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Tengo en mis recuerdos infantiles referencias de ese rincón bucólico, espacio acurrucado entre montañas amables que resultaba tan provechoso a nuestros antepasados. Personajes de mi familia como mi tío-abuelo Francisco Correa Gamero, conocido como “Lagartijo”, o mi padre, fueron pescadores con cañas sisadas en los regatos. Usaban cebos sacados de la tierra, lombrices que iban a parar al calabazo con tierra bastante para que permanecieran vivas. Mi abuelo Feliciano, gran nadador, socorrió a una lavandera, recuperando del fondo la moneda de plata que su marido había ganado y cayó del pantalón que lavaba. 

En los siglos precedentes en estas tierras de secano y guerras, las carencias fueron compañeras de la mayor parte de los jerezanos. Por eso y por la necesidad de hallar una reserva de agua que pudiera garantizar la molienda en los arroyos que están debajo de la presa, se pensó en construir este embalse.

Cuando publiqué “Las ordenanzas municipales de 1758” recogí noticias sobre el lugar que demuestra la preocupación de los gobernantes por cuidar esa alacena de pescado fresco. De tal modo que el Título Diez y Capít. 1º, dice: “De los pescadores y de las riberas, y Albuera de esta ciudad y precio a que deben vender el pescado”, señalando que se venda al precio que el Caballero Regidor Mesero les señalare. Del mismo modo se prohíbe percudir las aguas con productos que maten a los peces, porque dice “adormecen los referidos pescados e infringen daño a los ganados que beben sus aguas”.

El celo por los vecinos indicaba que en modo alguno lo pescado en los arroyos y charla de La Albuera se venda fuera del término de la ciudad, porque debe ser para alimento de los jerezanos. 

No me resisto a escribir aquí lo que se indica con gran acierto en el Capít. IV, de este mismo Título, al determinar lo siguiente: “Ordenamos y mandamos que desde el primer día de marzo de cada año ninguna persona de cualquier estado o condición que sea, pesque en las Riberas de Ardila. Goolin, Menferre, Albuhera (sic) y otras aguas de la ciudad, hasta primero de junio, con ningún género de red, según está prohibido por las leyes de estos reinos”. Esta disposición se viene cumpliendo, razón por la que el tenido como el más antiguo concurso de pesca en España en agua dulce no comienza hasta junio. 

Su construcción

En mi obra “La Minuta de Núñez Barrero”, manuscrito de este sacerdote que salvó información del archivo por su celo en preservar los datos históricos de la ciudad, cuenta que “En el año 1677 se acordó hacer la Albuera”. Esta noticia es muy importante. Pues resulta que desde entonces han pasado 341 años, y esto es perfectamente coherente con que en el año 1718 (hace trescientos años ahora), ya se estuviera pescando. Incluso a mi parecer antes de esa fecha. Pero parece que la obra no se comenzó en 1677, sino algo después, pues así se recoge en otro Acuerdo del Concejo que dice: En mayo de 1680 se dio principio a la obra de La Albuera, que se remató en tres mil ducados a favor de Antº. González y Francisco de la Iglesia, maestros Alarifes, con la obligación de que la Ciudad les había de dar en aquel sitio la piedra y la arena suficiente a costa de los vecinos. Después acordó la Ciudad que para librar a los vecinos del trabajo de sacar y conducir las piedras y la arena, se ajustase de nuevo con dichos maestros, y se ajustó en 20 mil reales, mandando que cada vecino diese lo que fuese su voluntad…” Asegura el cura Núñez Barrero que “el día 5 de enero de 1691 se continuó la obra de la Muralla de la Albuera, por el maestro albañil José González Cervigón”, lo que evidencia que, a pesar de los problemas de interrupción que pudiera haber, once años después del inicio siguieron las tareas de elevación de ese robusto muro. 

Faenas que debieron ser muy difíciles, dado el desnivel desde el arranque del fondo del cauce, y por la necesidad de acopiar mucho material de peso. Así podía resistir envestidas de arroyos como el Casabay, que aportaba gran cantidad de agua en poco tiempo en algunos inviernos.

