: HOY

La Asociación Amigos del Museo Vostell Malpartida, dentro de su programa “DISRUPCIONES. Reivindicar la tradición y el legado para avanzar”,  en colaboración con el Consorcio Museo Vostell Malpartida y la Diputación Provincial de Cáceres, tiene el placer de anunciaros que el próximo jueves 10 de noviembre, a las 19:00 horas, tendrá lugar la conferencia “El Bosco, el pintor de los sueños” a cargo de Dª. Trinidad de Antonio, Profesora Titular de Historia del Arte Moderno de la Universidad Complutense de Madrid.

Esta actividad se realizará en el MVM, con entrada gratuita hasta completar aforo.

 

 

Kalóniko en exclusiva para Diario Judío México – Moda y Vanidad, mis etéreas amigas regresaron de un largo viaje por España y llegaron tan alegres atropellándose al hablar que ni podía entender lo que decían. Así es que las calmé y logré que sólo hablara Moda:

“Te cuento que hay una gran variedad de trajes populares en España, pues cada región adoptó un traje diferente y tan distintos unos de otros que parecen pertenecer a países muy distantes.

En Montehermoso, allá en Extremadura, me sorprendió el traje que visten las mujeres en sus celebraciones pues aparentemente se trata de un conjunto formado por la esclavina, llamada dengue y una falda muy amplia… pero no… debajo de esa falda llevan una serie de refajos de diferentes colores, los que hacen exagerado el volumen de la misma.

El sombrero que lucen es de lo más lujoso y complicado. Está adornado con cordones, cintas, botones, estambres y espejos.

Por cierto que las graciosas montehermoseñas usan los espejos que lleva la amiga o compañera en su tocado, para ver su imagen reflejada mientras gozan de una amena charla”. Me dirigí a Vanidad para expresarle con cierta burla: ¡seguro que esa fue tu idea Vanidad!

Vanidad, sin replicar, pero con cara de nostalgia intervino para decir: “En Ávila recordé que en tiempos muy remotos admiré la originalidad y uso que hacían las lugareñas de sus dos faldas sobrepuestas.

Las confeccionaban en paño oscuro y acostumbraban levantar la parte trasera hasta la cabeza para cubrirla, sirviendo de abrigo o, para cargar algunas cosas si levantaban la parte delantera. Complementaban el vestuario con una blusa, un chal y un delantal. En esta nueva visita no encontré en uso este tipo de indumentaria, pero quiero que veas lo que ahora lucen”, terminó diciendo Vanidad.

Intervino Moda para comentar: “En cuanto al vestuario masculino, éste consta de camisa, chaleco y pantalón. El chaleco va provisto de solapas profusamente bordadas y una serie de botones de plata. La botonadura se repite en el corto pantalón rematándolo con borlas colgantes”.

Vanidad intervino de inmediato para decir: “En Ochagavía, Navarra, son muy populares los trajes de agua que manejan la fórmula de dos faldas sobrepuestas con una de ellas echada sobre la cabeza. Los amplios tableados le dan un toque original y armonioso.

Pero antes de dejar este relato para nuestra próxima visita, te dejo la imagen del traje típico madrileño que data del siglo XIX pero continúa con sus mismos elementos, sin olvidar el famoso mantón de Manila confeccionado en seda y profusamente bordado”. Y diciendo esto Vanidad, las dos se marcharon con un ademán de manos.

Fuente: Diario Judío México

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