Como estamos de celebración justo es recoger aquí estas noticias, para honrar a nuestros antepasados por habernos legado un monumento que tanto esfuerzo supuso hacer: “El 12 de mayo de 1693 se ajustó con el maestro alarife Juan Bautista Machado, el levantar ocho varas y concluir la muralla de la Albuera en precio de cuarenta mil reales”. Esto quiere decir que ahora debemos celebrar -en lo que se refiere a la muralla- los 325 años de su conclusión. Sugiero a la alcaldesa de nuestra ciudad y a la concejala de cultura que con este motivo tan señalado se coloque un panel de cerámica recordando fechas y los nombres que nos han llegado que hicieron posible el monumento, para honrar a aquellos albañiles, a los regidores y al pueblo que la hizo posible. Todavía pareció a los regidores que este embalse podía albergar más agua para abastecer las necesidades de los molinos, y se acordó por la ciudad el día 20 de septiembre de 1717 “levantar una vara más a la Muralla de la Albuera, a costa de los Molinos del Arroyo, que costó 2.494 reales, que pagaron entre los dueños de los molinos”. Esta información nos refuerza la vieja idea de que la charca es del pueblo, pues también hemos visto la contribución popular con arena, piedra o dinero. Mucho era el celo por mantener sus aguas cristalinas para la cría de peces, de tal forma que al mismo tiempo que se prohibía pescar con redes para que no se sacasen los peces pequeños, se
mandaba el 14 de junio de 1702, por acuerdo de la Ciudad, que “por término alguno se permitiese jamás a persona alguna (sin excepción) sembrar en los Egidos de San Lorenzo por el perjuicio que ello puede resultar a La Albuera”. En efecto el laboreo del campo próximo acarrearía una acumulación por arrastre de tierras sueltas en el vaso de la charca. 

La charca es de los jerezanos Requeriría otro espacio donde contara mis experiencias en las visitas a la charca. A veces acudo solo para sosegarme con el palpitante vaivén de sus aguas. La rodeo siempre, parándome a imaginar su vida de siglos. Otras veces, en las noches de pesca, recuerdo las bromas de unos y otros, la “Zona Nacional”, señalada con humor por los hermanos Caballo y otros, cuando el socialista Rodríguez Ibarra iba a pescar. Las voces aludían al buzo que “el presidente se traía”. O la estampa de Jesuli con su capillita a la Virgen de Aguasantas, las bromas de Pedro Narváez, José Luis Valle y otros tantos sucesos de humor y buen alimento que aquí no me caben contar. Un rincón al que en otra ocasión me referiré es la “basílica-molino” que como espacio molinero se haya construida junto al muro, hoy no visitable pero que sería ocasión de adaptarla como mesón para servir pan con peces, recordando la molienda y el agua que da vida al pescado.

Así que concluyo reforzando la idea de que si jurídicamente la charca ahora es del pueblo, siempre lo fue de hecho. Volvió en el año 1988 a manos públicas. La compró la Junta de Extremadura. Una enorme pancarta lo señalaba “¡Enhorabuena, ya es nuestra!” Fue un acierto aprovechar ese momento para proceder al vaciado y limpieza del material acumulado en el fondo. Los trabajos se realizaron en el año 1990. Otra pequeña limpieza debió hacerse entre 1781- 1784, pues en las Cuentas de Fábrica de la Parroquia de San Bartolomé se habla del molino que la parroquia tenía allí, diciendo que “estuvo cerrado algunas temporadas a causa de romperse la zúa para limpiar la Albuera”.

Quiero cerrar indicando a la Corporación de Jerez que prepare informe para solicitar la protección de esta Albuera (mar pequeño según los árabes), y su Molino Adosado, como Bien de Interés Cultural (BIC), en la categoría de Monumento, como me consta han logrado ya tal declaración otras presas de semejante o incluso inferior importancia constructiva e histórica.

Con la celebración del X Congreso DOCOMOMO Ibérico en Badajoz, Extremadura se convierte estos días en protagonista del análisis y debate sobre el patrimonio arquitectónico del denominado Movimiento Moderno en la península. Unos 150 asistentes, profesionales provenientes en su mayoría de toda España y Portugal se reunirán los días 18, 19 y 20 de abril en la ciudad de Badajoz, tendrán la oportunidad de acercarse a numerosos ejemplos de arquitectura y urbanismo de ese momento, que tienen vínculos con la arquitectura popular de aquellos lugares donde se implantaron.
Una forma de «glocalización» que, principalmente en las décadas de 50 y 60 del siglo XX, mudó las premisas del «estilo internacional» a partir del estudio y acercamiento a la arquitectura popular, en la podíamos decir que los arquitectos 'modernos' encontraron un racionalismo espontáneo, basado en la climatología, la orografía, la explotación de los recursos próximos y los materiales y posibilidades constructivas cercanas.
Qué mejor lugar para la celebración del mismo que esta ciudad, de innegable condición transfronteriza y con un importante patrimonio «moderno», compuesto por muestras destacadas del racionalismo de los años 20 y 30, de la arquitectura residencial colectiva de los 50, 60 y 70 o de siete de los más de sesenta pueblos de colonización extremeños que integran un conjunto sin par de implantación territorial en Extremadura.
Precisamente sobre la síntesis entre arquitectura popular y movimiento moderno, del que los pueblos son ejemplos excepcionales, pivotará el debate de la comunidad científica que acudirá al congreso: arquitectos, historiadores, ingenieros o sociólogos abordarán en los próximos días, con la asistencia de responsables políticos, entre otras cuestiones, el análisis de las oportunidades de futuro que pudiera ser capaz de generar la adecuada conservación de este patrimonio y las estrategias para hacer del mismo una herramienta extraordinaria, diferenciadora, sin que se constituya como una carga insostenible o un freno para el desarrollo.
Es este un debate que debe traspasar los límites del ámbito del congreso y trasladarse a la sociedad en su conjunto, ya que hablamos de una responsabilidad compartida que únicamente desde un enfoque transversal podrá llegar a buen puerto.
Podríamos llamar patrimonio arquitectónico «reciente» a una arquitectura de gran calidad que, por encontrarse todavía muy cercana en el tiempo y no poseer el carácter monumental del patrimonio histórico nos resulta, en general, mucho más difícil de reconocer como valiosa. Efectivamente la mayoría de los edificios incluidos en los registros de calidad de DOCOMOMO tienen poco más de cincuenta años de antigüedad y, en ningún caso alcanzan un siglo desde el momento de su construcción.
Es difícil amar, proteger y mejorar aquello que se atesora si no se alcanzan a comprender sus virtudes, por lo que el primer objetivo que nos proponemos es la difusión entre la sociedad extremeña de las características excepcionales que hacen de estas obras ejemplos destacados que merece la pena conservar. Se trata también de una oportunidad única para hacer visible la importancia de este patrimonio de Extremadura en el exterior, como recientemente le ha ocurrido a La Bazana, con motivo del Premio Europan destinado a los jóvenes arquitectos de toda la Unión, compartiendo protagonismo con Madrid, Barcelona, Palma, Amsterdam, Hamburgo, Toulouse, Helsinki o Múnich, entre otras ciudades europeas.
Pero la conservación que defendemos no debe suponer congelar estas arquitecturas en el pasado y, con ello, evitar la evolución de estos edificios o conjuntos hacia la asunción de nuevos usos, en el supuesto de haber perdido la funcionalidad, o hacia la consecución de mejores condiciones de habitabilidad, de accesibilidad y de sostenibilidad, en el caso de las arquitecturas residenciales.
Sólo si se hace patente que este patrimonio material heredado, más allá de su calidad arquitectónica, no puede suponer un lastre para el desarrollo de nuestra sociedad sino, al contrario, constituirse en herramienta de partida para nuevas propuestas que, aprovechando lo existente, proyecten oportunidades de futuro. De esta manera, la sociedad en su conjunto podrá sentirse orgullosa de asumir el reto de la conservación del mismo para, una vez cualificado, disfrutarlo y, posteriormente, legarlo a generaciones futuras.
Se trata, por tanto, de una responsabilidad transversal a la sociedad en su conjunto, que deben abanderar los poderes públicos, generando las acciones y estrategias oportunas, destinando los medios económicos que se precisen para su impulso. Asimismo, resulta imprescindible la incorporación de la iniciativa privada, de la mano de profesionales competentes y rigurosos, mediante procesos de selección, tanto públicos como privados, inspirados en la calidad y no en el ahorro económico.
Y es la ciudadanía en su conjunto, una vez consciente del valor de ese patrimonio, la que debe exigir planteamientos que conlleven la recuperación funcional del mismo, sumándose a las acciones enunciadas, comenzando por el respeto a sus propios bienes inmuebles cuando intervienen en ellos. Por tanto, resultará muy importante la difusión de las conclusiones finales de este Congreso, que podrán establecer estrategias de futuro que se enriquezcan de la participación ciudadana.
Es también por ello que, las entidades organizadoras del mismo, Fundación DOCOMOMO Ibérico, COADE y Junta de Extremadura, pretendemos que los ciudadanos de Badajoz y de toda la región perciban la importancia de la celebración de este evento en la ciudad, con una temática que no les debe resultar ajena. Así, se ha organizado un importante ciclo de actividades paralelas abiertas, tales como coloquios, exposiciones y visitas guiadas, que ayuden a generar la inquietud ciudadana de que la sociedad tiene mucho que decir en el futuro.
El título del Congreso, «El fundamento social de la arquitectura; de lo vernáculo y lo moderno, una síntesis cargada de oportunidades», no puede ser más elocuente.

La semana pasada se inauguró en el Espacio Miguel Delibes de Alcobendas la exposición "Martín Lutero y su mundo", una muestra de grabados que estará expuesta hasta el 27 de abril y que busca revisar la figura del agustino y las distintas concepciones históricas elaboradas en los siglos siguientes a la publicación de sus 95 tesis. En una conversación con este medio, Elvira Roca, investigadora del CSIC y autora deImperiofobia y leyenda negra, ha querido llamar la atención sobre la "falsedad" que envuelve a Lutero y a la imagen de progreso que suele desprenderse de su "Reforma" protestante.
En términos generales, la Historia cataloga ese acontecimiento como el germen del progreso que marcaría la trayectoria de Occidente desde el siglo XVI en adelante. Para Roca, la verdad dista mucho de lo que se estudia en los libros de texto: "Todo lo que se suele creer del movimiento iniciado por Lutero, eso del libre examen y de la libertad religiosa, tan moderno y tan bonito, es una reducción y una falsificación de lo que realmente supuso la nueva doctrina. No hubo progreso, sino más bien todo lo contrario", ha comentado. "Si se estudia detalladamente la historia de todos los territorios en los que triunfó el protestantismo, se descubre que en los siglos siguientes al cisma se encuentran inmersos en continuas guerras que les lastraron en todos los aspectos; tanto en lo económico como en lo social", ha añadido. "El Sacro Imperio se quedó anclado en la Edad Media hasta el siglo XIX".
Preguntada acerca de las guerras de religión iniciadas por la Contrarreforma católica, que tuvo en España y en Carlos V a su principal valedor, Roca ha sido clara: "Sí, claro que es verdad que hubo guerras de religión entre católicos y protestantes, pero tuvieron muchísimas más los propios protestantes entre ellos. Hay que tener en cuenta la cantidad de pequeñas divisiones e interpretaciones religiosas que tuvieron lugar en muy poco tiempo. Si se estudian los datos, llama la atención la cantidad de conflictos entre propios protestantes", ha asegurado. "No es verdad que allí triunfase la tolerancia. En las zonas protestantes es donde más casos de intolerancia se registran: para empezar, uno no podía ser católico en un lugar protestante; el número de muertes por cuestiones de credo fue mucho mayor en esos sitios que en los católicos", ha añadido. "Estaban regidos por aquello del cuius regio eius religio; ¿qué tolerancia puede haber en eso?".
No es verdad que trajese el progreso; todo lo contrario. El Sacro Imperio se quedó anclado en la Edad Media hasta el siglo XIX
"Una cosa que se ve en la exposición, muy interesante para entender esto, es la batalla dialéctica entre Tomás Moro y el propio Lutero", ha continuado Roca. "Muestra muy bien lo atrasado del nuevo credo luterano". "Moro no era un teólogo, era un abogado, y sus críticas al fraile se basaban en el derecho positivo. Por ejemplo, debatió mucho ese concepto poco conocido que promulgaba el agustino de que los reyes, elegidos por Dios, debían ser los únicos capacitados para dictar leyes. Todo un atraso".
La Reforma, más política que religiosa
Uno de los objetivos que busca la muestra es analizar los distintos intereses políticos que motivaron la expansión protestante. "Hay que entender lo que supuso el nombramiento de Carlos V como emperador: un jovencito, Habsburgo, austriaco, que le ha disputado el imperio al propio príncipe Federico de Sajonia, al que muchos consideraban mejor preparado… Las tesis de Lutero dieron a los sublevados la estrategia perfecta", ha explicado Roca. "A Federico se le sumaron muchos otros príncipes que sabían que lo mejor que podían hacer para restarle poder al nuevo emperador era poner al pueblo en su contra. Carlos era un extranjero, medio español, algo que ya en aquella época estaba mal visto por esos lugares. Lo único que compartían era la religión; así que provocaron una herejía que desembocó en una guerra". "Aquella fue la primera revolución de la historia, y no la estadounidense o la francesa", ha continuado.
La razón por la que, pese a todo, se acabó imponiendo el relato protestante, tiene que ver con aquellos que escribieron la Historia, según Roca: "La gran Historia universal fue redactada en el siglo XIX, no antes, principalmente por franceses y británicos, deudores directos del protestantismo iniciado por Lutero".
Los grabados expuestos, de esta manera, buscan construir un "relato a través de los iconos del protestantismo", que otorgue una visión más objetiva de aquel acontecimiento histórico. "En ellos podemos encontrar muchas cosas, como por ejemplo las traducciones de las biblias al alemán que sí que existían en el siglo XVI, a diferencia de lo que defendían los luteranos, que hablaban del hermetismo de Roma y de la imposibilidad de leer las sagradas escrituras en otro idioma que no fuera el latín".

'La endogamia convirtió a los Austrias en unos desgraciados'
Separar el mito de la realidad y analizar la verdad que se esconde tras los relatos de los personajes más ilustres que ha dado la historia de España. Esa es la ardua labor que ha llevado a cabo el periodista de ABC César Cervera Moreno en su nueva obra: «Superhéroes del Imperio» (La esfera de los libros, 2018). Un interesante y ameno relato en el que, de una vez por todas, la leyenda que rodea a personajes como Diego García de Paredes (un militar del que las crónicas afirman que acabó con 500 enemigos en un día) se aparta para dar paso a la historia más cristalina. Y es que, tal y como el autor explica, las gestas de estos sujetos no necesitan de ninguna exageración o adorno para resultar, ya de por sí, increíbles.

¿Se han mitificado las gestas de los héroes españoles que hoy veneramos?

En general, no se ha conocido la biografía de prácticamente ninguno de estos personajes hasta hace 20 o 30 años, cuando empezó a haber una revolución en la historiografía militar. El problema es que, hoy en día, estamos pasando del desconocimiento, a la exageración.

¿Esta mitificación se ha dado únicamente en la actualidad?

No. En su momento hubo otro proceso de mitificación mayor. Hace 300 años nuestro imperio necesitaba héroes que sustituyeran a los medievales y que tuvieran acento y apellido español. Por eso se elevaron figuras como la de Hernán Cortés, el Gran Capitán o Diego García de Paredes. El problema es que la vida de estos personajes fundacionales se dio a conocer, muchas veces, mediante la literatura. Y eso impide establecer el límite entre la realidad y la ficción. Yo analizo la verosimilitud de estos relatos en mi nuevo libro.

¿Son fiables, entonces, las crónicas y los escritos originales?

Los héroes que hoy conocemos, desde Julio César a Hernán Cortés, tienen algo en común: o ellos o sus descendientes (siempre individuos interesados) se han preocupado de que su memoria perdurara. Por eso, debemos desconfiar y analizar las fuentes. Porque, en muchas ocasiones, su pasado responde a una necesidad social: la de que el país tenga mitos propios. Lo que no debemos olvidar es que detrás de esas leyendas y superpoderes hay unas historias fascinantes.

¿Es igual de malo dotar de superpoderes a héroes españoles, que cargar contra ellos para deslegitimarles?

La diferencia es que nuestros héroes han sido exagerados en base a verdades, como en todos los países de Europa. En el otro extremo, lo que se ha hecho es desfigurar al personaje mediante mentiras para dañar a España. Hacer propaganda de guerra, en definitiva. Pero pasa lo mismo que hoy en día. Los superhéroes de las películas no dejan de ser la proyección de americanos excepcionales llevados al extremo. En las crónicas históricas se exageraba porque, ya por entonces, lo que se buscaba es que el público las leyera y que fuesen atractivas

¿Cuál es la mayor exageración que ha conocido sobre un héroe español?

Una de las más llamativas es la de Diego García de Paredes. Es probable que este soldado midiera unos dos metros de altura, pero en las crónicas es retratado como un gigante de cómic. Según quedó escrito, llegó a matar él solo a 500 franceses en un día con una gigantesca espada. Pero no hay que olvidar que todo eso se basa en una verdad: que era un soldado fabuloso. Álvar Cabeza de Vaca es otro caso similar. Sus crónicas (que escribió él mismo) son a veces rocambolescas. Pero también narró cosas contrastables desde el punto de vista científico, pues describió por primera vez a los bisontes americanos o a muchas tribus que nadie conocía. Al final, tras deshojar los mitos, lo que te queda son militares, médicos y personajes excepcionales.

Una de las gestas generalizadas que parece más inverosímil es la de Francisco de Cuéllar, el náufrago de la Armada Invencible que se salvó milagrosamente de los ingleses

Cuéllar afirmó en sus informes que defendió un castillo contra miles de soldados ingleses con una decena de hombres. En su crónica, explicó que los venció y que acabaron huyendo ante la llegada del invierno. Pero los británicos no hicieron mención a este episodio. Únicamente explicaron que se hizo una batida por la zona, pero que no encontraron a nadie y que se retiraron por el frío. Cuéllar le dio la vuelta a este hecho. Pero tras esa exageración hay una historia increíble como es la de un hombre que sobrevivió a un naufragio y recorrió las islas británicas de punta a punta.

¿Debemos creer hechos aparentemente inverosímiles como que Blas de Lezo encabezara, con su cojera y su brazo inmóvil, una carga contra los ingleses en Cartagena de Indias?

No podemos estar seguros debido a la escasez de fuentes. Pero hay que analizar lo que está detrás de esa afirmación. Lo que se quiere decir con ello es que era un soldado que siempre estaba en primera línea de batalla a pesar de su discapacidad. Pasa otro tanto con la monja alférez. Era una mujer pendenciera que, según ella, escapó de decenas de combates. Probablemente eso sea una exageración, pero lo que quiere decir es que era muy buena esgrimista. Al final, las mitificaciones nos enseñan también algo de los personajes.

¿Qué superhéroes americanos serían Pizarro y Carrión?

Francisco Pizarro sería Ironman, porque tuvo una resistencia mucho más allá de la biología. Parece imposible que pudiera sobrevivir a todas las penurias por las que pasó sin tener algo sobrenatural. Pero así fue. Cruzó el Atlántico, viaje en el que muchísimos morían, y sobrevivió. Posteriormente participó en decenas de expediciones en las que, según las crónicas, murieron más del 50% de sus integrantes. A Juan Pablo de Carrión me gusta compararle con el Lobezno más viejo, un hombre que ya está en el ocaso de su vida y que acomete su última empresa heroica.

Zorrilla, Echegaray, Benavente, Álvarez Quintero, Marquina, Buero Vallejo, Mihura, López Rubio, Nieva, Fernán Gómez... y Juan Mayorga. La literatura dramática recupera con el autor de títulos como Cartas de amor a Stalin o Últimas palabras de Copito de Nieve su sillón en la Real Academia Española. Concretamente, el sillón M, que dejó vacante Carlos Bousoño y que se disputaba con la filóloga Dolores Corbella, por la que el dramaturgo ha expresado «su admiración», en conversación con EL MUNDO.
«Para mí era un gran honor sólo que se pensara en mí para este cargo. Entro con mucha ilusión, con mucha humildad y con muchas ganas de trabajar», prosigue Mayorga, quien espera contribuir desde su experiencia como autor dramático al enriquecimiento de la casa. «Quiero creer que puedo hacer alguna modesta contribución en la medida en que buena parte de mi vida la dedico a examinar lo que nosotros hacemos con las palabras y lo que las palabras hacen con nosotros. Mi trabajo consiste en examinar el lenguaje en acción y en situación».
Desde la muerte de Nieva en el otoño de 2016, ningún dramaturgo ocupaba el puesto de académico en la institución. Sólo el actor José Luis Gómez representaba a este arte milenario al que también se quiso dedicar otro académico Vargas Llosa, quien en alguna ocasión se ha definido como un «dramaturgo frustrado». Esta situación causaba cierto malestar entre muchos teatreros, que se lamentaban de ello a sotto voce. «A mí me consta que hay académicos que sienten un enorme respeto por la literatura dramática», comenta Mayorga sobre este vacío. «Me parece importante por muchas razones que haya compañeros dramaturgos en la institución. Creo que junto a científicos del lenguaje, debe haber creadores de lenguaje. En ese sentido junto a los narradores y poetas, debe haber autores. No uno, sino varios porque eso da visibilidad a esa forma de trabajo con la palabra que es la escritura teatral».
En cualquier caso, este hombre que no ha perdido su apariencia de profesor de instituto pese a estrenar en los cinco continentes se muestra optimista con el futuro de la escena. «Siempre digo que el teatro es el arte del futuro y la verdad es que no hay nada que yo vea que me convenza de lo contrario. Si en otras artes escuchamos quejidos o diagnósticos de decadencia, yo no percibo eso cuando voy a un teatro. Hoy, los escenarios son unos de los espacios más libres en el mundo, probablemente son los espacios menos sometidos a las censuras políticas o del mercado. Todo eso procede, precisamente, de su propia pequeñez, que lo convierte en algo extraordinariamente fuerte y poderoso».

Mayorga, que tiene en su haber todos los reconocimientos teatrales de nuestro país (el Valle-Inclán, el Nacional de Literatura Dramática, el MAX...), ya tiene cierta idea de por dónde puede ir su discurso de ingreso en la Academia. «Un buen asunto sobre el que me gustaría hablar es el silencio. Es una palabra que, de algún modo, está en conflicto con todas las demás porque designa la ausencia de las otras. Pero, además, la palabra silencio tiene un carácter muy importante en el texto teatral. Por un lado, como palabra pronunciada (recordemos obras como La casa de Bernarda Alba o Hamlet) y, por otro, en una acotación tiene un carácter extraordinario. De algún modo, el teatro es el arte en el que el silencio se pronuncia».
El autor no tendrá mucho tiempo para preparar ese parlamento. Su agenda apabulla. Por las mañanas, ensaya en La Elipa con el actor César SarachuIntensamente Azules, la adaptación escénica de la novela gráfica en la que colaboró con Daniel Montero Galán, y en el horizonte tiene colaborar con María Galianaen El mago, un texto inédito que montará después del verano. Mientras, los estrenos de sus piezas recorren el mundo: El cartógrafo, un drama sobre el holocausto interpretado por Blanca Portillo, sigue su gira española tras viajar a Bremen y Costa Rica. Reikiavik se puede ver en Argentina, dirigida por Enrique Dacal; Animales Nocturnos, en Chicago; Hamelín, en Italia; El chico de la última fila, en Francia (recordemos que Ozon llevó esta pieza a la gran pantalla); La paz de Perpetua, en Turquía... "Cada cierto tiempo surge algún estreno y estoy escribiendo otra obra titulada 'La intérprete'", cuenta con calma este nuevo académico que sólo lamenta no tener más tiempo para ir al teatro.

La Junta de Gobierno respalda la propuesta del Ayuntamiento de Jaraíz de la Vera para que le sea concedida la Medalla de Extremadura 2018 a Jaime de Jaraíz. Plasencia apoya así la propuesta del Consistorio verato, que solicita el reconocimiento con motivo de la conmemoración del décimo aniversario de la muerte de Jaime de Jaraíz, al que se considera una figura imprescindible en la historia del arte de Extremadura.

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